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Vacunas COVID-19: a un año del inicio de la pandemia

Refugiados un año después del inicio de la pandemia de COVID-19

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

La pandemia de COVID-19 tomó de sorpresa a toda la humanidad y nunca imaginamos vivir una situación así en todo el planeta. A un año del inicio de la pandemia, todavía seguimos con alertas de nuevas olas en diferentes regiones y con muertos e infectados, pero con el horizonte de varias vacunas COVID-19 que pueden llegar a paliar la situación y a devolvernos parte de la normalidad perdida.

Desde el inicio de la pandemia, ACNUR continúa trabajando sin descanso, facilitando la logística para que las vacunas lleguen a los refugiados. Y ha habido muchos casos de campañas nacionales de vacunación que los han tenido en cuenta, pero esto recién empieza y todavía queda mucho camino por recorrer.

La salida siempre será colectiva

Nunca está de más repetir que ninguna persona estará a salvo de contagiarse de COVID-19 hasta que todos lo estemos. Y esta emergencia sanitaria nos ha recordado la importancia de una respuesta solidaria a una crisis global. Es decir, que para vencer al virus tenemos que unirnos más que nunca, entender que la salida nunca es individual sino siempre colectiva.

ACNUR ha tenido que redoblar los esfuerzos en varios ámbitos fundamentales, sobre todo en su trabajo en terreno para asegurar la logística de la vacunación en diferentes centros de refugiados. Por el otro, desde el Comité español de ACNUR resultó de extrema necesidad gestionar campañas de recaudación de fondos para ayudar a los refugiados a superar la situación económica difícil en la que han quedado tras el inicio de la pandemia.

Pero los refugiados de todo el mundo no se han limitado solo a recibir ayuda, sino que se han puesto en marcha como participantes activos en campañas de información, de fabricación de jabón y mascarillas, de prevención de contagios y muchas otras iniciativas destinada a evitar la propagación del virus en sus respectivas comunidades.

Los refugiados y las vacunas del COVID-19

Uno de los primeros países del mundo en comenzar a vacunar a la población refugiada fue Jordania y Raia Alkabasi, una refugiada iraquí que actualmente reside en la ciudad de Irbid, se convirtió en la primera refugiada registrada por ACNUR en ese país en recibir la vacuna.

“El país ha incluido a los refugiados en todos los aspectos de la respuesta de salud pública a la pandemia, incluida la campaña nacional de vacunación, demostrando cómo se debe hacer si queremos mantener a todo el mundo seguro”, remarcó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, situando a Jordania como un ejemplo a seguir e imitar.

De acuerdo con los últimos datos de ACNUR, hasta febrero de 2021 se habían reportado 49.204 casos de COVID-19 entre refugiados y personas desplazadas en 105 países, mientras que 446 refugiados y personas desplazadas han muerto de COVID-19. Y de los 130 países que actualmente tienen en marcha planes de vacunación, 94 se han comprometido a incluir desplazados forzosos en sus campañas.

Ruanda es otro caso de vacunación exitosa en la población refugiada. Este país africano es el primero del continente en proporcionar vacunas COVID-19 a los refugiados, en una campaña que se inició con la vacunación de 416 personas en esta condición y un año después de haberse registrado el primer caso de COVID-19. En solo una semana de campaña, Ruanda vacunó cerca de 230.000 personas.

“Aplaudimos que Ruanda haya incluido a las personas refugiadas en su respuesta a la pandemia”, dice Clementine Nkweta-Salami, Directora del Buró Regional para África Oriental, el Cuerno de África y los Grandes Lagos. No es casual que Ruanda tenga este nivel de empatía con la población refugiada, ya que este país africano ha acogido a casi 138.000 personas en esa condición, la gran mayoría procedentes de República Democrática del Congo y Burundi.

El impacto económico de la pandemia

Paralelamente a la urgencia de contar con planes de vacunación en todo el mundo que incluyan a la población refugiada, está el problema del impacto socioeconómico que la COVID-19 ha generado en este sector. Con la pandemia, ha aumentado el hambre, la deserción escolar, el desempleo y la pérdida de medios básicos de subsistencia de miles y miles de personas.

Mientras el 74 % de la población mundial refugiada satisface solamente la mitad de sus necesidades básicas, hay 1,1 millón de refugiados y desplazados en Irak, Jordania y El Líbano que se han convertido en pobres a causa de la pandemia.

“Es posible que hasta 115 millones de personas hayan caído bajo el umbral de la pobreza en 2020, de acuerdo con estimaciones del Banco Mundial. La mayoría viven en países de ingresos bajos y medianos, casi siempre en entornos frágiles y afectados por el conflicto”, dice Filippo Grandi, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, y aclara que “entre los más vulnerables se encuentran personas refugiadas y desplazadas internas desarraigadas por el conflicto”.

Ayuda a los refugiados

Tipo de aportación
¿Qué cantidad mensual?
Jabón para 8 personas refugiadas cada mes.
Kits de higiene y salud para 5 familias de refugiados.
Acceso médico anual para 18 personas refugiadas.
Otra cantidad
¿Qué cantidad puntual?
Jabón para 25 personas refugiadas.
Kits de higiene y salud para 2 familias de refugiados.
Acceso médico anual para 8 personas refugiadas.
Otra cantidad
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