Historias de vida

8 Ejemplos de solidaridad para con los refugiados en Europa

Hamad, un joven sirio voluntario que está sirviendo bebidas calientes a los refugiados que están llegando a Austria. Foto: ACNUR / G. Welters
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15/12/2015

Su ruta no ha sido fácil y han llegado sin nada, acompañados de sus familias y, en muchos casos, con personas a su cargo. Han puesto en riesgo su vida en el Mediterráneo, han dormido al raso y han sufrido las inclemencias del invierno en Centro Europa. Sin embargo, en su camino han encontrado también muchas manos amigas que les han devuelto la esperanza y les han ofrecido ayuda. Estos ejemplos de solidaridad son sólo un reflejo de todas las personas que han cedido (o donado) su tiempo y sus recursos a estos refugiados, ofreciéndoles alojamiento en sus casas, comida, agua, ropa o simplemente apoyo y consuelo en su difícil viaje por Europa.

Estos hombres, mujeres y jóvenes de la sociedad civil -e incluso refugiados que ya vivían en nuestro continente- han apostado por decir “welcome refugees” en un momento en el que se vive la peor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Aquí os mostramos algunos de los rostros de la solidaridad europea hacia los refugiados.

8 historias de solidaridad con refugiados en Europa

Abdulladif, refugiado sirio en Nickelsdorf (Austria)

Hace 18 meses la casa de Abdulladif quedó destruida por una bomba en Alepo. Él llegó a Nickelsdorf hace apenas tres meses.

Uno más de entre el flujo de refugiados que está llegando a Europa pero, a diferencia de la mayoría, no continuó su camino más al norte y decidió quedarse en Austria. Le gusta tanto Nickelsdorf que quiere quedarse aquí, integrarse y traer a su familia de Siria. Por el momento, ha solicitado asilo y se ha ofrecido como voluntario para ayudar a organizar las cajas con los materiales donados por los ciudadanos para los refugiados. Además de ayudar a repartir los materiales en los puntos donde llegan los refugiados, Abdulladif echa una mano como traductor.

 

Nadine y Dominique, Calais (Francia)

Este matrimonio francés está volcado con los refugiados e inmigrantes que sobreviven en Calais. Aportan su granito de arena ayudándoles a comunicarse con sus familiares y dándoles momentos de ocio y distracción.

“Una vez que has visto los problemas que hay aquí no puedes hacer otra cosa. Ser humanitario es ser un ser humano ante todo” asegura Dominique, un informático jubilado, que está ayudando a los refugiados asentados en Calais, llevándoles generadores eléctricos para que puedan cargar sus móviles y contactar con sus parientes enSiria, Afganistán o Irak. Dominique también ha traído altavoces y micrófonos y ha organizado proyecciones de películas para los niños en este asentamiento. Su apuesta, al igual que la de su mujer Nadine, es aportar pequeños momentos de distracción a estas personas que han sufrido tanto.

Nadine es artista y está llevando pinturas y juegos para los niños. Juntos han recaudado mediante crowdfunding más de 3.000 euros que emplearán en comprar otro generador y otro router para que, además de pasar ratos de ocio en Calais, estos refugiados puedan seguir comunicándose con sus familiares.

Gerhard Zapfl, alcalde de Nickelsdorf (Austria)

Tras más de 19 años de alcalde en esta pequeña ciudad austriaca, es la primera vez que Gerhard Zapfl se enfrenta a una situación como esta.

Miles de refugiados pasan por aquí en su ruta por Europa y la ciudad se ha volcado con ellos. “Nadie les conoce, pero el corazón de nuestra gente está con ellos” afirma. “La situación es muy difícil, muchos refugiados están cruzando nuestra frontera. Queremos ayudarles, apoyarles, darles comida y alimentos… Pero no es una solución política” reconoce. Gerhard espera que los líderes europeos encuentren “un camino, una estrategia para encontrar una solución real a este problema”.

 

Efstratios Dimou, un sacerdote griego, lleva años ayudando a través de una ONG tanto a refugiados como a ciudadanos griegos afectados por la crisis económica.

En los últimos meses la llegada de miles de refugiados a las islas griegas ha multiplicado el trabajo que hace este sacerdote ortodoxo y su grupo de voluntarios. Papa Stratis, como le conocen en Kalloni, carga cada día su Citroën con agua, comida y ropa y recorre el pueblo en busca de los muchos refugiados que se encuentran viviendo en las calles.

“He visto a niños pequeños con ampollas en los pies y a mujeres embarazadas agarrándose la tripa y llorando de dolor” dice con tristeza. “Estas personas no son inmigrantes, no han elegido venir aquí. Son niños de la guerra, huyen de las balas. Buscan vida, esperanza y la oportunidad de vivir un día más”.

Julie, estudiante

Este estudiante de arquitectura que asegura que siempre ha estado interesado por la causa de los refugiados, está ahora ayudando a los que se encuentran atrapados en la llamada “jungla de Calais”.

Julen pone a su servicio sus conocimientos de arquitectura para ayudarles a construir sus refugios y además negocia con algunas empresas para conseguir a buen precio palés de madera que compra él mismo para los refugiados. También aprovecha el tiempo que pasa con ellos para enseñarles francés.

 

Victor Ullman, Croacia

Victor, de 27 años, es un chef sueco que llegó a Croacia con un grupo de cocineros dispuestos a servir comidas calientes a los refugiados que esperan en esta frontera.

Dentro de una tienda, entre fogones, sirven cada día unas 6.000 raciones de estofado caliente a las familias refugiadas y a los trabajadores que están allí. “Tenemos carne y verduras, y hemos conseguido un lote de comida halal. Estamos recibiendo donaciones de todas partes” explica. Victor también recuerda que algunos refugiados “estaban comiendo comida para bebés, estaban hambrientos”. Ahora, gracias al trabajo de este joven y otros voluntarios, estos refugiados reciben su primera comida caliente en días.

Simone, estudiante (Viena)

A todo el mundo le sorprende cómo encuentra tiempo Simone para estar en una estación de tren de Viena en el “rincón de los niños”.

Esta joven austriaca está estudiando en la universidad y trabaja como camarera, además de pasar varias horas a la semana en esta guardería, habilitada en la estación para los niños refugiados que esperan allí para viajar. Ella sabe que compaginar todo no es fácil, pero a pesar de todo considera que los más pequeños necesitan atención.“Tenemos que hacer esto por los niños” asegura.

Ali, refugiado sirio en Austria

Para Ali estar en la estación central de trenes de Viena, en Austria, ayudando a muchos compatriotas suyos supone algo más que emplear su tiempo como voluntario.

Este joven huyó hace tres años del conflicto sirio con sus padres y conoce bien el terror del que han huido las familias que deambulan por la estación en busca de su tren. Él está aquí colaborando como traductor y dándoles la información que necesitan para continuar su camino. Ali tiene la residencia austriaca y ha conseguido un empleo como trabajador social. En su tiempo libre ayuda a otros refugiados que sueñan con reiniciar sus vidas en Europa como lo ha hecho él.

 
En Siria, 3 de cada 4 personas han tenido que huir de la guerra. Tú también puedes llevarles tu solidaridad.
 
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