Emergencia en República Democrática del Congo Emergencia en República Democrática del Congo

Emergencia en República Democrática del Congo

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Los enfrentamientos y la violencia continúan en el este del país, a pesar del acuerdo de alto el fuego vigente desde el 18 de febrero de 2026. Desde enero de 2025, más de 237.400 personas han huido a países vecinos, y más de la mitad ha buscado refugio en Burundi.

Las familias huyen traumatizadas, con cicatrices físicas y psicológicas, y muchas denuncian haber sufrido abusos —incluidos sexuales— durante su huida.

A la violencia se suman otros problemas graves: la inseguridad alimentaria aguda y los brotes de cólera en comunidades desplazadas, agravados por la escasez de suministros médicos y desabastecimiento en los centros de salud.

La situación es devastadora. Puede que República Democrática del Congo no sea un conflicto tan visible, pero su población necesita ayuda urgente.

¿Qué está pasando en el país?

Para comprender el contexto de la RDC hay que explicar que es un país que lleva décadas de conflictos que han arrastrado a la población a una situación de vulnerabilidad y necesidad de asistencia humanitaria.

A lo largo del año del año pasado, la inseguridad en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur aumentó significativamente debido al avance del grupo armado M23, que tomó el control de varias ciudades clave como Goma, Bukavu y Walikale, provocando masivos desplazamientos de población hacia zonas más seguras e incluso hacia países vecinos como Burundi y Ruanda. Además del conflicto armado, el país sufrió graves desastres naturales, incluyendo inundaciones en Kinshasa y en el territorio de Fizi, que causaron cientos de muertes y destruyeron miles de viviendas.

En julio, se firmó en Doha un acuerdo preliminar de principios entre el Gobierno y el M23, considerado un paso hacia la reconciliación. Sin embargo, pese a este avance, en los meses siguientes continuaron los combates, los ataques contra civiles y el desplazamiento masivo de personas. Hacia diciembre, la violencia volvió a intensificarse con ataques con drones y bombardeos, lo que restringió el acceso humanitario y generó una nueva ola de más de 100.000 desplazados hacia países vecinos.

En 2026 los enfrentamientos y la violencia continúan en el este del país, a pesar del acuerdo de alto el fuego vigente desde el 18 de febrero, entre el Gobierno de RDC y la Alianza Fleuve Congo (AFC)/Movimiento 23 de Marzo (M23).

Desde enero de 2025, más de 237.400 personas han huido de la RDC a países vecinos, y más de la mitad ha buscado refugio en Burundi. Solo en los últimos tres meses, han llegado más de 90.000, lo que eleva la población total de refugiados en Burundi a más de 230.000, la gran mayoría procedentes de la RDC.

En el abarrotado campo de refugiados de Busuma, que alberga a más de 66.000 refugiados congoleños llegados desde finales de 2025, existe una grave escasez de agua potable, alimentos, medicamentos, alojamiento y servicios de protección. El cólera y otras enfermedades prevenibles representan una grave amenaza, mientras que casi 10.000 personas permanecen varadas en centros de tránsito con infraestructura limitada, a la espera de ser trasladadas a asentamientos ya saturados.

¿Qué está provocando esta situación?

La violencia ha generado saqueos, heridas, interrupciones en servicios esenciales y desplazamientos masivos. Muchas de las personas que huyen cruzan la frontera de los países vecinos y llegan a Burundi, Uganda y Ruanda. A finales de 2025, más de 5,3 millones de personas se encontraban desplazadas internamente en toda la RDC, incluyendo 3,6 millones en el este, junto con más de 500.000 refugiados acogidos en el país. Más de 1,2 millones de refugiados de la RDC permanecían en países vecinos, principalmente Uganda (644.000) y Burundi (113.000).

Se reportan extorsiones, saqueos, secuestros y violencia sexual, mientras continúa el reclutamiento de niños por parte de grupos armados. Muchas mujeres y niñas sufren agresiones sexuales durante su huida y, en ocasiones, se ven obligadas a recurrir al trabajo sexual para sobrevivir.

Además, más de 28 millones de personas sufren actualmente inseguridad alimentaria aguda, la cifra más alta jamás registrada en el país. Por otro lado, el este del país enfrenta múltiples emergencias sanitarias simultáneas, como brotes de cólera, Mpox y sarampión.

Foto: © ACNUR/Blaise Sanyila.

¿Cómo responde ACNUR?

La inestabilidad en la región dificulta las operaciones humanitarias, pero ACNUR y sus socios continúan trabajando para proteger a las comunidades desplazadas. Se realizan acciones como la formación de líderes comunitarios para promover la convivencia pacífica, la identificación de casos de violencia sexual y protección infantil, y el apoyo médico y psicosocial a las víctimas. También se avanza en el registro civil y la entrega de asistencia en efectivo a desplazados internos.

En Burundi y Uganda, los refugiados congoleños son trasladados a los campos, aunque persisten necesidades urgentes de agua, saneamiento, alojamiento y educación. En Burundi, la llegada masiva de personas ha desbordado la capacidad del campo de Busuma, que además enfrenta un brote de cólera, agravado por la falta de agua potable y suministros médicos. Este campo alberga a unos 66.000 refugiados congoleños (el 59% eran niños y el 52% mujeres y niñas9 reubicados desde diversas zonas fronterizas. Allí, ACNUR y sus socios han instalado depósitos de agua y construido más de 2.000 letrinas y 1.000 duchas de emergencia, pero la cobertura de saneamiento sigue siendo insuficiente.

ACNUR también ha comenzado a distribuir asistencia financiera a más de 46.000 refugiados, junto con artículos esenciales como lonas impermeables, utensilios de cocina, mosquiteras mantas y bidones. Aunque han proporcionado refugios a las personas recién reubicadas, miles todavía siguen sin alojamiento adecuado, lo que deja a las familias expuestas a duras condiciones.

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