La educación de las niñas refugiadas: un arma poderosa para el cambio social

Educación de las niñas refugiadas

Un año más en la escuela puede suponer un incremento del 20 % en las ganancias de una mujer, según la UNESCO.

La educación no solo protege a las niñas refugiadas de peligros como el matrimonio infantil, la violencia o la explotación, sino que transforma sus vidas de una manera profunda, la de sus familias y la de sus comunidades. Cuanto más lejos lleguen en su formación, mayores serán los beneficios para la sociedad. Sin embargo, muchas se están quedando atrás por falta de recursos. ¡Colabora!

La educación de las niñas refugiadas:

Empodera

Permite a las niñas desarrollar habilidades de liderazgo, emprendimiento, autosuficiencia y resiliencia. Al aprender cuáles son sus derechos y cómo reclamarlos, las niñas refugiadas se empoderan.

Protege

Para las niñas refugiadas la educación es una herramienta de protección. Reduce la vulnerabilidad a la explotación, la violencia sexual y de género, los embarazos en la adolescencia y los matrimonios infantiles.

Beneficia

Si todas las niñas refugiadas pudiesen recibir una educación, ellas, sus familias y sus comunidades tendrían más posibilidades de mejorar su situación económica y social.
 

La brecha de género persiste

Según el informe de ACNUR Ahora les toca a ellas, los niños refugiados tienen el doble de posibilidades de acceder a educación que las niñas, que representan más de la mitad de la población en edad de escolarización.

Uno de los principales obstáculos para acceder a la educación es la falta de recursos para asumir es el coste de la matrícula, del material escolaral o del transporte. Pero las niñas refugiadas, además, se enfrentan a dificultades adicionales. Tienen que ir a buscar agua o combustible, cuidar de sus hermanos pequeños o de parientes mayores o encargarse de las tareas del hogar. Son responsabilidades que recaen principalmente sobre las niñas y que, en ocasiones, les impide ir a la escuela.

Si continuamos descuidando la educación de las niñas refugiadas, las consecuencias se sentirán durante generaciones. Ha llegado el momento de hacer de la educación de las niñas refugiadas una prioridad.
Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los refugiados.

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Por qué es importante la educación de las niñas refugiadas

De acuerdo con la UNESCO, si todas las niñas terminaran la escuela primaria, el matrimonio infantil se reduciría en un 14%. Si todas ellas finalizaran la educación secundaria, la cifra se desplomaría un 64%. La educación es especialmente importante para las mujeres y las niñas refugiadas, ya que enfrentan los mayores riesgos del desplazamiento forzado.

La escuela proporciona rutina, normalidad y objetivos y constituye un espacio libre de las presiones y las cargas de la vida refugiada, algo que resulta muy importante para todos los niños y las niñas, pero sobre todo para las niñas, ya que, además, son más vulnerables a la explotación y la violencia sexual y de género.

Educación secundaria mujeres refugiadas

Djawahir tiene 24 años. En la foto, sostiene a su bebé Houssni en el campo de refugiados de Kounoungou, al este de Chad. Djawahir cursa su último año de enseñanza secundaria en la escuela del campo. Como madre joven, ha podido continuar sus estudios gracias a una guardería que hay en Kounoungou, construida por ACNUR y el Servicio Jesuita a Refugiados. Allí cuidan a los hijos de profesores y estudiantes para que puedan ir al colegio. Todas las mañanas, antes de asistir a clase, Djawahir puede dejar a Houssni en la guardería mientras sus otros dos hijos van a la escuela primaria y al jardín de infancia.

Hay guarderías en 12 campamentos en el este de Chad, que ayudan a unas 320 madres a continuar su educación y a otras 30 a continuar sus carreras docentes. Se trata de un servicio vital. El impacto de la educación en la vida de las niñas es abrumadoramente positivo. Según un estudio del Banco Mundial, cada año adicional de escuela puede aumentar el poder adquisitivo futuro de una niña hasta en un 20 %. Sin embargo, en todo Chad, miles de niñas abandonan la escuela cada año debido al matrimonio precoz y al embarazo.

Las muertes por diarrea representan la tercera causa más frecuente de mortalidad infantil. Si todas las madres concluyeran la educación primaria, se reducirían un 8%, y un 30% si completaran la educación secundaria, según la UNESCO. Estos peligros se agravan en los campos de refugiados por la falta de medidas de higiene. Cuanta más educación reciben las mujeres y niñas refugiadas, más conscientes son de los beneficios de la nutrición y el saneamiento.