Historias de vida

‘Dream big’, un refugiado afgano alienta a soñar a lo grande

Refugiado afgano en Austria
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27/09/2017

Cuando Mojtaba Tavakoli huyó de Agfanistán tenía sólo 13 años y un título de educación primaria bajo el brazo. Había dejado atrás todo lo que había sido su vida hasta ese momento.

En Austria, se ha convertido en biólogo molecular. Preside el discurso de la entrega de premios en Viena de la Asociación de alumnos y estudiantes afganos que él mismo ha ayudado a fundar y está a punto de comenzar un doctorado en investigación médica. Los 10 años en el país le han servido para mucho, sobre todo para darse cuenta de la importancia que tiene para los suyos el no dudar en ponerse metas muy altas.

Los hazara, una minoría étnica perseguida por los talibanes

Mojtaba y su familia estaban en grave peligro en Afganistán por pertenecer a la minoría de los hazara, perseguida en su país. Cuando vivían allí, su granja fue rodeada por los talibanes y supieron que su única salida era huir hacia Europa. Mojtaba y su hermano mayor, de 18 años, emprendieron su camino por el mar, pero sólo Mojtaba lograría acabar la ruta con vida y se quedó solo en su viaje a través de los Balcanes. “Lo que daba más miedo era no saber en quién podía confiar”, recuerda.

Cuando llegó a Austria, solo y sin acompañante, Marion y Bernhard, dos profesionales de la ciencia y la salud, decidieron hacerse cargo de él e iniciarlo en el mundo de las ciencias. Cuando le concedieron el asilo, el joven pudo traer a sus padres y demás hermanos desde Afganistán para reunirse con ellos, aunque el destino aún les deparaba una segunda tragedia. Otro de sus hermanos, Mustafa, murió de cáncer después de llegar a Viena con tan sólo 12 años.

Otra dura experiencia que ha hecho a este joven hazara crecerse ante la adversidad y retarse aún más por conseguir sus sueños. “He visto cosas que personas que me doblan la edad no han visto. Esto hace que sea estricto conmigo mismo a la hora de usar mis oportunidades y hacer que mi familia se sienta orgullosa”.

Dream big charla

“We must dream big”

A sus 23 años, Mojtaba casi ha finalizado un máster en neurociencia y este mismo año empezará un doctorado sobre investigación de trastornos neurodegenerativos con el que investigar tratamientos médicos para curar enfermedades como la del Parkinson.

Cuando habla ante el auditorio, lleno de refugiados afganos como él, Mojtaba no duda en pedirles que sueñen a lo grande. Se siente orgulloso de su comunidad y de sus dos familias, la propia y la de adopción, que siempre están ahí para apoyarle: “Estoy aquí gracias a ustedes”.

Sus padres, dos campesinos afganos que cultivaban patatas, frutas y verduras en un área rural, aplauden orgullosos por lo lejos que ha llegado su hijo. Cuando era pequeño, Mojtaba les ayudaba en el campo. No sabía nada de ciencias y de Austria, su nuevo país, solo sabía que había bosques.

Este luchador incansable y concienzudo es la mejor demostración de que hay que predicar con el ejemplo.

Dream big, un lema que le ha llevado a soñar con el Nobel

“Sueño con que un día… alguien de nuestra comunidad gane un premio Nobel”, dice Mojtaba mientras, en el auditorio, otros jóvenes afganos se van contagiando del espíritu soñador.

Entre quienes se han apropiado de este lema, Reihana Mohammadi, de 18 años, dice haber llegado hasta allí para ayudar a su hermano: “Va a ingresar en la Universidad para estudiar economía. Es un modelo para mí”.

Para otro de ellos, una chica de 19 años llamada Soraya, baja exultante del escenario tras recoger el diploma por haber acabado sus estudios. Tras meses haciendo un curso sobre contabilidad, servicio al cliente, derecho e higiene, ha conseguido el permiso de la Cámara de Comercio para abrir su propio restaurante. “Ahora puedo dar empleo a otras personas en mi negocio”, cuenta esta futura emprendedora afgana. Bajo su delicada apariencia, no tiene miedo a exteriorizar en un alemán fluido todos los problemas a los que los refugiados afganos se enfrentan para integrarse en la sociedad austriaca.

Desde lo alto del escenario, Mojtaba les anima a seguir soñando, incluso más a lo grande. Sus palabras dejan paso a un estruendoso aplauso.

“Sueño que un día un ministro del gobierno austríaco tenga raíces afganas y que alguien de nuestra comunidad gane un premio Nobel”.

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