“Solo tengo 11 años, pero me siento como si tuviese 100”

Infancia siria

Naamat ha vivido muchas vidas en una, pero en ninguna de ellas ha podido ser niña. Era un bebe cuando comenzó la guerra en su país. En sus primeros recuerdos, la guerra ya estaba presente. Con 4 años llegó a Jordania con su familia, escapando del horror. En este país han encontrado tranquilidad y oportunidades, pero no ha recuperado la infancia que perdió por culpa del conflicto.

La precaria situación en la que viven millones de refugiados después de diez años de guerra están dando lugar a matrimonios precoces, a casos de trabajo infantil y a que niños como Naamat asuman tareas domésticas a una edad tan temprana: “Tengo que apoyar a mis padres y a mis hermanos. Ellos no tienen a nadie más que a mí”, dice.

Namaat cambia el pañal a su hermano

“Mi hermano pequeño no me llama hermana, me llama mamá”.
Naamat

Ser niño en tiempos de guerra

Por sus circunstancias familiares, Naamat asume responsabilidades que no se corresponden con su edad. Su padre está enfermo y traumatizado por la guerra; su madre, Fátima, trabaja limpiando casas. Por eso, es ella quien se hace cargo de todas las labores del hogar y cuida de sus hermanos. Cada mañana le cambia el pañal al pequeño, hace el desayuno y prepara a sus otros dos hermanos. Después, limpia la casa y se van al colegio.

Jordania ofrece a los niños refugiados acceso gratuito a la educación. En este país el porcentaje de niños que salen a trabajar en lugar de asistir a la escuela ha pasado del 1% en 2019 a más del 13% en 2020, por la pérdida de medios de vida derivada de la crisis sanitaria por la COVID-19. ACNUR proporciona ayudas económicas para que las familias refugiadas puedan pagar el autobús que lleva a los niños al colegio o adquirir productos básicos. Precisamente, es en la educación donde Naamat deposita todos sus sueños y expectativas de futuro. La guerra le robó la infancia, pero la educación puede brindarle un futuro.

Ayudas en efectivo de ACNUR para coger el autobús

5 millones
de niños sirios refugiados y desplazados.
+ de 2,8
millones de niños sirios desplazados y refugiados no van a la escuela, según UNICEF.
1 de cada 3
escuelas en Siria no están operativas por haber sido dañadas, destruidas o usadas con otros fines.
 

La educación: derecho a un futuro

Una generación entera de niños sirios ha perdido años de escuela y se ha visto privada de servicios básicos de salud y de protección. Naamat es una de los 5 millones de niños y niñas sirios que se encuentran desplazados en su país o refugiados en países vecinos, como Jordania, Líbano o Turquía. Aunque la guerra continúa, la educación sigue siendo un faro para millones de niños sirios y un derecho que debe ser protegido y garantizado.

Antes de la pandemia de COVID-19, más de un tercio de los niños refugiados sirios en edad escolar no tenían acceso a la educación. En 2020, el número de niños refugiados sirios que asistieron a la escuela disminuyó con respecto a 2019.

Naamat destaca en la escuela y es la mejor de su clase. No quiere casarse joven y quiere ser piloto cuando sea mayor. En la escuela, Naamat pude ser una niña, formarse y soñar.

“Perdí parte de mi infancia, pero al menos me queda la educación para labrarme un futuro”.
Naamat

ACNUR en Siria

ACNUR presta ayuda y asistencia a las personas refugiadas y desplazadas internas sirias y a los países de acogida desde que comenzó la guerra en 2011, y seguirá proporcionando protección y asistencia básica a todas las personas en situación de necesidad, especialmente a la infancia.

Aunque países como Turquía, Líbano y Jordania han abierto sus puertas a las personas que huyen de los bombardeos en Siria, la ayuda humanitaria escasea tras años de guerra. Los niños refugiados son una población vulnerable y es especialmente importante atender sus necesidades.

Para que no se pierda una generación:

Aumentar el acceso a la educación de niños y adolescentes sirios de todas las edades y modalidades.
Facilitar la transición entre la educación y el primer empleo de los jóvenes y adolescentes sirios. Afrontar problemas como el matrimonio y el trabajo infantil.
Proporcionar apoyo psicosocial a niños y adolescentes traumatizados por la guerra y permitirles el acceso a los servicios de salud mental.
 

Naamat jugando