Desde el inicio de la escalada de violencia en marzo de 2026, la mayoría de las personas desplazadas por los ataques aéreos y la inseguridad en el Líbano regresan a sus lugares de origen. Sin embargo, la destrucción de viviendas, la falta de servicios básicos y los nuevos episodios de inseguridad mantienen abierta una de las crisis humanitarias más complejas de la región.
ACNUR alerta de que las necesidades humanitarias siguen siendo enormes y que la falta de financiación amenaza los esfuerzos de recuperación.
Según estimaciones de organismos humanitarios, alrededor de 860.000 personas han regresado a sus lugares de origen tras verse obligadas a abandonar sus hogares durante meses de ataques aéreos e inseguridad. Aun así, cerca de 360.000 personas continúan desplazadas en distintas zonas del país. De ellas, aproximadamente 22.000 permanecen en alojamientos colectivos, mientras que muchas otras dependen de familiares, amistades o viviendas de alquiler ya saturadas para encontrar refugio.
ACNUR advierte de que el retorno de la población no significa el final de la emergencia. Por el contrario, muchas familias que regresan encuentran viviendas parcialmente destruidas o completamente inhabitables, además de una grave carencia de servicios esenciales como agua potable, electricidad y atención sanitaria.
La situación se ha visto agravada en los últimos días por nuevos ataques aéreos registrados en el sur del país, pese a los acuerdos de alto el fuego vigentes. Estos incidentes provocaron una nueva ola de desplazamientos, obligando a cientos de familias a huir nuevamente hacia el norte en busca de seguridad.
La persistencia de episodios de violencia refleja la fragilidad del contexto de seguridad en el país. Aunque la intensidad del conflicto ha disminuido respecto a los momentos más críticos, las operaciones militares, las restricciones a la movilidad y la presencia de restos explosivos de guerra siguen condicionando la vida cotidiana en amplias zonas del sur del Líbano y en la región de la Bekaa.
Durante el momento más intenso de la crisis, más de un millón de personas llegaron a estar desplazadas dentro del territorio libanés. Muchos de quienes han regresado continúan realizando visitas periódicas a sus localidades antes de tomar una decisión definitiva sobre su retorno. Otras familias alternan entre las zonas de desplazamiento y sus comunidades de origen según evoluciona la situación de seguridad.
Esta realidad ha hecho que la diferencia entre quienes han retornado y quienes siguen desplazados sea cada vez más difusa. Para numerosas familias, regresar no implica necesariamente volver a una situación de estabilidad, sino instalarse temporalmente lo más cerca posible de sus pueblos mientras esperan la retirada de escombros, la reparación de viviendas y el restablecimiento de los servicios básicos.
La proximidad del inicio del curso escolar supone un nuevo desafío para las autoridades locales y las organizaciones humanitarias. Muchos de los alojamientos colectivos utilizados para acoger a personas desplazadas se encuentran en escuelas públicas que deben prepararse para recibir a los estudiantes. Los municipios afectados por el conflicto han solicitado soluciones temporales de alojamiento que permitan evitar nuevos desplazamientos y mantener a las familias cerca de sus comunidades.
A medida que el país intenta avanzar hacia la recuperación, las necesidades humanitarias siguen siendo enormes. Los daños se extienden a viviendas, escuelas, centros sanitarios, tierras agrícolas, redes eléctricas e infraestructuras comunitarias, dificultando cualquier perspectiva de recuperación rápida.
Uno de los problemas más graves afecta al acceso al agua. Se estima que más de 700.000 personas sufren las consecuencias de los daños provocados en las infraestructuras hídricas en diversas zonas del sur del Líbano. Esta situación demuestra que el regreso a las comunidades no garantiza unas condiciones de vida dignas ni sostenibles.
El Gobierno del Líbano ha desarrollado un “Marco nacional para el retorno, la recuperación temprana y el restablecimiento de los servicios esenciales”. El plan contempla medidas para eliminar municiones sin explotar, retirar escombros, reparar infraestructuras críticas, rehabilitar viviendas dañadas y promover la reconstrucción de las zonas afectadas.
ACNUR desempeña un papel clave en estos esfuerzos junto a otras agencias humanitarias y organizaciones locales. La respuesta humanitaria desarrollada durante los últimos meses ha permitido alcanzar a cientos de miles de personas. ACNUR y sus socios han proporcionado servicios de protección, protección infantil y atención especializada para casos de violencia de género a más de 420.000 personas en todo el país, incluyendo a más de 171. 000 personas que reciben apoyo psicosocial y de salud mental. Este tipo de asistencia resulta especialmente importante en un contexto marcado por el trauma de la guerra, los desplazamientos repetidos y la incertidumbre sobre el futuro.
Asimismo, ACNUR y sus colaboradores han distribuido artículos básicos de primera necesidad a más de 191.000 personas. Paralelamente, se han completado trabajos de reparación en 447 albergues colectivos utilizados para acoger a población desplazada.
No obstante, las organizaciones humanitarias alertan de que la continuidad de estas operaciones está seriamente amenazada por la insuficiencia de fondos. En 2026, ACNUR solo ha recibido el 24 % de los 472,3 millones de dólares que requiere para atender las necesidades previstas.
Ante este panorama, la organización insiste en que Líbano no ha entrado todavía en una etapa de poscrisis. La combinación de desplazamiento prolongado, inseguridad persistente, daños generalizados en infraestructuras y escasez de recursos mantiene a cientos de miles de personas en una situación de extrema vulnerabilidad.
ACNUR subraya que las familias desplazadas desean regresar a sus hogares tan pronto como sea posible, pero advierte de que los retornos solo podrán consolidarse si van acompañados de apoyo humanitario sostenido, reconstrucción, rehabilitación de servicios esenciales y mejoras significativas en las condiciones de seguridad. Sin estos elementos, miles de personas seguirán enfrentándose a enormes dificultades para reconstruir sus vidas y recuperar unos medios de subsistencia que la guerra ha dejado profundamente dañados.