Día Internacional de la Educación: un derecho clave en el siglo XXI  Día Internacional de la Educación: un derecho clave en el siglo XXI 

Día Internacional de la Educación: un derecho clave en el siglo XXI 

23 de enero, 2026

Tiempo de lectura: 6 minutos

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La educación es un derecho humano, un bien público y una responsabilidad colectiva que es fundamental para lograr un compromiso activo con la paz. El derecho a la educación está en el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que exige que la educación primaria sea gratuita y obligatoria. Por otro lado la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada en 1989, da un paso más, al estipular que los países deberán hacer que la educación superior sea accesible para todos.

La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 24 de enero el Día Internacional de la Educación para valorar el papel que desempeña para la paz y el desarrollo. Es imposible que los países logren alcanzar la igualdad de género ni romper el ciclo de pobreza sin una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y con igual de oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida.

En la actualidad, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), hay 250 millones de niños, niñas y jóvenes sin escolarizar y 763 millones de adultos son analfabetos. Es especialmente preocupante la situación de las niñas sobre todo en la zona del África Subsahariana donde menos del 40 % completan los estudios de secundaria de ciclo interior. Hay que destacar que unos 4 millones de niños, niñas y jóvenes refugiados no pueden asistir a la escuela. Si esta situación no cambia, muy difícilmente, estos niños y niñas puedan salir de la pobreza y tener un futuro prometedor.

Día Internacional de la Educación 2026

La educación es la herramienta más poderosa para abordar los retos que cada año acechan a la sociedad. En la edición de 2025, el Día Internacional de la Educación se conmemora bajo el lema de "El poder de la juventud en la cocreación de la educación".

Los jóvenes menores de 30 años representan más de la mitad de la población mundial. Son el motor que impulsa la innovación, el desarrollo sostenible y los grandes cambios sociales. Aun así, siguen enfrentándose de forma desproporcionada a desafíos como la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades laborales dignas y el acceso limitado a una educación de calidad.

En este contexto, su papel en la construcción del futuro de la educación es fundamental. No solo son quienes reciben los programas educativos: su vida y su futuro dependen directamente de ellos. Por eso, es imprescindible que estudiantes y jóvenes participen de manera activa y significativa en el diseño de la educación que quieren y necesitan para cumplir sus metas.

Este compromiso cobra aún más relevancia en un momento marcado por una transformación profunda impulsada por la revolución tecnológica, que nos obliga a repensar el propósito, las metodologías y la experiencia educativa.

Siglo XXI: la importancia de la educación en el mundo 2.0

Aunque muchos de los avances tecnológicos actuales hayan replanteado la forma de enseñanza en el mundo, la importancia de la educación sigue siendo innegable de cara a la formación de los ciudadanos en el siglo XXI.

Una buena parte de los profesionales de este sector reclama desde hace años un cambio en los sistemas de enseñanza en todos los niveles, sobre todo si tenemos en cuenta que muchos de ellos son herederos de modelos basados en la autoridad y se diseñaron en contextos como la Revolución Industrial, cuando lo importante no era la calidad del aprendizaje sino la cantidad y la cuantificación de los resultados. Hoy, por fortuna, sabemos que esto ya no es así. La educación reclama un giro rotundo de sus métodos y herramientas, pues los alumnos habitan un mundo más dinámico, ágil y con múltiples posibilidades de proyección.

En el siglo XXI, la educación seguirá transformando vidas y generando cambios en todas las áreas. La tecnología no reemplazará la labor educativa como tal; simplemente, la hará más eficaz ante las necesidades de los ciudadanos del siglo XXI.

De hecho, la ONU, a través la UNESCO, ha diseñado la Agenda de Educación Mundial, que pretende implementar hasta el año 2030, y en la cual se abordan temas como el acceso a la educación, la cobertura, las herramientas y su calidad en el mundo.

La importancia de la educación será todavía más significativa en regiones y países marcados por la desigualdad, la pobreza, la ausencia de derechos fundamentales, la falta de justicia y la exclusión social, entre otros factores.

Es más, ya lo estamos viendo: en los campos de refugiados y centros de acogida ubicados en sitios donde se han registrado crisis humanitarias, la educación de niñas, niños, adolescentes y jóvenes se ha convertido en el mejor recurso para superar esta situación y dotar a los afectados de nuevas alternativas de supervivencia.

Foto: © ACNUR/Andrew McConnell.

¿Cómo debe ser la educación del siglo XXI?

Nadie cuenta con una receta definitiva ni con una fórmula mágica. Cada lugar tiene necesidades educativas que deben ser cubiertas de manera específica. No obstante, sí pueden señalarse algunos rasgos que debería tener la educación del siglo XXI para que se convierta en un motor de desarrollo:

  • Debe ser flexible y lo más alejada posible de modelos rígidos, pues el mundo cambia constantemente y es preciso que los niños, niñas y jóvenes se adapten a nuevos contextos y circunstancias.
  • Es necesario que promueva valores sociales como la igualdad, la justicia, la cooperación y la ayuda humanitaria, pues de esta forma se anima a los ciudadanos del mañana a ser motores de cambios estructurales y a tomar conciencia de las necesidades reales de su entorno.
  • Debe insistir en el modelo de desarrollo sostenible como una meta a la que todos debemos contribuir. Los actos de las personas que en algunas décadas guíen los destinos del mundo no pueden obviar la sostenibilidad de la planeta ni el cuidado de los recursos naturales

En último término, la importancia de la educación en el siglo XXI radicará en su capacidad para transmitir valores que nos ayuden a construir una sociedad más justa, igualitaria, dinámica y diversa, acudiendo a los diversos recursos tecnológicos que nos proporciona el mismo contexto.

La labor de ACNUR en la educación

Casi la mitad de las niñas y niños refugiados están sin escolarizar. La infancia desplazada y refugiada es tremendamente vulnerable, por lo que las aulas se convierten en un lugar seguro y estable. Por eso, ACNUR hace un gran esfuerzo para garantizar que todos tengan acceso a una educación de calidad.

La educación permite reconstruir comunidades y llevar vidas productivas y lo hace de diversas maneras:

  • Protege del reclutamiento forzado en grupos armados, el trabajo infantil, la explotación sexual y el matrimonio infantil. La educación también fortalece la resiliencia de las comunidades.
  • Empodera: brinda a las personas refugiadas el conocimiento y las habilidades que les permitirán llevar vidas productivas, plenas e independientes.
  • Ilumina: les permite aprender sobre sí mismas y sobre el mundo que las rodea mientras se esfuerzan por reconstruir sus vidas y comunidades.

La educación de las niñas y niños refugiados es uno de los pilares del trabajo de ACNUR. Dentro de los campos de refugiados montan escuelas, forman a profesores, facilitan formación profesional a los adolescentes y ponen en marcha espacios especiales de juego para los más pequeños. Colaboran con gobiernos y organizaciones internacionales para garantizar modelos educativos protectores y de calidad, tanto para la niñez como para la juventud refugiada y desplazada en todo el mundo.

Educación: el arma que salva vidas

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