El domingo 13 de septiembre, ACNUR inauguró la experiencia inmersiva Escape Rooms: historias de una huida en la Plaza Juan Goytisolo de Madrid, frente al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Una instalación que, durante toda la jornada, congregó al público de la capital, socios y socias y colaboradores del Comité español de ACNUR y les invitó a ponerse, por unos minutos, en el lugar de quienes se han visto obligados a abandonar su hogar.
La experiencia inmersiva permitió a los asistentes detenerse ante tres recreaciones inspiradas en situaciones reales que viven millones de personas en todo el mundo. Realidades que trasladan a un hogar atacado en Ucrania, un hospital bombardeado en Mozambique y el abandono de una escuela en Afganistán, un lugar donde las niñas ven interrumpido su futuro a causa de la vulneración grave de un derecho fundamental como es la educación.
Desde las 10:00 hasta las 20:00, la experiencia inmersiva Escape Rooms: historias de una huida permitió a los asistentes detenerse ante las estructuras, escuchar los efectos sonoros planteados en cada uno de los espacios y preguntarse qué hacer en caso de tener que huir en apenas unos minutos. Tres espacios que representan algunos de los lugares más importantes en la vida de cualquier persona: un hogar, un hospital y una escuela. Cada uno de ellos está inspirado en historias reales de personas que han visto cómo la guerra, la violencia o la vulneración grave de derechos fundamentales transformaban por completo sus vidas.
La experiencia comienza en Ucrania, en el hogar de Natalia Marchenko, en Zaporiyia, una vivienda que resultó gravemente dañada por los ataques con misiles. A través de este escenario, los visitantes podrán comprobar cómo un conflicto puede destruir, en cuestión de segundos, la seguridad, la estabilidad y el sentimiento de hogar de toda una familia. Una acción de sensibilización que conmovió a quien se detenía ante este salón, escuchando la radio que quedó encendida en el momento de la huida y los restos de lo que un día fue un hogar.

El segundo espacio traslada al público a Mozambique, concretamente a Cabo Delgado, donde los ataques de grupos armados provocaron graves daños en el hospital principal de Mocímboa da Praia. Inspirado en la historia de Josefina, trabajadora dedicada al apoyo psicosocial de mujeres desplazadas por la violencia, este entorno permite reflexionar sobre las consecuencias que los conflictos tienen sobre el acceso a servicios esenciales como la atención sanitaria.
Aquellas personas que se situaron frente a este escenario pudieron sentir y escuchar el sonido de las armas ante un ataque que agrava la vulnerabilidad de quienes permanecen en una infraestructura esencial.

Por último, las personas asistentes pudieron ir al espacio inspirado en una escuela vacía de Afganistán. Algo que representa, sin duda, la realidad que viven millones de niñas y adolescentes. Quienes se detuvieron en este espacio fueron testigos de una pausa obligada. De una generación de niñas y jóvenes que no pueden continuar con su educación y que ven su futuro y sus sueños interrumpidos por un sistema político que coarta sus libertades.

Escape Rooms: historias de una huida permitió a la ciudadanía madrileña conocer de cerca realidades que, aunque lejanas, son la historia de cada una de las 117,8 millones de personas en todo el mundo que se han visto obligadas a desplazarse forzosamente.