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Empoderamiento femenino y refugiadas: historias reales

Empoderamiento femenino

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos.

El término “empoderar” se refiere al proceso mediante el cual las personas en posiciones desfavorecidas adquieren conocimiento, recursos, poder de toma de decisiones y participan en sus comunidades para tomar control de su propia realidad. En definitiva, el proceso mediante el cual las personas asumen el control de su vida. De esta forma, el empoderamiento femenino se refiere al proceso de emancipación de las mujeres para poder tomar sus propias decisiones con el fin de mejorar su situación.

Aunque “empoderamiento femenino” pueda parecer un término reciente debido a su uso cada vez más frecuente, lo cierto es que fue acuñado en 1995 en la Conferencia Mundial de las Mujeres en Beijing (Pekín). En esta conferencia también se establecieron una serie de objetivos y medidas para el progreso de las mujeres y la igualdad de género en diferentes esferas como la educación, salud, pobreza, violencia, economía, medio ambiente, etc.

¿Por qué hay que empoderar a las mujeres?

Según ONU Mujeres, el empoderamiento de la mujer es vital para:

  • Construir economías fuertes.
  • Establecer sociedades más estables y justas.
  • Alcanzar los objetivos de desarrollo, sostenibilidad y derechos humanos acordados internacionalmente. Por ejemplo, el objetivo número cinco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 aboga por la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas.
  • Mejorar la calidad de vida de las mujeres, de los hombres, de las familias y de las comunidades.
  • Promover las prácticas y objetivos empresariales.

3 historias de empoderamiento femenino

El empoderamiento femenino es vital para que las refugiadas, que en muchas ocasiones han sufrido violencia sexual o de género, adquieran confianza en sí mismas y puedan alcanzar la independencia económica y emocional. A continuación, te presentamos tres historias de empoderamiento femenino con refugiadas.

1. SheFighter: mujeres luchadoras contra la violencia de género

ONU Mujeres estima que, aproximadamente, una de cada tres mujeres sufrirá abusos físicos o sexuales durante su vida. El riesgo es incluso mayor en el caso de las mujeres refugiadas. SheFighter nació como una iniciativa para ayudar a las mujeres refugiadas a defenderse contra ataques: dan clases de defensa personal, de boxeo y de artes marciales.

“Queremos empoderar a las mujeres física y psicológicamente a través de la defensa personal”, explica la entrenadora de artes marciales Batoul Jaikat. Nadia, una de las asistentes a las clases, ha descubierto su propia fuerza y agilidad gracias a estas clases. “Las clases de defensa personal brindan a las refugiadas la confianza para creer en su propia fuerza”, asegura. “Aprendí cuáles son los puntos débiles de los atacantes y me ayudó a conocer gente nueva y a discutir temas que nos afectan a todas.”

2. TIGER Girls: empoderamiento femenino desde la educación

Las TIGER Girls son un grupo de niñas sirias del campo de refugiados de Zaatari, en Jordania, que se reúnen después de las clases para estudiar, desarrollar su creatividad y hacer deporte.

Mediante esta iniciativa, las niñas desarrollan actividades que las empoderan y las hacen ganar confianza en sí mismas. Su profesora, Nawar, una refugiada siria como ellas, ayuda a las niñas a construir su confianza y sus habilidades. “¿Qué se siente al trabajar con las niñas? Me hace sentir feliz y me veo representada en ellas”, cuenta.

3. Sarah y Yusra Mardini: ejemplo para los jóvenes refugiados

La increíble historia de Sarah y Yusra Mardini, dos hermanas nadadoras de Siria, comenzó cuando intentaban cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa. El motor de la barca en la que viajaban junto con otras 18 personas empezó a fallar y ninguna de las dos dudó en lanzarse al agua para empujar la barca y llegar a la costa. Lograron salvar a los 18 ocupantes, convirtiéndose en heroínas para los refugiados. “Cuando cuento mi historia, no puedo creérmela”, asegura Sarah al hablar de aquella noche.

Sus habilidades en natación llevaron a Yusra a participar en el Equipo de Refugiados en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Tras su participación en las olimpiadas, Yusra se interesó en dar a conocer la realidad de los refugiados y, en abril de 2017, fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de ACNUR. Millones de jóvenes refugiados en todo el mundo se ven representados en Yusra.

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