El país se enfrenta actualmente al mayor brote de ébola de su historia. Las autoridades congoleñas han notificado más de 10.000 casos confirmados de ébola, con un saldo de más de 4.900 fallecimientos en ocho provincias.
En zona afectada viven 4,4 millones de personas desplazadas por la fuerza, incluidos más de 274.000 refugiados, que ya sufrían graves necesidades humanitarias y un acceso limitado a los servicios básicos antes de la llegada de este brote.
Mientras, el país sigue sufriendo la violencia en algunas zonas del este y áreas circundantes que dejan muertes de civiles, secuestros y otras violaciones de los derechos humanos. Miles de familias huyen traumatizadas, con cicatrices físicas y psicológicas, y muchas denuncian haber sufrido abusos —incluidos sexuales— durante su huida.
La situación en el país es devastadora y su población necesita ayuda urgente. Por favor, colabora.
El país se enfrenta al mayor brote de ébola (cepa Bundibugyo) de su historia. Las autoridades del país han confirmado más de 10.6000 casos y 4.900 personas fallecidas en ocho provincias. La transmisión sigue siendo intensa, con una media de unos 88 casos confirmados y 40 muertes al día.
La provincia de Ituri continúa siendo el epicentro del brote, aunque actualmente es en Kivu del Norte donde se registra el mayor número de casos nuevos diarios. El brote se ha extendido a la provincia de Ubangi del Norte, lo que pone de relieve el riesgo de propagación a larga distancia.
El sistema sanitario congoleño se encuentra bajo una grave presión en todas las zonas afectadas. Un centro de salud en la provincia de Ituri ha sido cerrado temporalmente tras detectarse unos 15 casos de ébola, incluidos algunos entre el personal sanitario. El hacinamiento, el acceso limitado a agua potable y saneamiento, y la precaria infraestructura sanitaria aumentan el riesgo de transmisión. Además, la violencia contra los trabajadores sanitarios también está poniendo en peligro la respuesta frente al ébola.
En Uganda hay 20 casos confirmados y dos fallecimientos vinculados a la transmisión transfronteriza desde RDC, lo que pone de manifiesto los riesgos regionales persistentes. Burundi, Ruanda y Sudán del Sur también presentan un riesgo elevado de transmisión, particularmente debido a los continuos movimientos de refugiados impulsados por la escalada del conflicto en el este de la RDC.
El conflicto en curso obliga a las personas a desplazarse entre diferentes lugares, lo que dificulta el seguimiento de posibles casos y aumenta el riesgo de transmisión. El brote también está alimentando el miedo y la desinformación entre las comunidades desplazadas y de acogida, lo que subraya la importancia del liderazgo comunitario, la sensibilización y la participación para la prevención y las intervenciones que salvan vidas. Se necesita apoyo urgente para fortalecer y adaptar los servicios de protección, atención médica, vigilancia, alojamiento y agua, saneamiento e higiene, especialmente en las zonas fronterizas, los centros de tránsito y recepción, y los asentamientos.
El país atraviesa décadas de conflicto que han generado una grave crisis humanitaria. En 2025, la violencia se intensificó en las provincias de Kivu del Norte y Sur con el avance del grupo armado M23, que tomó ciudades clave y provocó desplazamientos masivos, incluso hacia países vecinos. A esto se sumaron desastres naturales como inundaciones que causaron numerosas muertes y daños.
En 2026, pese a un alto el fuego vigente, los enfrentamientos siguen en el este del país. Además, se alerta sobre el uso sistemático de la violencia sexual como arma de guerra, con graves consecuencias sociales a largo plazo.
A mediados de octubre surgió una nueva coalición político-militar denominada «Frente para la Refundación de la Nación» (FRN), cuya creación sigue generando divisiones. En este contexto, diversos grupos armados continúan atacando las posiciones del FRN en Kivu del Norte; también se han registrado enfrentamientos en Kivu del Sur, lo que aumenta el riesgo de nuevos desplazamientos y de flujos de refugiados hacia los países vecinos.
En las últimas semanas de octubre de 2026 al menos 50.000 personas han sido desplazadas del asentamiento de desplazados internos de Rhoe, en la provincia de Ituri, debido a los frecuentes combates y a la inseguridad. El desplazamiento forzoso dificulta enormemente el rastreo de contactos y la vigilancia médica, al tiempo que restringe el acceso físico del personal sanitario de emergencia a las comunidades afectadas.
Las necesidades de financiación siguen siendo elevadas en toda la región, ya que solo cuenta con el 22 % de la financiación prevista para 2026, mientras que la infraestructura está sobrecargada y el acceso a los servicios básicos sigue siendo limitado para las personas desplazadas y las comunidades de acogida.
La inestabilidad en la región dificulta las operaciones humanitarias, pero ACNUR y sus socios continúan trabajando para proteger a las comunidades desplazadas. Se realizan acciones como la formación de líderes comunitarios para promover la convivencia pacífica, la identificación de casos de violencia sexual y protección infantil, y el apoyo médico y psicosocial a las víctimas. También se avanza en el registro civil y la entrega de asistencia en efectivo a desplazados internos.
En cuanto a este brote de ébola, ACNUR sigue capacitando a trabajadores sanitarios y promotores de higiene —allí donde el acceso humanitario lo permite— con el fin de mejorar la prevención, el control de infecciones y los sistemas de alerta rápida, lo que incluye actividades de sensibilización sobre el ébola en Kivu del Norte. Las prioridades de ACNUR en RDC incluyen la protección, la prevención y el control de infecciones, la vigilancia y la participación comunitaria en contextos de desplazamiento. Las actividades incluyen el rastreo de contactos, la desinfección, el suministro de estaciones de lavado de manos y materiales de higiene, y campañas de sensibilización.
Además, mantiene una comunicación activa con los países vecinos para mejorar los sistemas de vigilancia y control fronterizos, al tiempo que aboga por mantener abiertas las rutas de asilo.
Al mismo tiempo, ACNUR respalda procesos de retorno voluntario a gran escala en diversos contextos de refugiados, apoyando tanto el regreso de refugiados congoleños como la repatriación de refugiados acogidos en la RDC. Con la reciente llegada de más de 1.000 congoleños procedentes de Burundi, el número total de refugiados congoleños que han regresado desde principios de año se acerca ya a los 78.000, tanto a través de movimientos de retorno organizados como espontáneos. Paralelamente, continúa la repatriación voluntaria de refugiados burundeses y ruandeses que regresan desde la RDC.