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Contaminación del agua, soluciones para los campos de refugiados rohingya

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El campo de refugiados rohingya de Kutupalong, en la región bangladeshí de Cox’s Bazar, se estableció en 1991 ante la huida de miles de miembros de esta etnia, que huían de la violencia del norte de Myanmar. El campo acogió a unos 34.000 refugiados hasta el verano de 2017, cuando un repunte en la violencia en Myanmar desplazó forzadamente, en números nunca antes vistos en tan poco tiempo, a cientos de miles de rohingya.

Desde entonces, han llegado 740.000 refugiados que se han asentado en 36 campos repartidos por la región de Cox’s Bazar, en el sudeste de Bangladesh. La llegada de tal cantidad de personas en un periodo muy corto de tiempo, generó una emergencia humanitaria de enorme magnitud y organizaciones internacionales como ACNUR se pusieron a trabajar para tratar de dar respuesta a los retos que desató esta crisis.

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Una de las primeras prioridades fue la de asegurar un suministro de agua e instalar un sistema adecuado de saneamiento que impidiera el brote de enfermedades potencialmente mortales como el cólera.

“Al comienzo de la afluencia, trabajando estrechamente con el Gobierno, nuestros socios y otras agencias de la ONU, fuimos capaces de proporcionar agua potable a los refugiados a pesar de los grandes números de llegadas”, explica Minhaj Uddin Ahmed, oficial de agua, saneamiento e higiene de ACNUR que ha trabajado en la respuesta a la emergencia de refugiados rohingya en Cox’s Bazar desde hace cinco años.

“Si no hubiera sido el caso, podríamos haber asistido a un brote masivo de enfermedades en los campos. Pero no ocurrió. Este es nuestro gran logro y nos hace sentirnos orgullosos”, admite Minhaj Uddin Ahmed.

Retos y logros en el campo de Kutupalong

La topografía montañosa del enorme asentamiento de refugiados Kutupalong ha sido el mayor reto a la hora de asegurar el suministro de agua para los refugiados. Las familias tenían que cargar con bidones de agua por caminos embarrados hasta sus viviendas, la mayoría de ellas situadas a 10 o 20 metros de altura.

Por otra parte, el clima monzónico de la región supone que haya un largo periodo seco que va de noviembre hasta abril-mayo en el que las aguas superficiales se reducen notablemente y se vuelven insuficientes para la enorme población refugiada de Kutupalong. Durante la estación seca, se envió agua a través de canales mediante camiones y hubo que construir nuevas presas porque la población había aumentado muy rápidamente.

“Durante los periodos normales, tratamos de proporcionar 20 litros de agua por persona cada día. Entre marzo y mayo de 2018 tuvimos que introducir el racionamiento de agua y fue un reto asegurar las fuentes de agua para toda la población refugiada”, explica el experto de ACNUR.

La importancia de un adecuado saneamiento

Para evitar el riesgo de contaminación del agua se sustituyeron las letrinas de emergencia por diseños más higiénicos aprobados por expertos en saneamiento de agua del Gobierno de Bangladesh. La introducción de cloro en el agua para matar las bacterias y microbio se convirtió también en una solución tremendamente efectiva en los campamentos de refugiados.

“La mayoría de refugiados entienden que es importante tener acceso a agua limpia y segura para evitar enfermedades. Sin embargo, no todo el mundo entiende que el agua se puede contaminar fácilmente en contenedores sucios”, declara Minhaj Uddin Ahmed. “En ocasiones, el agua se puede contaminar mientras la gente recoge o traslada el agua. Nuestros equipos llevan a cabo sesiones regulares de higiene en los campos de refugiados para concienciar sobre la importancia de la recogida segura de agua entre la comunidad”.

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