Cada 11 de octubre se celebra el Día Internacional de la Niña, establecido como una jornada para la reflexión con el objetivo de reconocer los derechos de la población infantil femenina mundial y los problemas extraordinarios a los que se enfrentan.
La ONU proclamó en 2011 el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña, con el fin de visibilizar los desafíos que enfrentan en todo el mundo, así como a promover su empoderamiento y el cumplimiento de sus derechos humanos.
Las niñas y adolescentes tienen derecho a una vida segura, educada y saludable, y su fortalecimiento durante esta etapa puede transformar no solo su futuro personal, sino también el de sus comunidades, posicionándolas como líderes y agentes de cambio en diversos ámbitos sociales, económicos y políticos. La igualdad de género y el empoderamiento de niñas y mujeres son condiciones esenciales para alcanzar justicia social, economías equitativas y la protección del planeta para las futuras generaciones.
En 2026 el tema escogido para la celebración de este día es: "¡Acabemos con el matrimonio infantil e invirtamos en los derechos de las niñas!", elaborado junto a niñas, organizaciones lideradas por niñas, la sociedad civil y socios de Naciones Unidas hace un llamamiento urgente a poner fin al matrimonio infantil e invertir en los derechos de las niñas. Todas las niñas tienen derecho a disfrutar de su infancia, acceder a la educación y decidir sobre su propio futuro, pero millones de ellas siguen viendo vulnerados estos derechos.
Cada año, más de 12 millones de niñas (aproximadamente una cada tres segundos) se casan antes de alcanzar la edad adulta, con la mayor prevalencia en el África Subsahariana (31 %). Esta es una de las violaciones de derechos más extendidas y perjudiciales. El matrimonio infantil limita su acceso a la educación, aumenta su vulnerabilidad ante la violencia y pone en riesgo su salud física y mental, aumentando los riesgos de depresión, angustia emocional o aislamiento social.
Sin embargo, el progreso es posible: en los últimos 25 años se han evitado alrededor de 68 millones de matrimonios infantiles gracias a inversiones en educación, ampliar el acceso a la salud, reformas legales y protección social. Ahora es necesario acelerar estos esfuerzos para garantizar que todas las niñas puedan desarrollar plenamente su potencial y contribuir a construir sociedades más justas, seguras y prósperas.
Nacer niña conlleva una serie de desventajas en ámbitos como la salud, la educación o la participación política. En los países en conflicto, su situación es más delicada y necesitan una protección especial.
Millones de niñas se convierten en refugiadas o desplazadas cada año a causa de la violencia, la guerra, los conflictos bélicos, la persecución o de la falta de derechos humanos. Ellas están expuestas a numerosas situaciones de riesgo. ACNUR, consciente de su vulnerabilidad, pone el foco en ellas y trabaja para ofrecerles la asistencia, el apoyo y la protección que necesitan. Planifica todas sus operaciones con un enfoque de género y se esfuerza por ofrecerles acceso a formación y capacitación para que puedan construir un futuro mejor para ellas y sus familias. Además, trabaja con la comunidad para generar conciencia de la necesidad de igualdad y participación activa de las mujeres en el funcionamiento de los campos de personas refugiadas y la toma de decisiones.
Ser niña y refugiada o desplazada multiplica los riesgos a los que se enfrentan, entre ellos:
El Día Internacional de la Niña adquiere una dimensión aún mayor porque también sirve para alertar sobre otro grave problema que afecta a millones de niñas refugiadas: las dificultades para acceder y permanecer en la educación. Factores como la pobreza, la inseguridad y el matrimonio infantil obligan a muchas adolescentes a abandonar sus estudios.

Según datos de UNESCO, completar la educación puede reducir significativamente el riesgo de matrimonio infantil. La organización estima que, si todas las niñas finalizaran la educación primaria, los matrimonios infantiles disminuirían un 14%, mientras que completar la educación secundaria tendría un impacto aún mayor. La educación proporciona un lugar seguro a la infancia refugiada, reduce el trabajo y la explotación infantil, el número de matrimonios infantiles y los embarazos en la adolescencia.
En el Día Internacional de la Niña recalcamos la importancia de la educación en el desarrollo y el crecimiento de las niñas refugiadas. Además, la educación genera bienestar y prosperidad en su entorno familiar y en el de su comunidad. Su progreso es bueno para ellas y también para su entorno.
ACNUR apoya de manera sostenida diferentes programas educativos acelerados destinados a aquellas niñas refugiadas que, por diferentes motivos, han tenido que suspender su educación básica durante un tiempo prolongado. Y siempre teniendo en cuenta la importancia de la formación tecnológica y el aprendizaje de habilidades que les ayuden a desenvolverse en la vida, con el seguimiento adecuado para evitar la deserción escolar y garantizar que las niñas refugiadas tengan acceso a la educación que se merecen.