Cualquier persona puede ser víctima de violencia sexual pero, cuando eres mujer o niña, el riesgo se multiplica de forma exponencial.
¿Cómo y por qué te contamos esto?
Cuando estalla un conflicto la huida inmediata es en muchas ocasiones la única vía para evitar la muerte. En el camino hacia un lugar seguro, como un campo de refugiados que ACNUR, pueden suceder y suceden cosas terribles y la violación como arma de guerra.
¿Por qué? Porque la violencia sexual se utiliza para marcar a una generación, a través del abuso sobre sus mujeres y niñas, que quedan estigmatizadas, se busca romper los vínculos entre las comunidades y minar moralmente a la población.
El 70% de las mujeres en conflictos, guerras y crisis humanitarias experimentan violencia de género.
ACNUR trabaja cada día para prevenir la violencia, protegerlas y asistirlas. Gracias a la ayuda de nuestros donantes, ofrecemos:
Toda ayuda cuenta, cada euro suma para ayudar a estas mujeres y niñas que gritan #NOSOYUNARMA
Rose fue víctima de violencia sexual por parte de las fuerzas de seguridad cuando huía de los ataques insurgentes en el distrito de Nangade, en Mozambique, con sus seis hijos y otras mujeres.
Rose sabe que contar su experiencia es dar voz a otras víctimas: "Los soldados patrullaban la zona y se aprovecharon de la situación, de que estábamos solas y asustadas. Nos desnudaron y nos golpearon físicamente, sin piedad. Abusaron sexualmente de nosotras. Nos violaron. Cuando acabaron con nosotras, huimos desnudas y expuestas".
Pero esta agresión no fue el final de su sufrimiento.
Rose logró llegar a un asentamiento para personas desplazadas en su país, donde encontró a sus hijos y su marido. No fue el final feliz que todos esperaríamos tras un trauma semejante.
Su marido la abandonó cuando se enteró de que había sido violada.
Y así, con vestidos rotos, se marca a la siguiente generación y se crean nuevas víctimas.
Hoy Rose, de 45 años, vive en uno de los campos para personas desplazadas del norte de Mozambique.
Con el apoyo del ACNUR, Rose está reconstruyendo lentamente su vida.
Gracias a los programas de ayudas a mujeres refugiadas, Rose ahora cultiva y vende cacahuetes. Mujer incansable pese a lo sufrido, esta mujer emprendedora también ha montado un pequeño negocio de jabones. Ambas actividades le permiten obtener ingresos con los que puede mantener a sus hijos.
"Intento seguir adelante por mis hijos, ellos son los que me dan fuerzas. Tengo que darles lo que necesitan. Por ellos también tengo mi pequeño negocio de jabones, por ellos sigo viviendo."
Rose
Miles de mujeres y niñas refugiadas y desplazadas son víctimas de violaciones sistemáticas utilizadas como estrategia de terror, opresión y destrucción de comunidades.
La violación como arma de guerra no puede seguir siendo ignorada. Como tampoco la necesidad de proteger a estas mujeres, de brindarles un refugio seguro, fuera de peligro.
ACNUR pone el foco en las mujeres refugiadas, desplazadas forzosamente y apátridas trabajando para ofrecerles la asistencia, el apoyo y la protección que necesitan.
También se encarga de garantizar albergues seguros para que tengan la privacidad necesaria, establecer sistemas de distribución de alimentos justos, instalaciones sanitarias separadas. Ayudan a las mujeres a mejorar sus habilidades de liderazgo, traspasar las barreras de la educación y por tanto, a que tengan más oportunidades tanto ellas como sus hijos, familias y comunidades y no tengan que enfrentarse a la marginación social.
#NOSOYUNARMA