La violencia en la República Democrática del Congo no cesa y la seguridad sigue siendo extremadamente inestable.
Desde que se intensificaron las hostilidades en diciembre de 2025, más de 500.000 personas se han visto obligadas a desplazarse internamente en el este del país. Las familias huyen traumatizadas, con cicatrices físicas y psicológicas, y muchas denuncian haber sufrido abusos —incluidos sexuales— durante su huida.
A la violencia se suman otros problemas graves: la inseguridad alimentaria aguda y los brotes de cólera en comunidades desplazadas, agravados por la escasez de suministros médicos y desabastecimiento en los centros de salud, además del limitado acceso para el reabastecimiento.
La situación es devastadora. Puede que República Democrática del Congo no sea un conflicto tan visible, pero su población necesita ayuda urgente.
Para comprender el contexto de la República Democrática del Congo (RDC) hay que explicar que es un país que lleva décadas de conflictos que han arrastrado a la población a una situación de vulnerabilidad y necesidad de asistencia humanitaria. Este es el resumen de lo que ha pasado en 2025:
La vigilancia del Grupo Sectorial de Protección, dirigida por ACNUR, sigue documentando violaciones generalizadas de derechos humanos en el este de la RDC. Se reportan extorsiones, saqueos, secuestros y violencia sexual, mientras continúa el reclutamiento de niños por parte de grupos armados. Muchas mujeres y niñas sufren agresiones sexuales durante su huida y, en ocasiones, se ven obligadas a recurrir al trabajo sexual para sobrevivir.
Las personas desplazadas enfrentan necesidades urgentes, especialmente en protección y salud, con acceso limitado a alimentos, agua y saneamiento. Algunas arriesgan su vida cruzando el lago Tanganica en embarcaciones inseguras, lo que ha provocado ahogamientos.
La violencia ha generado saqueos, heridas, interrupciones en servicios esenciales y desplazamientos masivos. La capacidad de acogida está desbordada y los servicios básicos colapsados. Muchas de las personas que huyen cruzan la frontera de los países vecinos y llegan a Burundi, Uganda y Ruanda.
Además, más de 28 millones de personas sufren actualmente inseguridad alimentaria aguda, la cifra más alta jamás registrada en el país. Por otro lado, el este del país enfrenta múltiples emergencias sanitarias simultáneas, como brotes de cólera, Mpox y sarampión.

La inestabilidad en la región dificulta las operaciones humanitarias, pero ACNUR y sus socios continúan trabajando en Kivu del Norte y Kivu del Sur para proteger a las comunidades desplazadas. Se realizan acciones como la formación de líderes comunitarios para promover la convivencia pacífica, la identificación de casos de violencia sexual y protección infantil, y el apoyo médico y psicosocial a las víctimas. También se avanza en el registro civil y la entrega de asistencia en efectivo a desplazados internos.
En Burundi y Uganda, los refugiados congoleños son trasladados a los campos, aunque persisten necesidades urgentes de agua, saneamiento, alojamiento y educación. En Burundi, la llegada masiva de personas ha desbordado la capacidad del campo de Bweru, que además enfrenta un brote de cólera con más de un centenar de casos, agravado por la falta de agua potable y suministros médicos.
A pesar de los desafíos, se han intensificado los esfuerzos: el Programa Mundial de Alimentos distribuye alimentos, aunque con raciones reducidas, y se han instalado almacenes para garantizar el abastecimiento. Mientras tanto, los convoyes de repatriación siguen suspendidos en Kivu del Sur por inseguridad, pero en Kivu del Norte más de 7.000 refugiados ruandeses lograron regresar voluntariamente en 2025.