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El COVID-19 lastra los progresos en la educación de las personas refugiadas

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03/09/2020

Casi la mitad de la niñez refugiada en edad escolar no está escolarizada.

Según el informe de educación 2020 de ACNUR “Uniendo fuerzas por la educación de las personas refugiadas”, la pandemia de COVID-19 ha llevado a la mayor alteración de los sistemas educativos de toda la historia. Más de 1.600 millones de estudiantes se han visto afectados, entre ellos, millones de jóvenes refugiados.

48%
de todos los niños y niñas refugiados en edad escolar no están escolarizados.
77%
de los niños y niñas refugiados van a la escuela primaria.
31%
de los adolescentes refugiados reciben educación secundaria.
Solo el 3%
de los jóvenes refugiados tiene acceso a educación superior.
 

Matriculaciones de personas refugiadas

Mientras la niñez refugiada siga sin tener acceso a los sistemas educativos nacionales, persistirá la brecha en términos de matriculación.

La diferencia entre la matriculación en primaria y secundaria sigue siendo muy pronunciada. Menos de la mitad de los niños refugiados que van a la escuela primaria llegan a secundaria. Solo el 31% de los niños refugiados recibieron educación secundaria en 2019, aunque esto significó un incremento de dos puntos respecto al año anterior, lo que representa decenas de miles de niños más en la escuela.

matriculaciones refugiados

Estas cifras están muy por debajo de los promedios mundiales, no obstante, reflejan un avance.

ACNUR hace un llamamiento para que todas las personas refugiadas puedan matricularse en la escuela en las mismas condiciones que las personas nacionales y para que sean incluidas en los sistemas nacionales de educación.

“Después de todo lo que han soportado, no podemos robarles su futuro negándoles hoy una educación”.
Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

La niñez refugiada sufre, especialmente, el impacto de la pandemia

La adaptación a las limitaciones impuestas por la COVID-19 ha sido especialmente dura para el 85% de las personas refugiadas que viven en países en desarrollo. Teléfonos móviles, tabletas, ordenadores portátiles, buena conectividad o, incluso, los aparatos de radio, a menudo no se encuentran fácilmente disponibles para las comunidades desplazadas.

Apunta, además, que la pandemia ha revelado déficits no solo en la provisión de educación, sino también en conectividad, acceso a agua limpia y a buenos servicios de saneamiento, alojamiento, transporte y oportunidades de trabajo. Todo ello tiene un impacto directo en la capacidad de aprendizaje de los niños.

Impacto coronavirus educación refugiados

Para muchos niños y niñas refugiadas este año no habrá vuelta al cole porque no pueden pagar las tasas de matriculación, el uniforme o los libros, no tienen acceso a tecnologías o se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias.

El informe de ACNUR advierte de que la COVID-19 podría dañar irreparablemente la oportunidad de conseguir el Objetivo 4 de Desarrollo Sostenible: garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos (refugiados y no refugiados).

Ingenio en tiempos de pandemia

Garantizar la continuidad de la educación durante la pandemia ha requerido creatividad, capacidad de improvisación, innovación, ingenio y colaboración.

En la foto, Amina Hassan, imparte una lección de inglés a alumnos de quinto grado a través del sistema de radio implantado en el campo de refugiados de Dadaab, en Kenia. De esta manera, los profesores se han asegurado de que los alumnos continuasen aprendiendo durante el confinamiento.

Las personas refugiadas y sus comunidades de acogida, profesores, socios del sector privado, ministerios nacionales de educación y agencias humanitarias han encontrado numerosas maneras de continuar con la educación durante la pandemia. Esto ha requerido habilidad e ingenio y ha requerido colaboración, generosidad y pensamiento creativo.

Radio educación para los refugiados en pandemia

En la escuela de Sarema, en Malí, ACNUR ha repartido entre los niños de las comunidades de refugiados, desplazados internos y de acogida radios solares y kits escolares para hacer posible el aprendizaje a distancia mientras las escuelas han permanecido cerradas por la pandemia del coronavirus. Miles de niños han podido continuar con su educación en las regiones de Mopti, Gao y Tombuctú gracias a ello.

El informe considera cómo la COVID-19 ha obligado a la sociedad a repensar varios aspectos de nuestras vidas y cómo nos ha empujado a innovar, desde el campo de la medicina hasta la atención médica y el entretenimiento.

radio solar

Las niñas refugiadas, las más perjudicadas

Para las niñas, el panorama es particularmente desalentador. Casi todos los avances conseguidos a nivel de secundaria en 2019 fueron a favor de los niños: 36% de los niños refugiados recibieron educación secundaria, frente a solamente el 27% de las niñas.

Según el informe de ACNUR, el Fondo Malala ha estimado que la mitad de todas las niñas refugiadas que cursan estudios de secundaria no regresarán a clase cuando las escuelas reabran este mes de septiembre. En los países donde la tasa bruta de matriculación de las niñas refugiadas en secundaria ya era inferior al 10%, todas las niñas corren el riesgo de abandonar sus estudios definitivamente, una predicción alarmante que tendría un impacto en las generaciones venideras.

Instructura educación Bangladesh

Gracias a la generosidad de personas como Nur Ayna, refugiada rohingya de dieciocho años e instructora de idiomas, niñas refugiadas rohingyas como la de la foto que viven en los campamentos de Cox’s Bazar han continuado aprendiendo durante el confinamiento. Con las escuelas cerradas temporalmente debido a COVID-19, Nur está evitando que muchos niños y niñas vean interrumpido su aprendizaje durante la pandemia.

“La educación no solo es un derecho humano, sino que la protección y los beneficios económicos para las niñas refugiadas, sus familias y sus comunidades educativas son evidentes”.
Filippo Grandi, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

Las buenas noticias

Gracias a las becas DAFI de ACNUR, un número de jóvenes refugiados han podido acceder a la educación superior contra todo pronóstico. En 2019, 8.347 jóvenes estudiaron con una beca DAFI en 925 instituciones de 54 países. El 40% fueron mujeres.

Varios países han conseguido un progreso notable, desde Uganda, el Chad, Kenia y Etiopia en África subsahariana a Pakistán, Irán, Turquía y México. Han proporcionado acceso a las escuelas para las personas refugiadas, desarrollado horarios más flexibles en las escuelas, ofrecido ayuda especial a niños y niñas para ponerse al día de tareas escolares o para aprender nuevas lenguas; han formado a más profesores y han proporcionado más materiales educativos para ayudar a los niños y las niñas a ajustarse a los retos de vivir como una persona refugiada.

Además, a finales del año pasado, cientos de compromisos adquiridos por Gobiernos y socios en el primer Foro Mundial sobre los Refugiados mostraron cómo muchas personas y organizaciones están decididas a mejorar la educación de los niños y las niñas refugiados..

El informe apela a los gobiernos, al sector privado, a la sociedad civil y a otros actores clave a unir fuerzas para encontrar soluciones que refuercen los sistemas educativos. Concluye que, si no se adoptan medidas, corremos el riesgo de producir una generación perdida de niños y niñas refugiados privados de una educación.

La educación proporciona un futuro a los niños refugiados

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