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Tres historias de superación protagonizadas por refugiados

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Tiempo estimado de lectura: 3 minutos.

La lucha contra las adversidades está presente en todas las sociedades del mundo, pero en el caso de los refugiados, sus historias de superación se vuelven aún más épicas. Estas tres personas lograron sobreponerse a sus problemas personales en las circunstancias más complicadas, alejados de su hogar y de su familia.

 

Tameru (Etiopía)

«Cuando nací, mi madre dijo que estaba maldito y portaba al diablo por mi discapacidad», declara Tameru, un joven etíope que nació con una malformación en los pies que le impedía andar. «Mi abuelo me salvó la vida. Decía que todo ser humano tenía derecho a dos cosas: vivir y tener sueños».

El sueño de Tameru fue el de superar su discapacidad y lo hizo gracias a sus impresionantes dotes atléticas. Todos los días, se despertaba a las cinco de la mañana y entrenaba su cuerpo hasta desarrollar la capacidad de caminar sobre sus brazos apoyados en las muletas.

Desgraciadamente, la progresión de Tameru se vio interrumpida por la inestabilidad política de su país y tuvo que refugiarse en Alemania. Lejos de abandonar sus sueños, Tameru siguió entrenando hasta que logró establecer un récord mundial: recorrió 76 metros en un minuto caminando sobre sus brazos apoyados en dos muletas.

Hany (Siria)

Cuando tenía 22 años, Hany llevaba tres viviendo en un campo de refugiados en Jordania junto a su familia. Habían abandonado la ciudad siria de Homs al comienzo de la guerra. Con su cámara fotográfica, plasmó las vivencias de los refugiados en el campo y la lucha para salir adelante tras haber dejado toda su vida atrás.

Pero Hany no es un fotógrafo cualquiera, aunque a simple vista sea imposible darse cuenta de su peculiaridad. «Desde que era un niño me di cuenta de que no podía ver como los demás. Tengo un problema en la vista llamado nistagmo. Solo puedo ver en primer plano. Legalmente, soy ciego», declara Hany, cuyo problema visual le impide enfocar a nada que esté a más de 10cm de distancia de sus ojos.

Las lentes de la cámara se han convertido en los ojos de Hany y, gracias a esta enfermedad, su familia y él lograron entrar en un programa de refugiados del Gobierno de Canadá. Ahora viven en la ciudad de Regina y, aunque la enfermedad de Hany no es curable, este joven sirio está convencido de querer seguir adelante con su carrera como fotógrafo y sentencia: «Todos nosotros soñamos una misma cosa: el derecho a un futuro, allí donde estemos».

Nakout (Sudán del Sur)

Nakout no tiene cumpleaños. En sus documentos temporales de viaje su nacimiento viene registrado el 1 de enero de 1979, pero es una fecha arbitraria. Sabe que nació en el actual territorio de Sudán del Sur hace 35 o 36 años y también que fue una esclava sexual durante 12 años bajo el control del Ejército de Resistencia del Señor.

Hasta 2003 llevó una vida tranquila en el norte de Uganda, en el Distrito de Soroti, junto a su marido Akollo y sus dos hijos. Ese año, su pueblo fue atacado y su marido fue asesinado. A ella la secuestraron y la sometieron a todo tipo de vejaciones durante años. En ese periodo, contrajo el VIH.

Nakout es, ante todo, una superviviente. «Solo ser violada hasta la muerte, esto es lo que esperaba de mi vida», declara ahora Nakout, que es reclamante de asilo en Grecia. En 2014, sin embargo, logró escapar de sus captores y puso rumbo a Europa. Ahora, su sueño es recibir tratamiento en Grecia y poder buscar una fecha para celebrar su cumpleaños: «El día que logre asentarme, lo celebraré».

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