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La falta de agua en el planeta: un reto en aumento

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La falta de agua es un problema que afecta a cada vez un mayor número de personas y comunidades en el planeta. Se entiende por escasez hídrica la falta de disponibilidad debido a una disminución de agua potable presente en un territorio concreto. La otra gran causa es debido a la falta de acceso por la incapacidad de las instituciones para asegurar un suministro regular o por la inexistencia de infraestructuras adecuadas.

La escasez de agua afecta ya a todos los continentes. El uso de agua ha crecido globalmente más del doble que el aumento de la población durante el siglo pasado. Un número cada vez mayor de regiones están alcanzando el límite en el que los servicios de agua ya no pueden ser llevados a cabo de una manera sostenible. Esto es especialmente marcado en regiones áridas.

La escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial, y se prevé que esa cifra aumente debido a la presión en aumento que ejercen las crecientes zonas urbanas sobre los recursos hídricos. El cambio climático no hará sino empeorar las ya de por sí complejas relaciones entre el desarrollo mundial y la demanda de agua.

Si acudimos a las cifras, la situación es aún más alarmante. 2,4 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a servicios básicos de saneamiento. Cada día, cerca de 1.000 niños mueren debido a enfermedades prevenibles relacionadas con el agua y el saneamiento. Las mujeres de África subsahariana pasan colectivamente alrededor de 40 mil millones de horas al año recolectando agua. Esto afecta significativamente sus oportunidades de empleo

Objetivo: Agua limpia y saneamiento

Alarmados por esta situación, los estados miembros de las Naciones Unidas, incluyeron el objetivo de garantizar el acceso universal al agua potable segura y asequible para todos en 2030 entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

No hay una escasez global de agua como tal, sino que algunos países y regiones necesitan responder urgentemente a problemas críticos de falta de agua. El agua no tiene que ser tratado como un recurso escaso, sino que el objetivo es poder afrontar adecuadamente la demanda.

La ONU considera necesario realizar inversiones adecuadas en infraestructura, proporcionar instalaciones sanitarias y fomentar prácticas de higiene en todos los niveles. Es igualmente fundamental proteger y recuperar ecosistemas hídricos como los bosques, montañas, humedales y ríos. También se requiere más cooperación internacional para estimular la eficiencia hídrica y apoyar tecnologías de tratamiento en los países en desarrollo.

El caso de Somalia como una advertencia a la humanidad

Somalia ha sido, hasta ahora, el punto del planeta donde más graves han sido las consecuencias del cambio climático por la escasez de agua. En 2009, la peor sequía en 60 años acabó con cultivos y ganado al sur del país. Unida al reavivamiento de los combates entre gobierno y oposición dos años más tarde, la sequía provocó un éxodo masivo de la capital, Mogadiscio, protagonizada por más de 2 millones de personas.

Ante la falta de recursos alimentarios para poder cubrir las necesidades de tantos desplazados, sobrevino la tragedia. La hambruna provocó en 2011 la muerte de 250.000 personas en una de las mayores tragedias de la historia.

En la actualidad, la situación es posiblemente peor que la de 2011 en la región. Miles de personas viven en riesgo de inanición en Somalia, Sudán del Sur, Nigeria y Yemen y se hace más importante que nunca no olvidar para que la tragedia no se repita.

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