La situación en Yemen vuelve a deteriorarse. Una nueva escalada de los combates en la costa occidental del país está provocando desplazamientos masivos de población y empujando a miles de familias a abandonar sus hogares en busca de seguridad.
Tras más de una década de conflicto, Yemen continúa siendo una de las mayores crisis humanitarias del mundo. Ahora, el recrudecimiento de la violencia en algunas zonas del país está obligando a decenas de miles de personas a huir una vez más, muchas de ellas después de haber sido desplazadas anteriormente por la guerra.
Familias enteras emprenden el camino de huida con lo poco que pueden cargar. Más de 100.000 personas se han desplazado en busca de refugio dentro del país mientras otros miles intentan cruzar el mar hacia Yibuti en embarcaciones precarias. Se estima que unas 2.400 personas refugiadas han emprendido estas peligrosas travesías marítimas a través del estrecho de Bab el-Mandeb y se espera que aumente el número en los próximos días.

El origen de la crisis actual se remonta a 2014, cuando comenzó la guerra civil, desencadenada tras años de inestabilidad política y agravada por la lucha entre los hutíes, que tomaron el control de Saná, capital de Yemen. Desde entonces, el conflicto en la zona se ha convertido en una crisis compleja y prolongada.
Aunque los esfuerzos de mediación impulsados por la ONU permitieron periodos de relativa calma desde 2022, el conflicto sigue sin resolverse y los episodios de violencia continúan provocando nuevos desplazamientos y un aumento de las necesidades humanitarias.
Yemen es un país devastado por más de diez años de conflicto, donde millones de personas continúan sufriendo las consecuencias de la guerra y el desplazamiento forzado.
Millones de personas han sufrido las consecuencias de la violencia, el colapso económico y los fenómenos climáticos extremos. Según los últimos datos disponibles, cerca de 4,8 millones de personas permanecen desplazadas dentro de Yemen. De ellos, alrededor de 1,6 millones viven en más de 1.800 asentamientos improvisados y emplazamientos similares a campos. Se trata de lugares levantados en condiciones de emergencia, que a menudo carecen de infraestructuras básicas, con acceso limitado a agua potable, atención sanitaria, educación o medios para ganarse la vida y donde las familias deben afrontar diariamente dificultades para acceder a servicios esenciales.
La situación es especialmente complicada en gobernaciones como Marib, Hajjah, Al Hudaydah, Taiz y Al Jawf, donde se concentra la mayoría de los asentamientos de desplazados internos. En estas zonas, la inseguridad persistente y la escasez de recursos incrementan los riesgos de protección y dificultan la llegada de ayuda humanitaria.
La reciente intensificación de las hostilidades en la costa occidental ha provocado una nueva ola de desplazamientos.
Mientras miles de personas buscan refugio dentro de Yemen, otras están cruzando el golfo de Adén para llegar a Yibuti. En los últimos cuatro días, más de 2.400 personas han cruzado por mar desde Yemen hasta Yibuti, llegando principalmente a través de Obock, Khor Angar, Moulhoule y Godori. Las previsiones apuntan a que la cifra seguirá aumentando conforme continúen los enfrentamientos. Más del 60 % son mujeres, niños y personas mayores que se embarcan con la esperanza de encontrar un lugar seguro, a menudo sin saber qué les espera al otro lado del mar. Muchas de esas personas llegan exhaustas, desorientadas y con necesidades urgentes de asistencia.
ACNUR también sigue de cerca la posibilidad de movimientos paralelos o secundarios hacia Somalia, donde ya se están elaborando planes de contingencia ante una posible llegada de más personas.
“Las personas llegan tras una travesía marítima muy difícil, muchas exhaustas, angustiadas y cargando con las pocas pertenencias que han podido llevarse. La respuesta humanitaria ya está bajo presión. Necesitamos apoyo urgente antes de que lleguen más familias y las necesidades superen nuestra capacidad de asistencia”.
Sandrine Desamours, Representante de ACNUR en Yibuti
Las consecuencias del conflicto van mucho más allá del desplazamiento inmediato. Años de violencia han dejado a millones de personas dependientes de la ayuda humanitaria y han afectado gravemente a la infancia. Más de dos millones de niños y niñas permanecen fuera de la escuela, lo que compromete sus oportunidades de futuro y aumenta los riesgos de explotación, pobreza y exclusión.
Muchos menores han pasado gran parte de su vida en contextos de desplazamiento, sin acceso estable a educación, protección o servicios básicos. Para numerosas familias, cada nuevo episodio de violencia supone empezar de nuevo desde cero.

Frente a esta nueva emergencia, ACNUR ha activado medidas de respuesta tanto en Yemen como en Yibuti para atender a las personas afectadas por los desplazamientos. Además, se han enviado suministros de emergencia hacia Sudán y se encuentran preparado para su envío material de primera necesidad desde los almacenes globales de ACNUR en Dubái y Nairobi.
Los equipos de ACNUR trabajan sobre el terreno identificando a las personas más vulnerables y proporcionando asistencia urgente. Entre las prioridades inmediatas se encuentran el registro de las personas recién llegadas, el acceso a refugio, alimento, agua potable, atención sanitaria y servicios de protección.
En Yibuti, ACNUR y sus socios están desplegados en Obock y las personas refugiadas recién llegadas están siendo trasladadas desde los puntos de llegada de la costa hasta Markazi para su registro y posterior asistencia. En coordinación con las autoridades locales, ACNUR está apoyando a las personas que llegan por mar con alimentos, agua, alojamiento temporal y servicios de acogida. Sin embargo, las organizaciones humanitarias han advertido de que la capacidad local está sometida a una presión creciente y que se necesitan recursos adicionales con urgencia para responder a las nuevas llegadas.
Sandrine Desamours, Representante de ACNUR en Yibuti declara que “las familias de Yibuti y la comunidad de refugiados yemeníes están abriendo sus puertas y compartiendo lo poco que tienen, pero la respuesta humanitaria -que ya se enfrentaba a una grave crisis de financiación- está llegando rápidamente a su límite”. Desamours advierte que Markazi solo dispone de capacidad para unas 5.000 personas refugiadas más, mientras se preparan para la llegada de más de 10.000 personas, la mayoría niños y adolescentes. ACNUR trabaja con el Gobierno para integrarlos en unas escuelas que ya están saturadas. Necesitamos ayuda antes de que se agoten el espacio, el agua, los alojamientos y los servicios esenciales
Dentro de Yemen, la labor humanitaria también resulta fundamental. Además de coordinar la respuesta de emergencia, los equipos trabajan para garantizar condiciones de vida seguras y dignas en los asentamientos de personas desplazadas, mejorar el acceso a servicios básicos y apoyar soluciones duraderas que permitan a las familias reconstruir sus vidas.
Mientras la violencia continúa obligando a miles de personas a abandonar sus hogares, la necesidad de ayuda humanitaria sigue creciendo. Para millones de yemeníes, encontrar un lugar seguro donde refugiarse sigue siendo una cuestión de supervivencia.
"Las familias de Yibuti y la comunidad de refugiados yemeníes están abriendo sus puertas y compartiendo lo poco que tienen, pero la respuesta humanitaria -que ya se enfrentaba a una grave crisis de financiación- está llegando rápidamente a su límite”.
Sandrine Desamours, Representante de ACNUR en Yibuti