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Enfermedades más comunes en los refugiados adultos

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Los efectos del desplazamiento forzoso no solo se materializan en el miedo, la ansiedad, la zozobra, la incertidumbre, la desconfianza y otros sentimientos de inquietud. También los apreciamos en el plano físico, concretamente en las enfermedades más comunes que sufren las personas refugiadas.

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¿Qué relación hay entre desplazamiento forzoso y salud?

Una situación de desplazamiento forzado supone una ruptura en muchos sentidos. Sus efectos generan perjuicios tanto físicos como psicológicos en las personas que viven una experiencia de este tipo. Los niños, por ejemplo, resultan especialmente afectados.

Las complicaciones físicas son sin duda las más visibles, sobre todo en las primeras fases del desplazamiento. La salud de los refugiados suele verse afectada en el momento de emprender las rutas en las que buscan lugares más seguros y durante la etapa del asentamiento en el lugar de acogida.

En dichos trayectos, son fundamentales las ayudas exteriores rápidas y eficaces, pues es un hecho probado que la gran mayoría de los refugiados huye de sus hogares sin medios que les permitan asegurar su bienestar y el de sus familiares.

Desplazamiento forzoso y enfermedades más comunes

Las enfermedades más comunes entre los refugiados no son específicas de su condición, pues se trata de anomalías y desequilibrios que cualquier persona podría sufrir. Sin embargo, las condiciones del desplazamiento aumentan los riesgos de padecerlas y, de paso, hacen más notorios sus efectos y consecuencias.

¿De qué enfermedades estamos hablando? ¿Cuáles son, según la experiencia y el trabajo de las entidades de atención y acogida, las anomalías físicas que más se repiten entre estas personas? A continuación te resumimos algunas de ellas según el Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional (HEGOA):

  • Déficit alimentario: aunque puede ser una causa de muchas enfermedades, también está catalogada como una anomalía de carácter recurrente entre los refugiados. En este caso, el déficit es tanto de tipo cualitativo (calidad de los alimentos ingeridos) como cuantitativo (proporción de cada uno de los grupos alimenticios).
  • Sarampión: es propia de las situaciones de hacinamiento o en casos en que las víctimas no han accedido a planes de cobertura de prevención ni vacunación. Entre las medidas de protección implementadas por los organismos de atención están el suministro de alimentos con vitaminas y la vacunación masiva.
  • Infecciones respiratorias: las precarias condiciones en que los refugiados emprenden los trayectos hacia zonas más seguras son el caldo de cultivo para enfermedades de este tipo, que se derivan de las condiciones inadecuadas de vivienda, la falta de abrigo y vestimenta y, por supuesto, el hacinamiento en lugares reducidos y con escasas medidas de higiene.
  • Cólera: suele afectar a personas que han tenido contacto directo con aguas estancadas o con un sistema de drenaje inadecuado. Como suele propagarse en forma de epidemias, es vital la intervención de los organismos de atención de los lugares en los que se origine el brote de la enfermedad.
  • Enfermedades diarreicas: se presentan básicamente durante situaciones de hacinamiento, por la falta de medidas de saneamiento o por el contacto directo con agua contaminada o alimentos en mal estado.

 

Otra circunstancia que actúa en contra de los refugiados una vez que inician su huida hacia zonas más seguras es el menor grado de inmunización ante un nuevo entorno, tal como pasa justamente con el paludismo y otras enfermedades.

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