Los obispos combaten la xenofobia en Hungría con solidaridad Los obispos combaten la xenofobia en Hungría con solidaridad

Los obispos combaten la xenofobia en Hungría con solidaridad

28 de diciembre, 2017

Tiempo de lectura: 4 minutos

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Hungría se ha convertido en un país manchado por la xenofobia donde los obispos piden compasión para los refugiados.

“Si alguien llama a tu puerta, pidiendo asilo, ¿cómo puedes rechazarlo?”

Cuando Miklos Beer, el Obispo de Vac, da de comer a sus ovejas y a su burro, la imagen parece sacada del portal de Belén. Pero las habitaciones de esta posada están llenas de refugiados que el obispo ha acomodado personalmente.

Beer es un obispo católico romano de 74 años. Le quedan 6 meses para jubilarse, pero ha decidido hablar alto y claro en favor de los refugiados en un país manchado por la xenofobia y cuyo gobierno se enorgullece de autodenominarse “intolerante”.

Es uno de los religiosos húngaros que han empezado a cuestionar al Gobierno y a pedir compasión para los solicitantes de asilo, después de que Hungría aprobase una ley para detener a todos los potenciales refugiados, incluidos niños, en contra del derecho internacional.

El catolicismo es la religión mayoritaria en Hungría con un 37% de ciudadanos. El 14% se declaran protestantes, calvinistas o luteranos, y menos de la mitad se declaran no religiosos. Cuando cientos de refugiados empezaron a cruzar a Hungría en 2015, los luteranos fueron los primeros en acudir a ayudarles.

Luteranos en Hungría

Los luteranos, los primeros en ayudar a los refugiados

“Cuando los refugiados empezaron a llegar a las estaciones, mucha de la gente de nuestra iglesia se ofreció voluntaria. Preguntaban ‘qué tipo de agua debemos dar a los refugiados, ¿con o sin gas? ¿qué tipo de comida comen los musulmanes?’”, cuenta Tamas Fabini, obispo del distrito norte de la Iglesia Evangélica Luterana en Hungría.

Los católicos fueron más cautelosos. Beer admite que mientras se construía el muro en la frontera con Serbia, quiso dar al Gobierno el beneficio de la duda para asegurar una migración ordenada. Cuando vio carteles y propaganda contra los refugiados, entró en shock. En 2016, el Gobierno urgió a votar “no” a admitir la cuota de refugiados correspondiente a Hungría en la Unión Europea, aunque el voto quedó invalidado por baja participación.

La lucha contra las actitudes negativas se ha convertido en su día a día y, asegura, es raro encontrar a fieles que entiendan que hay que ayudar a los refugiados.

Luteranos y cristianos, juntos para apoyar a los refugiados en Hungría

Beer y Fabiny, el obispo católico y el luterano, decidieron hacer un vídeo para dar la bienvenida a los refugiados en Hungría, pero los mensajes de odio y comentarios despectivos no tardaron en llegar.

En septiembre, un incidente especialmente angustioso en Ocseny les llevó a volver a alzar su voz: los habitantes del pueblo atacaron al dueño de un hospicio que ofreció alojamiento a un grupo de refugiados. “Así es la sociedad húngara ahora. No nos preocupamos de los otros. Sólo se rechaza automáticamente al extranjero”, dice el obispo Beer.

Mientras la zona rural húngara está despoblada y muchas casas abandonadas, Beer no entiende cómo pueden dejar que se derrumben los edificios en lugar de dejar que los refugiados vivan ahí.

Los líderes religiosos saben que es arriesgado retar al Gobierno respecto a los refugiados, ya que las iglesias dependen del Estado para financiarse. “Algunos pastores están preocupados de que nos castiguen económicamente. Soy responsable de mi iglesia. Tengo que escucharles y ser justo con el Gobierno también. Es una línea muy fina”, dice Fabiny.

Posada para refugiados en Hungría

Beer decidió acoger a refugiados en su posada

El obispo Beer decidió que lo mejor que podía hacer por los refugiados era acoger a algunos en su propia casa durante los meses más fríos del año. Su familia burguesa se exilió en el campo durante el comunismo y aún tiene extensas tierras con animales de granja, ovejas y un burro.

Dentro, su cálido y mágico hogar ya ha acogido a dos africanos, un afgano, un sirio y un iraquí. “El iraquí es un ingeniero que habla buen inglés”, cuenta.

Pero cuando el Gobierno húngaro lanzó la ley por la que los solicitantes de asilo deben ser detenidos hasta que se resuelvan sus solicitudes, no había nada que el obispo pudiera hacer para evitar que se llevaran a sus huéspedes.

“Los dos africanos fueron a la oficina de policía y no han vuelto. Ahora están detenidos”, dice triste. Los otros refugiados dejaron Hungría con la esperanza de ser mejor recibidos en otro lugar de Europa.

65 millones de personas han tenido que huir de su hogar. Ayúdanos a darles refugio.

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