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Clases de autodefensa para mujeres refugiadas contra la violencia de género

mujeres refugiadas

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La violencia sexual es una triste realidad que afecta a mujeres de todo el planeta. Cerca de una de cada tres mujeres sufrirán abusos físicos o sexuales durante su vida, según datos de ONU Mujeres, la organización de las Naciones Unidas dedicada a promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Las mujeres refugiadas suman a su situación de indefensión por haber tenido que huir de su hogar las injusticias que padecen específicamente por su condición de mujer.

El riesgo de convertirse en víctimas de la violencia sexual aumenta notablemente en mujeres que tienen que desplazarse por largos trayectos solas o acompañadas de niños, una situación habitual entre las personas que huyen de los conflictos armados. Los grupos armados que operan en las zonas fronterizas o los traficantes de seres humanos suelen ser las mayores amenazas.

En África, miles de violaciones a mujeres refugiadas se reportan anualmente. 4.500 refugiadas han recibido asistencia médica por este motivo en el continente, 27.700 han recibido apoyo psicológico y 7.400 han obtenido asistencia legal gracias a la asistencia de ACNUR.

Autodefensa como prevención

Jordania se ha convertido en uno de los principales países receptores de refugiados provenientes de Siria desde que comenzó el conflicto armado en 2011, pero ya era entonces hogar de una importante comunidad refugiada de muy diversa procedencia.

Muchas de las personas que han cruzado la frontera entre los dos países eran mujeres que llegaron solas. Este fue el caso de Layla, que tuvo que huir de su país precisamente por defender los derechos de las mujeres tras haber sido ella misma obligada a casarse a temprana edad.

“Recibía amenazas todos los días, generalmente por carta. En más de una ocasión había extraños esperándome fuera de mi oficina”, declara la refugiada que ahora reside en Amman. “Sé que nunca estaré a salvo, vaya donde vaya, porque quienes quieren callarme podrían encontrarme fácilmente”.

Ahora Layla acude junto a otras 25 mujeres a una clase de autodefensa organizada por ACNUR en la capital jordana. El objetivo es que las mujeres refugiadas aprendan artes marciales para enseñar a las mujeres cómo defenderse de sus atacantes, al tiempo que aumenta su autoestima.

“Habla incluso si tu voz tiembla”

Batoul es uno de los monitores que instruye a estas mujeres en la técnica conocida como SheFighter, que combina varios estilos de lucha. En una de las paredes del centro se lee: «Habla incluso si tu voz tiembla», mientras Batoul hace de sparring con una de las asistentes.

«Después de la clase, las mujeres se sienten más seguras, estables y fuertes física y psicológicamente. Están listas para defenderse ante diferentes situaciones de violencia», explica Batoul.

Las clases forman parte de un plan más amplio de ACNUR en protección de las mujeres y niñas refugiadas que incluye asistencia en efectivo, formación y provisión de espacios seguros. En este caso, además de la propia capacidad de autodefensa ante agresiones sexuales que desarrollan las mujeres refugiadas, se busca generar autoestima, reducir el estrés y disminuir la ira y la frustración.

Para Layla, la experiencia ha sido un éxito: “Todas aquí tienen una historia, y podemos compartirlas y aprender las unas de las otras”, declara. “Las mujeres pueden cambiar el mundo y ser lo que quieran ser”.

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