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Vacuna contra la polio: una enfermedad que no se ha ido del todo

Revisión médica a refugiados

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

La poliomielitis es una de las tantas enfermedades que es posible evitar con la administración de una vacuna, lo mismo que sucede con la tuberculosis, el sarampión o la rabia. Sobre todo, porque se trata de enfermedades que, una vez contraídas, son muy difíciles de tratar y de curar. Por ello, insistir en la prevención es tan importante.

Y en el contexto de un campo de refugiados, la aparición de estas enfermedades puede generar grandes riesgos de contagio para toda la comunidad. De manera tal que una de las prioridades de ACNUR es garantizar que las campañas de vacunación sean masivas y exitosas para evitar el surgimiento de epidemias.

América, el antecedente exitoso contra la polio

El continente americano fue el primero en eliminar la polio, a través de la consolidación de la vacuna en sus sistemas de salud. De esta manera, hace más de 25 años que América fue declarada como la primera región del mundo libre de polio.  Pero las campañas de vacunación no han terminado y aún hoy se continúa administrando la vacuna en la mayoría de los países, todo acompañado por un adecuado sistema de control y de vigilancia para evitar que la enfermedad vuelva a aparecer.

El último caso de poliomielitis causado por el poliovirus salvaje registrado en continente americano fue en 1991 y, tres años después, en 1994, la región recibió la certificación de eliminación del virus de parte de la Organización Mundial de la Salud.

Lamentablemente, en otras zonas del planeta la polio no se ha acabado. En la actualidad, solo dos países registran transmisiones del poliovirus salvaje: Pakistán y Afganistán.

Qué es la poliomielitis

Comúnmente llamada polio, se trata de una enfermedad muy contagiosa que es causada por el virus de la poliomielitis. En la mayor parte de los casos, las personas que contraen el virus no presentan síntomas, pero de 5 a 10 de cada 100 personas sí que los presentan y suelen ser similares a los de la gripe. En 1 de cada 200 casos, la polio destruye partes del sistema nervioso, generando parálisis permanente en piernas o brazos.

Durante muchas décadas, se trató de una enfermedad muy temida en todo el mundo, dejando a generaciones enteras de niños y de niñas con parálisis para toda su vida. A través de la Iniciativa de Erradicación Mundial de la Poliomielitis, la OMS consiguió reducir los casos de la enfermedad en un 99%. Pero, lamentablemente, comunidades pobres y marginadas, donde los niños y niñas viven en condiciones vulnerables, continúan registrando casos de polio.

La vacuna contra la polio

Existen dos tipos de vacuna certificadas para detener la poliomielitis y que son las que se usan en todo el mundo. La primera fue creada por el investigador médico y virólogo norteamericano Jonas Salk, probada en 1952 y publicada oficialmente el 12 de abril de 1955. La denominada Vacuna Salk se basa en una dosis inyectada de poliovirus inactivados o muertos (IPV).

Dos años más tarde de la aprobación de esta vacuna, apareció una segunda creada por el virólogo polaco nacionalizado norteamericano Albert Sabin, quien utilizó poliovirus atenuados (OPV). Los ensayos clínicos de la Vacuna Sabin, administrada por vía oral, comenzaron en 1957 y en 1962 consiguió la autorización.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda la vacunación de todos los niños y niñas contra la polio, de acuerdo con el calendario de vacunación de cada comunidad autónoma. De hecho, la vacuna contra la polio fue una de las primeras campañas de vacunación infantil universal introducida en España, hace más de 50 años.

Actualmente, la vacuna que se aplica en España es la inactivada inyectable (la Vacuna Salk), aunque antes se empleaba la Sabin. Y se recomienda la vacunación a cualquier persona menor de 18 años que no la tenga, incluso en determinados viajes a países en los que aún se registran casos de polio resulta conveniente recibir una dosis de refuerzo.

Según la AEP, la vacuna se administra de modo inyectable por vía intramuscular, en un brazo o en un muslo. Y se puede colocar el mismo día en el que se reciben otras vacunas, sin ningún tipo de riesgo.

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