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Es necesario facilitar un acceso seguro para repartir alimentos en Sudán del Sur

Multitud de personas en África, Sudán del Sur
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12/03/2014

Los refugiados en los campos de Maban recibieron la última ración de alimentos en febrero y este mes sólo podrán tener acceso a raciones parciales de comida. Los casos recientes de malnutrición severa, incluyendo kwashiorkor, entre los más pequeños preocupan especialmente al ACNUR dado el riesgo de que la distribución permanezca interrumpida durante un período prolongado.

ACNUR, el PMA y otros socios normalmente preposicionan alimentos y otros materiales de ayuda humanitaria durante el primer trimestre del año como preparación ante la temporada de lluvias. Sin embargo, los violentos enfrentamientos de este año en Malakal y en otras ciudades que resultan estratégicas para el transporte fluvial o terrestre, han imposibilitado el preposicionamiento.

A menos que se logre enviar comida inmediatamente, el estado de salud y nutrición de los refugiados se verá gravemente comprometido. Ahora mismo, durante la estación seca, se suele producir un periodo de hambre porque los refugiados no pueden cultivar alimentos para complementar las raciones que reciben del PMA. El problema no es sólo la escasez de alimentos, sino también la falta de un paso seguro para los materiales humanitarios.

Las poblaciones necesitadas en el estado de Alto Nilo, entre ellas las de refugiados, personas desplazadas internas y cada vez más comunidades de acogida, están sufriendo con esta crisis, que se ha visto agravada por el conflicto armado en muchas zonas del país durante casi tres meses. Si bien el condado de Maban, que acoge a 130.000 refugiados del asediado estado sudanés de Nilo Azul, no está afectado directamente por la guerra, no obstante la inseguridad general y las restricciones fronterizas en los corredores de suministros han impedido que se envíen materiales de ayuda humanitaria desde comienzos de año. La situación se verá agravada por la llegada de la temporada de lluvias, cuando los caminos se vuelvan intransitables.

Alrededor de un tercio de la población corre un mayor riesgo: niños menores de cinco años, mujeres embarazadas y lactantes, ancianos, personas discapacitadas y enfermos crónicos. Cuando comience la temporada de lluvias, normalmente en abril, aumentará la vulnerabilidad ante enfermedades transmitidas por el agua, la malaria y las infecciones del tracto respiratorio. En las últimas semanas se han registrado bastantes casos de kwashiorkor entre niños muy pequeños en los campos de refugiados, lo que es sintomático de una deficiencia de proteínas que puede contribuir a causar la enfermedad. La escasez de alimentos podría derivar también en un conflicto entre los refugiados y la comunidad de acogida por la obtención de frutas y vegetales. Ya se han producido tensiones por tierras de pastoreo y fuentes de agua.

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