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Secuestro de niños en Nigeria: la realidad en primera persona

secuestro de niños © ACNUR/Hélène Caux

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos.

Los niños son uno de los grupos sociales que más sufren las consecuencias y los efectos del desplazamiento forzoso. El secuestro, los abusos sexuales y su reclutamiento por parte de grupos en conflicto son algunos de los riesgos más habituales a los que se enfrentan en una situación de emergencia humanitaria.

Esta situación es todavía más notoria con las niñas y adolescentes, que por su condición de mujeres son reclutadas por particulares como esclavas sexuales y se les priva de la libertad en condiciones indignas.

ACNUR calcula que más de 2 millones de niños han muerto en conflictos armados en el último decenio y que cerca de 300.000 han sido obligados a participar activamente en los conflictos o se han convertido en esclavos sexuales de terceros.

Nigeria: el drama del secuestro masivo de niños

Nigeria es un país que desde los años 70 del siglo pasado ha afrontado varios conflictos armados. Los distintos grupos sociales que habitan este país del occidente de África han dirimido de esta forma sus diferencias políticas, culturales, territoriales y religiosas.

Los últimos brotes de violencia son relativamente recientes. A partir de 2013, cientos de miles de familias han cruzado las fronteras del país en busca de lugares más seguros, convirtiéndose de esta forma en refugiados.

Una de las situaciones más graves se vive en la zona nororiental del país, justo en la frontera con Camerún, donde en los últimos años los grupos armados han secuestrado a cientos de niños y niñas que aún no han regresado a casa.

El secuestro de niños con mayor repercusión fue sin duda el de las 276 niñas en la ciudad de Chibok, en el estado de Bono, que tuvo lugar en 2014. Hasta la fecha, solo 50 de ellas han recuperado la libertad.

Adam y Paul, testimonios directos del secuestro de niños en Nigeria

Adam y Paul tenían 12 y 14 años, respectivamente, cuando fueron dos víctimas más del secuestro de niños en Nigeria. Varios hombres armados irrumpieron en su casa y se los llevaron a la zona conocida como el bosque de Sambisa.

Esto ocurrió hace tres años, pero tanto Adam como Paul lo recuerdan con la nitidez de los hechos que te cambian la vida: “Nos arrastraron hasta un pozo y pensé que iban a arrojarnos dentro, pero solo querían asustarnos. Al final nos llevaron de vuelta al árbol bajo el cual habíamos estado durmiendo”, recuerda Paul.

No tenían mantas para calentarse por las noches y les proporcionaban raciones de comida escasas. Eran constantes las amenazas de muerte que recibían a diario: “Llorábamos a menudo. Teníamos frío. Pensábamos en cuánto echábamos de menos nuestro hogar y, sobre todo, a nuestra madre”, agrega Paul.

En un principio, los secuestradores pidieron cerca de 90.000 € por su rescate. Lo que Adam y Paul no sabían era que uno de sus tíos se había puesto en contacto con el grupo armado que los había retenido para lograr su liberación.

Al final, cuando estaban casi convencidos de que se convertirían en niños soldados (una práctica que por desgracia ya es habitual en Nigeria), fueron liberados tras siete días de secuestro. Sin embargo, al volver a casa tuvieron que huir de la zona junto con su madre y sus hermanos para salvar sus vidas.

“Ahora somos refugiados en Camerún y nos sentimos más seguros. Echo de menos mi hogar en Nigeria, a mis amigos y mi pueblo, pero aún tengo miedo de volver allí y encontrarme con quienes nos secuestraron”, finaliza Paul.

A raíz de este nuevo brote de violencia, en los últimos años cientos de miles de familias han huido de Nigeria y se han refugiado en países vecinos como Chad, Níger y el propio Camerún, que es donde ahora se encuentran Adam, Paul y su familia.

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