La violencia en la República Democrática del Congo no cesa y la seguridad sigue siendo extremadamente inestable. Desde que se intensificaron las hostilidades en diciembre de 2025, más de 500.000 personas se han visto obligadas a desplazarse internamente en el este del país y más de 236.000 han buscado refugio en países vecinos. Las familias huyen traumatizadas, con cicatrices físicas y psicológicas, y muchas denuncian haber sufrido abusos —incluidos sexuales— durante su huida.
A la violencia se suman otros problemas graves: la inseguridad alimentaria aguda y los brotes de cólera en comunidades desplazadas, agravados por la escasez de suministros médicos y desabastecimiento en los centros de salud, además del limitado acceso para el reabastecimiento.
La situación es devastadora. Puede que República Democrática del Congo no sea un conflicto tan visible, pero su población necesita ayuda urgente.
Para comprender el contexto de la República Democrática del Congo (RDC) hay que explicar que es un país que lleva décadas de conflictos que han arrastrado a la población a una situación de vulnerabilidad y necesidad de asistencia humanitaria. Este es el resumen de lo que pasó en 2025:
En 2026 los enfrentamientos continúan en el este del país lo que sigue provocando desplazamientos, aunque los movimientos transfronterizos han disminuido. Aunque, según se informa, ha regresado una relativa calma a la ciudad de Uvira (Kivu del Sur), mientras que en el vecino Kivu del Norte, los continuos enfrentamientos han desplazado a más de 3.900 personas en lo que va de año, lo que se suma a las aproximadamente 25.000 personas desplazadas desde noviembre de 2025.
La frontera terrestre con Burundi también permanece cerrada, y la inseguridad continúa restringiendo el acceso humanitario a las poblaciones vulnerables. Por otro lado, prosiguen las gestiones diplomáticas regionales para asegurar una paz duradera en el marco de las negociaciones de Washington y Doha.
La vigilancia del Grupo Sectorial de Protección, dirigida por ACNUR, sigue documentando violaciones generalizadas de derechos humanos en el este de la RDC. Se reportan extorsiones, saqueos, secuestros y violencia sexual, mientras continúa el reclutamiento de niños por parte de grupos armados. Muchas mujeres y niñas sufren agresiones sexuales durante su huida y, en ocasiones, se ven obligadas a recurrir al trabajo sexual para sobrevivir.
Las personas desplazadas enfrentan necesidades urgentes, especialmente en protección y salud, con acceso limitado a alimentos, agua y saneamiento. Algunas arriesgan su vida cruzando el lago Tanganica en embarcaciones inseguras, lo que ha provocado ahogamientos.
La violencia ha generado saqueos, heridas, interrupciones en servicios esenciales y desplazamientos masivos. Muchas de las personas que huyen cruzan la frontera de los países vecinos y llegan a Burundi, Uganda y Ruanda. A finales de 2025, más de 5,3 millones de personas se encontraban desplazadas internamente en toda la RDC, incluyendo 3,6 millones en el este, junto con más de 500.000 refugiados acogidos en el país. Más de 1,2 millones de refugiados de la RDC permanecían en países vecinos, principalmente Uganda (644.000) y Burundi (113.000).
Además, más de 28 millones de personas sufren actualmente inseguridad alimentaria aguda, la cifra más alta jamás registrada en el país. Por otro lado, el este del país enfrenta múltiples emergencias sanitarias simultáneas, como brotes de cólera, Mpox y sarampión.
Foto: © ACNUR/Blaise Sanyila.La inestabilidad en la región dificulta las operaciones humanitarias, pero ACNUR y sus socios continúan trabajando en Kivu del Norte y Kivu del Sur para proteger a las comunidades desplazadas. Se realizan acciones como la formación de líderes comunitarios para promover la convivencia pacífica, la identificación de casos de violencia sexual y protección infantil, y el apoyo médico y psicosocial a las víctimas. También se avanza en el registro civil y la entrega de asistencia en efectivo a desplazados internos.
En Burundi y Uganda, los refugiados congoleños son trasladados a los campos, aunque persisten necesidades urgentes de agua, saneamiento, alojamiento y educación. En Burundi, la llegada masiva de personas ha desbordado la capacidad del campo de Bweru, que además enfrenta un brote de cólera con más de un centenar de casos, agravado por la falta de agua potable y suministros médicos. Este campo alberga a unos 66.000 refugiados congoleños reubicados desde diversas zonas fronterizas, y se ha completado el registro de más de 65.000 personas. Allí, ACNUR y sus socios han instalado 10 depósitos de agua, garantizando el acceso a agua potable, y han construido 71 bloques de letrinas. Sin embargo, persisten deficiencias en las letrinas, las duchas y el suministro de agua, agravadas por el terreno rocoso que ralentiza la construcción.
ACNUR también ha comenzado a distribuir asistencia financiera a más de 25.000 refugiados, junto con artículos esenciales como lonas impermeables, mantas y bidones. Aunque han proporcionado refugios a las personas recién reubicadas, miles todavía siguen sin alojamiento adecuado, lo que deja a las familias expuestas a duras condiciones.