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Cómo acogen los sudafricanos a los refugiados somalíes

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Más de 20.000 somalíes han encontrado refugio en Sudáfrica tras huir de la guerra y el hambre que asola su país.  Dejan atrás la guerra y el miedo, pero también su casa y a sus familias para viajar en autobús o en tren a través de Kenia, Tanzania, Mozambique o Zimbabue. Sudáfrica cuenta con una legislación muy permisiva sobre refugiados, por eso es el destino de miles de personas.

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Muchos refugiados somalíes establecen su residencia en los barrios pobres a las afueras de las grandes ciudades e incluso abren negocios para empezar una nueva vida. En el centro de Johannesburgo, alrededor de 3.000 somalíes  han encontrado un lugar donde vivir, Mayfair. Ahora es conocida también como la pequeña Somalia. En sus establecimientos se toma el té, el viernes se cierran los negocios unas horas al mediodía para hacer la oración y en las pantallas de los bares se puede ver la televisión somalí. Además, poseen tiendas propias de alimentación o ropa y restaurantes regentados por nativos de esas tierras.

Han conseguido hacer de este barrio un pequeño hogar, y tratan de incorporarse al día a día y la cultura de un nuevo país sin dejar de lado sus costumbres. Allí se comen platos tradicionales somalíes y los niños que no nacieron en este país son educados con los recuerdos de su hogar.

Muchos de ellos esperan impacientes el momento de volver a casa. A Ali y su familia les ha llegado la hora de volver a su hogar después de años en el exilio. Se dirigen de nuevo a Kismayo, la ciudad costera de donde son y donde esperaban criar a sus pequeños. Sus hijos se reencuentran ahora con muchos de sus parientes después de varios años, y otros son presentados por primera vez porque nacieron fuera de Somalia.

Alí enseña orgulloso a su hijo el océano desde su pequeña localidad, algo que creía que nunca podría llegar a volver a hacer. Durante muchos años ha tenido que luchar por hacerse con una nueva vida, pero después de tanto tiempo, y ya en casa, la lucha ha merecido la pena. «Estoy feliz porque por fin estoy en casa», dice. «Si volvemos a pasar hambre no importa, al menos sabemos que somos libres.» Durante su estancia fuera de su país, ha tratado de mantener vivo el recuerdo de Somalia, pero por fin puede volver a pisar las calles de su pueblo y a disfrutar de la compañía de sus seres queridos. Alí ha conseguido su meta más preciada de los últimos años: volver a casa.

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