El ciclismo, otra forma de superar la condición de refugiado El ciclismo, otra forma de superar la condición de refugiado

El ciclismo, otra forma de superar la condición de refugiado

El arte, la música y otras actividades como el deporte son el mejor vehículo para la reconstrucción de la vida de las personas que han sido ví...

11 de diciembre, 2017

Tiempo de lectura: 3 minutos

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El arte, la música y otras actividades como el deporte son el mejor vehículo para la reconstrucción de la vida de las personas que han sido víctimas directas de una crisis de refugiados como la que presenciamos actualmente en el mundo y que han tenido que huir forzosamente de sus hogares.

Todas ellas ayudan a superar el duelo por lo perdido: la tierra, los vínculos familiares y sentimentales, las pertenencias y los bienes, las vidas humanas o la identidad, entre otros aspectos esenciales de cualquier vida humana.

¿Cómo ayuda el deporte a las personas refugiadas?

El deporte ha sido muy importante en este sentido. En muchos casos, la práctica de una actividad física no solo impone unas rutinas y una disciplina necesarias para obtener los resultados esperados, sino que también contribuye a que los deportistas refugiados dejen atrás los efectos de su experiencia de desplazamiento forzoso.

Ya lo habíamos visto antes con el equipo de refugiados que participó en los pasados Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, en Brasil, y del cual formaban parte atletas, nadadores, judocas y otros refugiados empeñados en salir adelante y reconstruir sus vidas.

Pero no solo es importante la puerta que el deporte abre a estas personas, la cual puede llegar incluso a contemplarse como una opción de vida, sino también el hecho de que les ayuda a reconducir sus vidas hacia un objetivo concreto.

Ciclistas refugiados en Etiopía, pedaleando por la esperanza

Un ejemplo palpable de lo anterior es el equipo de ciclismo que integran seis refugiados eritreos en Etiopía. Con Filimon y Daniel a la cabeza, día tras día se empeñan en salir adelante y derrotar las adversidades.

Se trata en realidad de seis antiguos amigos que se separaron hace casi dos años tras el grave conflicto que padece su país en la actualidad y que, por una gracia del destino, volvieron a reencontrarse en la zona metropolitana de Addis, la capital etíope, donde el Gobierno de ese país les permite vivir si pueden mantenerse por sus propios medios.

“Sucedió por casualidad —apunta Filimon, uno de los líderes del equipo—: huimos por diferentes razones y en diferentes momentos, pero luego nos encontramos aquí gracias a nuestro entrenador”, agrega.

Aunque hasta ahora solo han participado en competencias nacionales en Etiopía, donde han logrado el primer y tercer puesto, sus sueños son mucho más ambiciosos: llegar a las carreras internacionales más importantes del mundo como el Giro de Italia, el Tour de Francia o la Vuelta a España. Aun así, saben que lograrlo no es nada sencillo.

“No podemos competir internacionalmente porque no representamos ni a Eritrea ni a Etiopía. Nuestro equipo no recibe el apoyo suficiente”, añade Filimon.

Los seis integrantes del equipo, así como los casi 20.000 refugiados que han llegado a vivir en Addis, aún tienen enormes dificultades para encontrar empleo y dependen, en gran medida, de la ayuda de sus familiares o amigos.

Esto ha hecho que muchos de ellos, incluidos algunos integrantes del equipo de Filimon y Daniel, migren hacia otros países. Por lo pronto, siguen pedaleando para dejar atrás la adversidad de su condición y labrarse una vida digna.

 

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