Historias de vida

Día del Trabajador: 3 historias de refugiados inspiradoras

Mujeres africanas trabajando para cultivar en la tierra
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26 Abril 2019

En países diferentes, el trabajo da una esperanza de futuro a tres refugiados.

Amina, emprendedora de una cooperativa agrícola

África subsahariana es la principal región destinataria de las ayudas de ACNUR debido a sus crisis humanitarias y conflictos. La extrema violencia ha hecho que miles de personas, muchas de ellas mujeres, huyan de sus hogares. Además de enfrentarse al hambre y a la inseguridad alimentaria, muchas mujeres tienen que hacerse cargo de sus hijos en un lugar donde encontrar trabajo no es sencillo.

Ante esta situación, algunos refugiados deciden emprender. Amina María, refugiada de Zimbabue, es un ejemplo motivador, ya que ha creado una cooperativa agrícola con otros refugiados. Esta cooperativa le ha cambiado la vida: vende sus productos a otros refugiados y a la comunidad de acogida, lo que le da esperanza de un futuro mejor.

Mohamad, refugiado sirio: conductor de autobuses en Berlín

Mohamad Al Said, sirio de 33 años, llegó a Alemania con sus dos hijos después de unos meses muy duros desde su salida de Siria en 2015. Admite que al principio no fue fácil acostumbrarse a un nuevo país, pero gracias a sus nuevos amigos fue capaz de aprender alemán, encontrar un piso y amueblarlo.

Después de eso, comenzó a buscar empleo. Mohamad había estudiado árabe en Siria con la intención de convertirse en profesor, pero pronto entendió que para mantenerse en Alemania tendría que dejar esto a un lado y centrarse en nuevas ideas.

Refugiado sirio en Berlín
Quería seguridad y una vida buena y segura para mí y mi familia.

Tras comentar a sus amigos su idea de encontrar empleo y añadir que había trabajado conduciendo un autobús escolar de nueve plazas en Siria, sus amigos le sugirieron que contactara con la red de transporte de Berlín (BVG). Durante el verano de 2018, Mohamad completó las prácticas ofrecidas por BVG, incluyendo un curso de idiomas y capacitación técnica y de seguridad.

Después de aprobar el programa, solicitó empleo y ahora trabaja a jornada completa como conductor de autobuses para la BVG.

Refugiadas rohingya aprenden a coser para tener un futuro

Refugiadas rohingya cosiendo

Una colaboración entre ACNUR y la Fundación Ayesha Abed ha resultado en un programa de formación en costura en Bangladesh. Este programa atiende tanto a las refugiadas rohingya como a las mujeres bangladesíes en las zonas rurales que las acogen. La mayoría de ellas, de entre 18 y 40 años, son viudas o ejercen solas el papel de cabeza de familia. Casi ninguna de las alumnas sabe coser al inicio del curso, pero tras unas semanas de formación, trabajan en bordados con diseños florales. Se busca que las mujeres sean autosuficientes y confeccionen sus propios productos artesanales.

En el programa encontramos a dos mujeres con historias diferentes, pero a quienes esta formación les da esperanza de futuro. La primera es Mushida, de 26 años, cuyo marido no encuentra el modo de ganar dinero. Para ella, este curso representa una oportunidad de tener un salario en un futuro próximo. La segunda es Gulbahar, viuda de 40 años con dos hijos. En el pasado cultivaba alimentos para ella y su familia, pero el programa le ha dado la esperanza de un futuro diferente.

Las mujeres rohingya bordan piezas a mano en centros dentro de los campos de refugiados, mientras que las mujeres bangladesíes cosen ropa en el centro de producción de Ukhiya, subdistrito de la región de Chittagong, en Bangladesh. Durante el período de formación de seis meses, las mujeres reciben una pequeña ayuda económica. Esto apoya a las mujeres refugiadas y a las de las zonas rurales a sobrevivir en una de las regiones más pobres de Bangladesh.

Los productos elaborados por estas mujeres se venden en una cadena muy conocida en Bangladesh, Aarong. Con esto, el programa ayuda a las refugiadas y a la comunidad de acogida y, además, las pone en contacto con el mercado de consumidores. Esto demuestra que tanto la comunidad de acogida como las refugiadas se pueden beneficiar del programa.

Esta iniciativa se está trasladando a otros campos de refugiados, donde se abrirán 18 centros más pequeños. Se espera formar a alrededor de 500 mujeres durante el primer año y cientos más en los siguientes.

 

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