Sudán necesita ayuda Sudán necesita ayuda

Sudán necesita ayuda

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Tres años después del estallido de la guerra, Sudán sigue siendo la mayor crisis de desplazamiento del mundo y en la emergencia humanitaria más grave.

La situación de seguridad y protección sigue siendo extremadamente precaria, especialmente en Darfur y Kordofán, donde los continuos enfrentamientos, los ataques aéreos y con drones, siguen poniendo en peligro a la población civil y provocando desplazamientos. El acceso humanitario es cada vez más limitado.

Este conflicto ya ha dejado más de 12 millones de personas desplazadas. La mayoría de ellas son mujeres y niños que huyen de la violencia en busca de un lugar seguro. Y cuando logran llegar lo hacen deshidratadas, desnutridas, heridas y profundamente traumatizadas por haber sido testigos de verdade12ras atrocidades como matanzas masivas.

Millones de personas necesitan protección y asistencia humanitaria de forma urgente. ACNUR está brindando toda la ayuda posible, pero se necesitan más medios para poder seguir adelante, tanto en Sudán como en los países vecinos que están acogiendo a las personas que huyen.

Por favor, colabora ahora y envía ayuda, cada gesto cuenta.

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Las cifras del conflicto:

12 millones

de personas desplazadas forzosamente.

6,8 millones

de personas desplazadas internas en Sudán.

4,5 millones

de personas refugiadas en los países vecinos.

¿Qué está pasando en Sudán?

Desde el estallido del conflicto entre el ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en abril de 2023, Sudán atraviesa una de las peores crisis humanitarias del mundo, con más de 12 millones de personas desplazadas.

A finales de octubre de 2025, las RSF irrumpieron en El Fasher, la capital regional, tras 18 meses de asedio. Miles de personas consiguieron huir pero muchas permanecen atrapadas en la ciudad, sin poder salir debido a los prohibitivos precios del transporte, las exigencias de rescate y la falta de un paso seguro.

En 2026, la violencia persiste en gran parte de Darfur, Kordofán y el estado del Nilo Azul. En las últimas semanas, el aumento del uso de bombardeos aéreos y drones ha obligado a más personas a huir. Eso provoca el hacinamiento de los campos de desplazados internos y el acceso a alimentos, artículos de primera necesidad y atención médica sigue siendo extremadamente limitado. Las mujeres, que constituyen aproximadamente el 70% de la población desplazada, se ven obligadas a realizar trabajos peligrosos, dejando a sus hijos sin atención y aumentando los riesgos generales de protección.

Las personas que huyen llegan, en su mayoría, desnutridas, deshidratadas y traumatizadas, tras sufrir o presenciar graves violaciones de derechos humanos como violencia sexual relacionada con el conflicto, el reclutamiento forzoso, violaciones, secuestros, detenciones arbitrarias, masacres y otros abusos graves. Además, según el Plan de Respuesta y Necesidades Humanitarias del Grupo Temático de Protección de Sudán, se han reportado cerca de 51.000 muertes de civiles desde abril de 2023.

El colapso de los sistemas de salud, las fuerzas del orden y los mecanismos de justicia ha creado un clima de impunidad generalizada. Además, millones de niños y niñas han pasado ya tres años de su infancia desplazados, con profundas y duraderas consecuencias para su bienestar y desarrollo. La mayoría ha tenido poco o ningún acceso a la educación.

Foto: © ACNUR/ Antonia Vadala.

La violencia en Sudán ha provocado que más de 4,5 millones de personas huyan a países vecinos que, pese a su falta de recursos, mantienen sus fronteras abiertas. Las comunidades locales comparten lo poco que tienen, mientras la población civil continúa pagando el precio más alto de un conflicto que no muestra señales de terminar. Chad acoge hoy el mayor número de refugiados sudaneses, aunque también se han registrado llegadas a Egipto, Sudán del Sur, Etiopía, Libia, la República Centroafricana y Uganda.

Además, la emergencia humanitaria se agrava con una crisis alimentaria catastrófica: más de la mitad de la población padece hambre extrema, y el número de niños que necesitan ayuda humanitaria se ha duplicado este año, alcanzando los 15 millones. Además, las tasas de desnutrición, la escasez de agua y los daños en las infraestructuras han aumentado la amenaza de brotes epidémicos.

A la violencia y al colapso sanitario se suman los efectos del cambio climático, con sequías e inundaciones recurrentes que destruyen cosechas y provocan nuevos desplazamientos.

La respuesta de ACNUR

ACNUR trabaja desde el inicio del conflicto con gobiernos de acogida y socios para entregar ayuda y protección a las personas afectadas por este conflicto.

En Tawila, región a la que están acudiendo miles de personas desplazadas, ACNUR y sus socios siguen gestionando mostradores de protección y derivando a los recién llegados a los servicios adecuados.

En Chad, ACNUR sigue prestando apoyo vital, incluyendo el registro, la distribución de artículos básicos de primera necesidad (bidones, mosquiteras, utensilios de cocina, jabón, mantas y colchonetas), exámenes médicos, servicios de derivación para supervivientes de violencia de género y asistencia para personas con necesidades específicas.

A pesar de la inseguridad y los obstáculos burocráticos, ACNUR sigue brindando apoyo vital a quienes lo necesitan en Sudán y en los países vecinos, pero la falta de financiación sigue siendo un gran problema. Por eso, es urgente avanzar hacia la paz o, como mínimo, garantizar una respuesta humanitaria y de desarrollo adecuadamente financiada que permita a la población sudanesa vivir con dignidad y seguridad.

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