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El poder de la música en los refugiados

Refugiados tocando música

Tiempo estimado de lectura: 2 minutos.

Cada uno de nosotros tiene una banda sonora en su vida: varias canciones que identificamos con ese día en el que nos enamoramos por primera vez, con el momento en el que perdimos a un ser querido o con aquel instante inolvidable durante un viaje.

La música tiene un poder indiscutible para emocionarnos, para cambiarnos y para hacernos ver el mundo de una manera mucho más positiva. Puede despertar recuerdos y desarrollar sentimientos y emociones en nosotros.

Los beneficios de la música y la musicoterapia

En algunos casos la música se utiliza como terapia para ayudar a personas con problemas psicológicos a superar su situación. Generalmente, la musicoterapia se aplica en casos de psicosis, autismo, enfermedades psicosomáticas, adicciones, ansiedad, depresión y estrés, entre otros.

Estos son algunos de los beneficios de la música:

  • Estimula la concentración.
  • Mejora la memoria a corto y largo plazo.
  • Facilita el aprendizaje.
  • Potencia la creatividad.

La música y los refugiados

Cuando se viven situaciones traumáticas como una guerra o un conflicto que te obliga a salir de tu país, las expresiones artísticas como la literatura, la pintura o la música ayudan a los refugiados a que su vida sea más fácil en el país que los ha acogido, a recordar sus costumbres y a volver a emocionarse.

Estas son algunas historias de refugiados y música:

Romuar Gravier

Tiene 24 años y llegó hace tres al campamento de Mole (República Democrática del Congo) desde la República Centroafricana. Es artista y una persona reconocida en su país por su poesía y su música.

Su sueño es ir a un estudio y grabar sus canciones sobre la paz y las artes.

Ramzi Aburedwan

Hace unos años este refugiado palestino de 38 años llegó con sus instrumentos a los campos de refugiados palestinos de los territorios ocupados y de Líbano con un proyecto llamado “El violinista”.

Se propuso dar clases de solfeo y ahora enseña a más de 2.000 alumnos con edades comprendidas entre los 5 y los 18 años. Su objetivo es formar a una generación que aprenda a expresarse mediante la música.

Sari Alesh

Entre las pocas posesiones que este refugiado sirio de 31 años llevó a Canadá en 2016 estaba la música. Sari había sido violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional de Siria, pero la guerra frenó su carrera.

Al poco tiempo recibió una beca para estudiar inglés en la Universidad de Vitoria y mientras estaba en ella desarrolló un programa para enseñar música a estudiantes con síndrome de Down.

Más adelante lo invitaron a tocar con la Orquesta de la Universidad de Vitoria y se convirtió en uno de los violinistas más buscados para conciertos benéficos y eventos comunitarios.

“La gente ama mi música, y eso significa que entienden mi mensaje”, dice Sari.

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