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Ablación: ¿cómo afecta a las mujeres y niñas?

Ablación

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.

La ablación, también conocida como mutilación genital femenina, es una práctica brutal que consiste en la extirpación parcial o total de los genitales femeninos externos. Su práctica está relacionada con la tradición, la cultura o la religión, es decir, se considera ablación o mutilación genital femenina cuando los motivos de esta práctica no se basan en razones médicas.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 200 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la mutilación genital en países de África, Asia, Oriente Medio y la Península Arábiga. La ONU reconoce esta práctica como una violación de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

¿En qué países se practica la ablación y a cuántas mujeres afecta?

Aunque cada vez hay más sensibilización sobre la ablación y hay muchos esfuerzos centrados en su erradicación, lo cierto es que, cada año, 20.000 mujeres en riesgo de mutilación genital femenina buscan asilo en la Unión Europea para huir de esta práctica brutal.

  • Benin, Burkina Faso, República Centroafricana, Chad, Yibouti, Egipto, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Kenia, Liberia, Mauritania, Níger, Senegal, Sierra Leona, Sudán, Tanzania, Togo, Uganda y Yemen son los principales países de origen de las mujeres que se refugian en Europa por el riesgo de sufrir mutilación genital femenina.
  • Las mujeres de entre 15 y 49 años son las principales víctimas de la ablación, pero también se ha llegado a realizar esta práctica a niñas de menos de 15 años.
  • Las refugiadas en Europa por riesgo de ablación proceden de 29 países distintos; de ellos, 28 están en el continente africano.

Consecuencias de la ablación para mujeres y niñas

La ablación no tiene ningún beneficio para la salud de la mujer, pero sí conlleva graves consecuencias que, en algunos casos, puede desembocar incluso en la muerte.

  • Consecuencias físicas. Las consecuencias físicas que puede sufrir una mujer tras la ablación incluyen hemorragias, dolor intenso, fiebre, infecciones urinarias, problemas vaginales, menstruales y sexuales, quistes y complicaciones en el parto que pueden desembocar en la necesidad de intervenciones quirúrgicas.
  • Consecuencias psicológicas. La consecuencia psicológica más inmediata es el estado de shock; a largo plazo, esto puede crear a las víctimas trastornos psicológicos, ya que muchas de ellas sufren rechazo por parte de su entorno.

¿Cómo se puede proteger a las mujeres y niñas de la ablación?

Para proteger a mujeres y niñas de la ablación es imprescindible trabajar en distintas líneas:

  • Educación. La educación es una potente herramienta para empoderar a las mujeres y trabajar en pos de la eliminación de la mutilación genital femenina. También se conciencia y sensibiliza sobre la necesidad de acabar con esta práctica, para así evitar que más niñas y mujeres la sigan sufriendo.
  • Sanidad. Las niñas y mujeres que han sufrido la ablación necesitan una atención sanitaria que les ayude a superar tanto las secuelas físicas como las psicológicas.
  • Ayuda. Las mujeres que toman la decisión de huir para evitar que sus hijas o ellas mismas sufran ablación necesitan ayuda y protección. Por suerte, en muchos países, como en la República Democrática del Congo, ya se ha prohibido.

De víctima de la ablación a activista para erradicarla

Asha Ismail fue víctima de la ablación con tan solo cinco años. Ahora, más de 40 años después, se ha propuesto como objetivo personal acabar con la mutilación genital femenina. Para ella, es de vital importancia que la población esté informada y sensibilizada sobre esta práctica y, aunque la labor de mujeres activistas africanas y el acceso a la información han mejorado el conocimiento sobre la ablación, lo cierto es que falta mucho trabajo por hacer. “En los países de origen donde se ha prohibido la mutilación genital, la prohibición se ha quedado en el papel porque no hay seguimiento”, explica. “Las familias saben que está prohibido, pero nadie se ha sentado con ellos a explicarles por qué está prohibido.”

Para Asha también fue difícil porque tuvo que luchar contra su familia y su entorno para evitar que su hija pasara por lo mismo que ella. “Tenía miedo cuando me iba a trabajar por si le pasaba algo a mi hija mientras yo estaba fuera”, cuenta. Cuando su hija cumplió cinco años, Aisha se volvió a casar. “Mi nuevo hogar fue una protección y pude evitar que mi hija sufriera la ablación. Entonces, mi madre no entendió mi decisión. Ahora sí. Cuando le pregunto, dice que fue un error lo que hicieron conmigo”, asegura.

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