Han pasado más de 15 años desde que comenzó la guerra en Siria. Más de 15 años de desplazamiento, pérdidas e incertidumbre para millones de personas que han vivido una de las crisis humanitarias más prolongadas del mundo.
Aunque los cambios políticos de finales de 2024 abrieron una nueva etapa para el país, la realidad sigue siendo extremadamente difícil. Tras años de conflicto, la población se enfrenta a la destrucción de viviendas e infraestructuras, una grave crisis económica y la falta de recursos básicos para reconstruir sus vidas.
Aun así, más de 1,7 millones de personas han decidido regresar a sus hogares. Lo hacen con la esperanza de empezar de nuevo, pero muchas encuentran casas destruidas, comunidades arrasadas y enormes dificultades para salir adelante.
ACNUR ha estado al lado de las personas refugiadas y desplazadas sirias durante todo este tiempo, proporcionando protección, refugio y ayuda esencial. Estuvo presente cuando millones de familias tuvieron que huir para salvar sus vidas y sigue estando hoy junto a quienes regresan para reconstruir su futuro.
Ahora necesitan nuestro apoyo más que nunca. Ayúdanos a que las familias sirias puedan volver a empezar con dignidad. Por favor, colabora.
Tras más de una década de conflicto, millones de personas sirias siguen intentando reconstruir sus vidas. Aunque los cambios políticos producidos a finales de 2024 han favorecido el regreso de más de 1,7 millones de refugiados y desplazados internos, la crisis humanitaria está lejos de haber terminado. Más de 3,9 millones de refugiados sirios permanecen todavía en países vecinos y el norte de África, mientras que quienes han decidido regresar se enfrentan a viviendas destruidas, servicios básicos limitados y escasas oportunidades para generar ingresos. En total, se estima que más de 15,6 millones de personas en Siria continúan necesitando ayuda humanitaria.
La situación sigue siendo especialmente compleja para la población. A comienzos de 2026, una nueva escalada de violencia en el norte del país provocó víctimas civiles, nuevos desplazamientos y daños en infraestructuras esenciales. La mayoría de las personas afectadas fueron mujeres, niños y niñas que tuvieron que abandonar de nuevo sus hogares y depender de asistencia urgente para cubrir necesidades tan básicas como alimentos, agua potable, artículos de higiene, mantas, colchones o combustible para cocinar y protegerse del frío. Además, la crisis regional en Oriente Medio provocó nuevos movimientos de población desde el Líbano hacia Siria, aumentando la presión sobre unas comunidades ya muy vulnerables.
A estos desafíos se suman las duras condiciones climáticas. Durante el invierno, miles de familias viven en viviendas dañadas, refugios improvisados o asentamientos donde protegerse del frío resulta cada vez más difícil. En diciembre de 2025, fuertes tormentas de nieve afectaron a más de 150.000 personas desplazadas en Alepo, Idlib y Al Hasakah, causando graves daños en refugios y tiendas de campaña.
Pocos meses después, en febrero de 2026, las inundaciones y lluvias torrenciales volvieron a golpear el noroeste de Siria. Centenares de refugios resultaron dañados o destruidos, obligando a muchas familias a buscar de nuevo un lugar seguro donde vivir. Para quienes han perdido sus hogares o intentan regresar a ellos, contar con un refugio digno no solo significa tener un techo: significa recuperar seguridad, estabilidad y la posibilidad de empezar de nuevo.
Cuando una familia pierde su hogar, también pierde la seguridad y la protección que este le ofrecía. En Siria, más de una década de conflicto ha obligado a millones de personas a abandonar sus casas, mientras que la crisis económica, los daños en las infraestructuras y los continuos desplazamientos siguen dejando a muchas familias sin un lugar seguro donde vivir.
En situaciones como esta, un refugio de emergencia puede marcar una gran diferencia. No es solo un techo: es un espacio donde las familias pueden protegerse del frío, el calor extremo y otras inclemencias del tiempo, recuperar algo de intimidad y encontrar un mínimo de estabilidad en medio de la incertidumbre.
Muchas personas refugiadas y desplazadas en Siria viven en asentamientos informales, edificios dañados o alojamientos temporales que no reúnen las condiciones necesarias para garantizar su seguridad. Por eso, contar con un refugio adecuado es una de las necesidades más urgentes para quienes lo han perdido todo.
ACNUR trabaja sobre el terreno proporcionando refugios de emergencia y otros artículos esenciales para ayudar a las familias desplazadas a afrontar la crisis con mayor protección y dignidad. Gracias a este apoyo, miles de personas pueden contar con un lugar más seguro donde resguardarse y comenzar a reconstruir sus vidas. Un refugio seguro puede marcar la diferencia entre la incertidumbre y la esperanza.
Durante más de trece años, Hiam Mohammad Ghanem soñó con volver a casa. Hoy, sentada junto a dos de sus hijas en Al-Zabadani, en la zona rural de Damasco, recuerda el largo camino que su familia tuvo que recorrer antes de poder regresar.
Hiam, de 43 años y madre de cinco hijos, huyó de Siria en julio de 2013 junto a su familia para escapar del conflicto. Como millones de personas sirias, cruzaron la frontera en busca de seguridad y encontraron refugio en el Líbano. Allí comenzaron una nueva vida marcada por la incertidumbre.

Durante más de trece años vivieron desplazados en la región de Baalbek, mudándose de una vivienda a otra sin lograr la estabilidad que tanto necesitaban. Las dificultades económicas fueron constantes. Su esposo trabajaba en la construcción con salarios diarios que apenas alcanzaban para cubrir los gastos básicos de la familia. La ayuda humanitaria fue fundamental para que pudieran salir adelante y garantizar la alimentación y otras necesidades esenciales de sus hijos.
Ese día llegó en diciembre de 2024. Tras años de exilio, la familia tomó la decisión de volver a Al-Zabadani. Sin embargo, el regreso estuvo lejos de ser sencillo. Al llegar encontraron su casa gravemente dañada: había sido incendiada, saqueada y carecía de servicios básicos. Lo que una vez había sido su hogar estaba prácticamente inhabitable.
Gracias al apoyo de ACNUR y de su socio local SIF, la familia pudo realizar las reparaciones más urgentes para hacer la vivienda habitable nuevamente. Se instalaron puertas, ventanas y otros elementos básicos que les permitieron recuperar un espacio seguro donde vivir.
Aunque volver a casa ha supuesto un paso importante, los desafíos continúan. La familia sigue enfrentándose a numerosas dificultades, especialmente durante los meses de invierno, cuando las bajas temperaturas aumentan las necesidades. Con recursos limitados, dependen en gran medida del apoyo de la comunidad y de la ayuda humanitaria para reconstruir sus vidas.
A pesar de todo, Hiam mantiene la esperanza. Su mayor deseo es que sus hijos puedan continuar sus estudios y que más familias que han regresado a la zona reciban el apoyo necesario para reparar sus viviendas y empezar de nuevo.