El poder transformador de una beca DAFI El poder transformador de una beca DAFI

El poder transformador de una beca DAFI

21 de octubre, 2026

Tiempo de lectura: 8 minutos

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Para la juventud refugiada y desplazada, acceder a la educación superior es una batalla contra viento y marea. Son muchos los jóvenes que quieren seguir estudiando y luchando por tener un futuro mejor, pero no siempre encuentran la oportunidad de hacerlo.

Según el Informe Anual sobre Educación de las Personas Refugiadas 2026 de ACNUR, ha habido ciertos avances en la educación superior pero todavía queda mucho por hacer. En 2025 la tasa de matriculación de personas refugiadas en estudios superiores alcanzó un máximo histórico del 11 %, frente al 9 % registrado el año anterior. Por primera vez, más de 450.000 personas refugiadas cursaban estudios superiores, la cifra más alta jamás documentada.

Muchos de estos jóvenes cursan sus estudios superiores gracias a las becas DAFI de ACNUR que ofrecen a los y las jóvenes refugiadas la posibilidad de estudiar, aprender, de lograr independencia, pero, sobre todo, de tener un futuro digno. El futuro que merecen.

La oportunidad que cambió el rumbo de Sandra

Aya Sandra Utan, camerunesa de 25 años, llegó a Nigeria como refugiada en 2017. El futuro que siempre había imaginado para sí misma parecía haberse desvanecido. Tenía sueños, planes y un fuerte deseo de continuar con sus estudios. Sin embargo, la realidad era muy distinta. Tuvo que centrar todos sus esfuerzos en sobrevivir y ayudar a sus hermanos. Mientras, veía como sus posibilidades de acceder a la educación se iban reduciendo y se sumaban grandes dificultades para, incluso, cubrir sus necesidades más básicas.

Foto: © ACNUR/Etinosa Yvonne.

Hubo días en los que no tenía suficiente comida. Como tantas otras personas refugiadas, aceptó cualquier trabajo que pudiera encontrar. Uno de ellos fue como empleada doméstica. Sin embargo, aquella experiencia terminó convirtiéndose en una pesadilla: sufrió violencia por parte de su empleador y se vio obligada a huir para protegerse y empezar de nuevo.

A pesar de todo, Sandra no renunció a sus aspiraciones. Durante años siguió adelante cargando con la incertidumbre, el miedo y las dificultades de una vida marcada por el desplazamiento forzado. Aunque las puertas parecían cerradas, se negó a abandonar la esperanza de estudiar y construir un futuro mejor.

Entonces apareció una oportunidad inesperada. Un día vio un anuncio sobre las becas DAFI, el programa de ACNUR que permite a jóvenes refugiados acceder a estudios superiores. Decidió presentar su solicitud sin saber que aquella decisión transformaría por completo su vida. Cuando recibió la noticia de que había sido seleccionada, apenas podía creerlo: "Sentí que mi sueño se hacía realidad. Toda la decepción, el dolor y la vergüenza que llevaba dentro empezaron a desaparecer. Volví a sentir alivio. Volví a sentir felicidad".

Gracias a la beca, Sandra pudo retomar el camino que la guerra y el desplazamiento habían interrumpido. Hoy estudia Educación para la Salud en la universidad y mira al futuro con una nueva meta: especializarse en Salud Pública para ayudar a otras personas a través de su profesión.

Su historia demuestra que el talento, la inteligencia y la determinación no desaparecen cuando una persona se ve obligada a huir de su hogar. Sandra siempre tuvo la capacidad de alcanzar sus objetivos. Lo que necesitaba era una oportunidad.

¿En qué consiste el programa de becas DAFI?

El programa de becas DAFI (Iniciativa Académica Alemana Albert Einstein) nació en 1992 como una iniciativa educativa de ACNUR, gracias al apoyo del Gobierno alemán. Su objetivo es que jóvenes refugiados puedan acceder a estudios superiores, ya sea en la universidad o a través de formación profesional.

La beca cubre tanto los costes académicos como los de manutención. Esto incluye matrícula, tasas, materiales de estudio, cursos de idiomas e informática, así como gastos relacionados con prácticas o proyectos de investigación. También financia alojamiento, alimentación, transporte, atención sanitaria y otros gastos personales.

Además del apoyo económico, DAFI ofrece acompañamiento integral a los estudiantes mediante tutorías, programas de mentoría, formación complementaria, apoyo psicosocial y acceso a la plataforma Club DAFI, una red que favorece el intercambio entre estudiantes y graduados, el voluntariado, las oportunidades de empleo y las prácticas profesionales.

Los beneficiarios pueden elegir libremente su área de estudios, aunque reciben orientación para identificar aquellas opciones que mejor se ajustan a sus intereses y que puedan ampliar sus oportunidades laborales en el futuro.

Actualmente, el programa está presente en 58 países. Su implantación depende de diversos factores, entre ellos el número de personas refugiadas o desplazadas, la disponibilidad y calidad de la educación secundaria y superior, las políticas educativas nacionales, los costes asociados a los estudios y las perspectivas de empleo.

Desde su creación, el programa DAFI ha permitido que más de 27.200 jóvenes refugiados accedan a estudios superiores en más de 50 países. ACNUR aspira a ampliar este impacto y ofrecer oportunidades a muchos más estudiantes, pero para lograrlo es fundamental contar con una mayor financiación.

¿Cómo es el proceso de selección y cuánto dura la beca?

El proceso de selección es riguroso y consta de varias fases. Tras la presentación de la solicitud y la documentación requerida, se realiza una primera preselección de candidaturas. Las personas finalistas son entrevistadas por un comité de selección integrado por especialistas en educación de ACNUR y de sus organizaciones socias, representantes de universidades e instituciones académicas del país de acogida y, habitualmente, miembros del Ministerio de Educación u otras autoridades competentes.

A partir de la evaluación académica, el potencial de liderazgo, la situación de vulnerabilidad y la motivación de cada aspirante, se identifican los candidatos con mayor potencial para beneficiarse de la beca, que se asigna en función de las plazas disponibles en cada país.

En la mayoría de los casos, la beca DAFI cubre un periodo de hasta cuatro años. Su renovación se revisa anualmente y está vinculada al progreso académico del estudiante, así como a su participación activa en las actividades de apoyo y acompañamiento del programa. Para ello, ACNUR realiza un seguimiento individualizado y evalúa periódicamente el rendimiento de cada becado.

En situaciones excepcionales, y siempre después de ofrecer tutoría y apoyo personalizados, la beca podría suspenderse si no se cumplen los requisitos establecidos. Sin embargo, estos casos son muy poco frecuentes y suelen estar motivados por circunstancias externas ajenas a la voluntad del estudiante, frente a las que ACNUR procura brindar apoyo y soluciones. De hecho, la tasa de abandono del programa es de apenas un 2%, una cifra que refleja tanto el compromiso de los estudiantes como la eficacia del acompañamiento que reciben durante toda su trayectoria académica.

La importancia de la educación superior

Para una persona refugiada, acceder a la educación superior significa mucho más que obtener un título. Supone recuperar oportunidades, desarrollar su potencial y construir un futuro con mayor autonomía y estabilidad.

En primer lugar, la educación superior favorece el empoderamiento personal y social. Permite que las personas refugiadas se conviertan en profesionales, líderes, innovadores y agentes de cambio en sus comunidades. Gracias a la formación, pueden participar activamente en la búsqueda de soluciones, la consolidación de la paz y los procesos de reconstrucción de sus países y sociedades de acogida.

Además, constituye una de las vías más eficaces hacia la autosuficiencia económica. El acceso a estudios superiores amplía las oportunidades de empleo y emprendimiento, reduce la dependencia de la ayuda humanitaria y ayuda a recuperar la dignidad y la confianza tras la experiencia traumática del desplazamiento forzado.

La educación también tiene un importante efecto multiplicador. Los estudiantes y graduados refugiados se convierten en referentes para otros niños y jóvenes, demostrando que, incluso en circunstancias extremadamente difíciles, es posible reconstruir un proyecto de vida. Su ejemplo inspira a nuevas generaciones y refuerza el valor de la educación en las familias y las comunidades.

Por todo ello, las becas DAFI permiten que miles de jóvenes refugiados formen parte de la solución. Sin embargo, el acceso a la universidad sigue siendo un privilegio al alcance de muy pocos. Las desigualdades continúan siendo profundas. En más del 80 % de los países que aportaron datos, la tasa de matriculación de personas refugiadas en educación superior se mantuvo por debajo de la media nacional. La brecha es especialmente acusada en los países de renta baja y afectados por conflictos, donde solo el 2 % de las personas refugiadas accede a estudios superiores, frente al 13 % de la población local.

Las mujeres y niñas refugiadas enfrentan además obstáculos adicionales. Para ellas, la educación superior puede resultar especialmente transformadora, ya que les permite adquirir competencias, obtener cualificaciones profesionales y acceder a mejores oportunidades laborales, favoreciendo una mayor independencia económica y capacidad de decisión sobre sus propias vidas.

Consciente de este desafío, ACNUR se ha marcado el objetivo de que el 15 % de los jóvenes refugiados acceda a la educación superior antes de 2030. Para lograrlo, junto con sus socios continúa impulsando iniciativas como la ampliación de plazas universitarias, la formación profesional, las oportunidades de aprendizaje en línea, los programas de becas y las vías complementarias de acceso a estudios en terceros países.

Alcanzar esta meta requiere una mayor inversión, pero el retorno es incalculable: cada estudiante que accede a la educación superior no solo transforma su propia vida, sino que contribuye al desarrollo y bienestar de toda su comunidad.

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