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Ecoetiquetas, ¿qué son y para qué nos sirven?

ecoetiquetas iStockphoto

Tiempo estimado de lectura: 2 minutos.

La Tierra se enfrenta a graves problemas que en un futuro cercano pueden poner en peligro su sostenibilidad. El cambio climático, la contaminación, la emisión de gases de efecto invernadero y la deforestación son algunos de ellos.

Esto ha obligado a que las industrias, que tienen una incidencia directa en el cuidado del medioambiente, implementen prácticas sostenibles para garantizar que sus cadenas productivas no perjudiquen el equilibrio de los entornos en los que operan.

Los productos que se obtienen tras un procedimiento de este tipo se diferencian de los otros por llevar una ecoetiqueta, es decir, un distintivo que certifica que cumplen con los requisitos establecidos por la autoridad en la materia.

¿Cuándo se empezó a hablar de ecoetiquetas?

Las ecoetiquetas nacieron a principios de los años 90, cuando los países que integraban la Unión Europea fijaron los estándares mínimos para que un producto pudiese llevar el rótulo de ecológico. En ese momento apenas se abrían camino las perspectivas del consumo responsable y de la sostenibilidad medioambiental.

Aunque en un principio se aplicó a productos como los detergentes, las lavadoras, las bombillas y las pinturas, años después se hizo extensivo a más sectores del comercio, entre ellos, el de los servicios y la alimentación.

Hoy por hoy es casi habitual hablar de ecoetiquetas. La idea es que las prácticas que se reconocen como ecológicas poco a poco ganen terreno y se afiancen como una opción de mercado viable para garantizar un mejor uso de los recursos y del medioambiente.

Consideraciones de las ecoetiquetas en España y Europa

El organismo encargado de otorgar las ecoetiquetas en Europa es el Comité de la Etiqueta Ecológica de la Unión Europea, una entidad formada por una serie de órganos competentes y un foro de consulta de expertos en la materia.

El distintivo puede emplearse no solo entre los países miembros de la Unión, sino también en otros que no pertenecen formalmente a ella, como por ejemplo Noruega, Islandia y Liechtenstein. Adicionalmente, es compatible con otras etiquetas similares o procedimientos de calidad vigentes en cada uno de los países.

Cada país tiene un organismo competente en este ámbito. A él deben dirigirse tanto los productores como las empresas que deseen obtener tal certificación.

Sin embargo, si el producto que quiere certificarse con la ecoetiqueta no proviene de ningún estado de la Unión Europea, sus exportadores deben tramitar la solicitud ante los organismos de los países en los cuales circulará.

En el caso de España, las comunidades autónomas son las que deben conformar un organismo competente para la concesión de las ecoetiquetas. A la hora de presentar la solicitud, los cánones no serán inferiores a 200 € ni superiores a 1.200 €.

Cuando se trata de una pequeña o mediana empresa, dicho canon no excederá los 600 €. Algo similar ocurre con las empresas registradas en el Sistema Comunitario de Gestión y Auditoría Medioambientales (EMAS), que tendrán un descuento del 30%. Si la empresa ya cuenta con la certificación ISO 14001, específica para esta materia, dicho descuento será del 15%.

Las ecoetiquetas también buscan animar a las empresas de diferentes sectores a sumarse a las prácticas sostenibles y respetuosas con el medioambiente, pues de esta manera el impacto favorable sobre este será mucho mayor.

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