En 1992 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo organizada en Río de Janeiro nació el Día Mundial del Agua que se celebra cada 22 de marzo. Esta fecha nos recuerda que el agua es esencial para la vida. La cantidad de agua dulce existente en la tierra es limitada, y su calidad está sometida a una presión constante.
En 2026, el tema del Día Mundial del Agua es "Donde fluye el agua, crece la igualdad". Este lema viene de que la crisis mundial del agua afecta a todas las personas, pero no de manera igual. Allí donde falta agua potable y saneamiento, las desigualdades aumentan, y mujeres y niñas soportan las peores consecuencias, ya que, son quienes recolectan y gestionan el agua, cuidan a quienes enferman y sacrifican su salud, tiempo y sus oportunidades. Aun así, suelen quedar excluidas de las decisiones y el liderazgo en la gobernanza del agua. Por eso, la crisis del agua tiene rostro de mujer.
Para cambiar esta realidad, es necesario un enfoque basado en los derechos, que reconozca la voz, la participación y el liderazgo de las mujeres en todos los niveles: desde el diseño de infraestructuras hasta las políticas públicas. Las mujeres deben liderar las soluciones hídricas como ingenieras, agricultoras, científicas, trabajadoras del saneamiento y líderes comunitarias.
Fortalecer la resiliencia frente al cambio climático y los riesgos relacionados con el agua exige que todas las personas participen: también hombres y niños, como aliados en la promoción del agua potable, el saneamiento y la igualdad de género.
Solo así los servicios de agua podrán ser verdaderamente inclusivos y permitir que mujeres y niñas vivan vidas más sanas, seguras y plenas, convirtiendo el agua en un motor de desarrollo sostenible y equidad. Y es que donde fluye el agua, crece la igualdad y la participación equitativa de las mujeres mejora la sostenibilidad, eficacia e inclusión de los sistemas hídricos.

Una buena gestión de los recursos hídricos es fundamental para garantizar el abastecimiento y la calidad del agua. El cambio climático, las sequías, la escasez de agua en muchas partes del planeta, el aumento de la población, los cambios en la demografía y la urbanización suponen un desafío para el sistema de abastecimiento.
El acceso al agua es un derecho humano, y como tal debe ser:
Las consecuencias de la escasez de agua son graves y afectan a todos los continentes, podemos destacar las siguientes:
Por desgracia, millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable y las personas desplazadas y refugiadas son especialmente vulnerables ante este problema. Estas son las consecuencias para la población refugiada:
El agua contaminada puede transmitir enfermedades como la diarrea, el cólera, la disentería, la fiebre tifoidea y la poliomielitis. Por ejemplo, se estima que unas 842.000 personas mueren cada año de diarrea como consecuencia de la insalubridad del agua. Y es que unas 2000 millones de personas se abastecen de una fuente de agua potable contaminada por heces.
Según la Organización Mundial de la Salud, estas son las tres prioridades máximas con respecto al agua potable y al saneamiento en situaciones de emergencia:
ACNUR trabaja para que todos las personas refugiadas y desplazadas tengan acceso al agua potable en cantidades suficientes para poder llevar una vida digna en los campos de refugiados.
Reducir los riesgos para la salud y promover unas condiciones de vida digna son los principales objetivos del trabajo de ACNUR en materia de agua y saneamiento.