"Nada es fácil. Todo es cuestión de coraje"

Raïssa, educación mujeres refugiadas

Mujer y refugiada: el reto de la educación superior

Raïssa perdió a su madre cuando tenía tres años. Su padre era alcohólico y no estaba en condiciones de cuidar de ella ni de sus cinco hermanos. Por eso, los niños se quedaron a cargo de una tía, pero esta los maltrataba a diario.

Raïssa es madre de un niño de cuatro años. A pesar de los innumerables retos a los que se ha tenido que enfrentar a lo largo de su vida, nunca se ha dado por vencida y siempre ha encontrado los recursos y la fuerza para continuar con su educación. Y no sólo eso, sino que siempre ha sido la primera de la clase.

“Siempre me decían que era brillante. Así que quería utilizar mis capacidades para ayudar a mis hermanos. No quería que abandonáramos la escuela. Hoy en día, sólo mi hermana menor y yo hemos continuado estudiando. Durante mucho tiempo, tuve resentimiento en mi corazón, pero hoy lo he superado. Hoy soy libre. He perdonado", asegura Raïssa.

“Mi embarazo fue un momento muy difícil, financiera y emocionalmente. Sin embargo, logré completar ese año de escuela”.
Raïssa.
5 %
de la población refugiada accede a la educación superior.
El 40 %
de los 7.343 estudiantes inscritos en el programa DAFI en 2020 eran mujeres.
 

"Nunca me rendí"

En mayo de 2013, Raïssa tuvo que huir de la República Centroafricana con una hermana mayor y su familia. Tenía 16 años y estaba a punto de graduarse en la escuela secundaria. La familia se instaló en Yamena (Chad).

"No teníamos dinero. La vida era muy difícil. Trabajaba en un restaurante para poder pagar la escuela. No era un buen ambiente para una joven como yo, pero necesitaba el dinero para ser libre. Finalmente, pude matricularme en una escuela en Yamena y obtener mi diploma. Me quedé embarazada cuando estaba en mi segundo año. Fue un shock para mí. No estaba preparada. No quería interrumpir mis estudios y quedarme en casa. Mi embarazo fue un momento muy difícil, financiera y emocionalmente. Sin embargo, conseguí completar ese curso. Di a luz en septiembre y permanecí en casa un año. Después volví a estudiar. Me mudé a una casa de una habitación sin electricidad ni agua. Estudiaba por la noche, mientras mi hijo dormía. Tenía que prestar mucha atención en clase. Al final, conseguí sacarme el bachillerato. Nunca me rendí. Nada es fácil en la vida. Es cuestión de coraje".

En 2017, Raïssa obtuvo una beca DAFI. Hoy estudia el tercer año de Comunicación y Marketing en la Universidad Emi Koussi de Yamena (Chad).

"El marketing se adapta bien a mi manera de ser; me gusta mucho. Siempre he deseado ser independiente. Poco a poco”.

Educación para prosperar

"Me sentí muy feliz. Hoy, gracias a la beca, puedo salir adelante. Mi hijo va a la escuela; yo voy a la universidad. Estamos los dos solos y seguimos adelante. Estamos bien", explica. Una parte importante de la beca DAFI que recibe Raïssa se destina a la atención médica de su hijo, que sufre de asma.

"Estudio sobre todo por la noche. A veces me levanto a las tres de la mañana y despierto a mi hijo a las cinco para que se prepare. Siempre voy corriendo. Nunca tengo momentos de aburrimiento", asegura.

En estos momentos, Raïssa está haciendo las prácticas de fin de carrera en una empresa de telefonía móvil. "El marketing se adapta bien a mí; me gusta mucho. Siempre he querido ser independiente. Quiero ser creativa, ser líder, paso a paso. Soy muy curiosa y siempre estoy dispuesta a aprender cosas nuevas. Siempre estoy en movimiento, haciendo algo", cuenta.

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