El conflicto en Oriente Medio que comenzó el 28 de febrero continúa a pesar del alto el fuego provisional declarado el 7 de abril entre Estados Unidos, Israel e Irán tras una mediación diplomática liderada por Pakistán. La situación en la zona es muy volátil en un contexto de inseguridad, presiones económicas, desplazamientos persistentes y nuevas víctimas civiles.
En Irán, las autoridades estatales informan de que el número de personas fallecidas ha superado las 3.000. El 14 de abril, Israel y Líbano mantuvieron sus primeras conversaciones diplomáticas, mientras se sucedían ataques aéreos en el sur del Líbano y el oeste de Bekaa. Según las autoridades libanesas, estas hostilidades han provocado al menos 2.089 víctimas civiles desde principios de marzo.
Esta escalada de hostilidades también está aumentando la vulnerabilidad tanto de la población local como de las personas refugiadas que viven en una región que ya acogía a más de 24 millones de personas desplazadas por la fuerza y retornadas. Además el hacinamiento y el acceso limitado a zonas de difícil alcance están incrementando los riesgos de protección, especialmente en niños, mujeres y otros grupos vulnerables.
Las necesidades humanitarias continúan y ACNUR está al frente de la ayuda humanitaria y la protección para la población desplazada por esta crisis.
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Bombardeos en Beirut. Foto: © ACNUR/Houssam Hariri.Oriente Medio abarca una extensa y compleja región que incluye países como Turquía, Siria, Líbano, Israel, Palestina, Jordania y Egipto, además de otros situados en el Golfo Pérsico y el sur de Asia, como Arabia Saudita, Irán, Irak, Emiratos Árabes Unidos, y en ocasiones Afganistán y Pakistán. Hoy, esta zona vive una de sus mayores inestabilidades en años.
En Irán, las autoridades gubernamentales informan de que, aproximadamente, 3,2 millones de personas (unas 800.000 familias) han sido reubicadas internamente, con un 75% concentrado en Teherán. Un 60% de la población desplazada son mujeres y niños. Muchas personas se alojan en espacios temporales como escuelas, alojamientos colectivos y pabellones deportivos, donde el hacinamiento está provocando problemas de acceso al agua. En algunas zonas, casi el 17% de la población carece de acceso a agua potable.
Las restricciones de movimiento, la presión económica y la preocupación por la seguridad afectan tanto a la población iraní como a familias refugiadas, y es que Irán acoge desde hace tiempo a 1,65 millones de personas obligadas a huir, principalmente de Afganistán.
En Líbano, más de un millón de personas son desplazadas internas de las cuales un 35 % son niños y niñas, con 140.700 personas registradas en 684 centros colectivos, la mayoría saturados. Las condiciones siguen siendo extremadamente difíciles, especialmente fuera de los centros colectivos y en áreas con acceso limitado.
Los movimientos de población continúan en toda la región. En Turquía, entre el 3 de marzo y el 13 de abril, más de 105.000 personas iraníes entraron en el país, el 52% en familia. Los niveles de movilidad continúan por debajo de los niveles previos al conflicto. En el mismo periodo, unas 43.900 personas libanesas cruzaron hacia Siria.
Desde el inicio de la crisis, cerca de 236.800 personas sirias procedentes del Líbano y más de 65.800 personas afganas procedentes de Irán han retornado a sus países de origen. Las personas afganas señalan como prioridades la asistencia económica, los artículos básicos de socorro y la vivienda. Las personas sirias destacan como sus principales preocupaciones la vivienda y el alojamiento, la alimentación y nutrición y el empleo.
ACNUR está respondiendo en todos los países afectados por esta crisis, trabajando en estrecha colaboración con las autoridades, los organismos de la ONU y los socios humanitarios. Además, se ha reforzado su capacidad para movilizar personal experimentado, ampliar operaciones y coordinar acciones humanitarias en toda la región. El objetivo es claro: proteger a la población civil y asegurar asistencia donde y cuando sea necesaria. Así ayuda ACNUR en estos países: