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Refugiados sirios en Grecia, una historia de huida y de esperanza

Refugiados sirios en Grecia

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Cuando Hazem descendía por las colinas de la costa turca hacia el mar, llevando a Saed sobre sus hombros, sus mentes estaban cargadas de sueños. Apenas acababan de conocerse y la amistad entre estos dos jóvenes sirios se había sellado para siempre. Saed, que había perdido la movilidad de las piernas en un bombardeo en su Siria natal, extravió su silla de ruedas y solo pudo alcanzar la balsa con la que ambos llegaron a la isla griega de Lesbos gracias a la ayuda de Hazem.

Su esperanza no era otra que dejar la guerra atrás y poder estudiar una profesión, un sueño de una nueva vida compartido por los cientos de miles de refugiados sirios que siguieron su misma ruta y por todos aquellos que murieron en el trayecto.

Desde que Hazem y Saed alcanzaran las costas de Lesbos en julio de 2016, las llegadas de refugiados sirios a Grecia han continuado, aunque están lejos de las cifras que se alcanzaron en el punto álgido de la crisis humanitaria en el año 2015. En los tres meses que llevamos de año, más de 3.500 personas han llegado a Grecia por mar, frente a las 856.000 que lo hicieron en 2015.

No obstante, es previsible un aumento de las llegadas a medida que se acerque el verano, más aún cuando la guerra y los desplazamientos forzados no remiten en Siria, país del que proceden el 41% de los que alcanzaron las costas griegas desde enero del 2017.

«Cuando llegamos a la playa y vimos cómo nos recibíais, desde entonces estamos sintiendo la humanidad», declaraba Saed, ya a salvo tras su llegada, en una cabaña facilitada por ACNUR. Los refugiados que logran cruzar la franja de mar que separa Turquía de las islas griegas dependen casi completamente para su supervivencia de los voluntarios y trabajadores de las organizaciones humanitarias que desarrollan su actividad en la zona. Pero, sobre todo, dependen de la solidaridad entre ellos mismos, muchas veces perfectos desconocidos a los que tienen que confiar sus propias vidas.

«Mi silla de ruedas se rompió cuando bajábamos las colinas (de Turquía). Mi nuevo hermano me llevó, fue muy difícil y arriesgado, un viaje de vida o muerte», relataba Saed junto a su compañero de viaje. «Saed y yo bajamos la montaña junto a mujeres y niños. Fue muy duro llegar hasta la playa», respondía Hazem.

Cuando se le preguntaba hasta cuándo ayudaría a Saed, Hazem respondía con un gesto concluyente con la mano: «Hasta el final». Es difícil saber qué habrá sido de ellos, pero ambos continuaron su trayecto hacia el interior de Europa con el sueño de estudiar y regresar algún día a Siria. «Volveré a Siria en cuanto acabe la guerra y la reconstruiré», declaraba entonces Saed, un sueño que hoy parece aún lejano.

Un lugar para «olvidar que somos refugiados»

No todos los refugiados sirios en Grecia optaron en estos años por continuar por el trayecto de Saed y Hazem. Es el caso de los 300 sirios que decidieron asentarse en el LM Village, un antiguo complejo turístico abandonado a 70 km de Patras del que hicieron su nuevo hogar desde 2016. Cada uno de los 38 bungalós están ahora habitados por dos familias que han tratado de reconstruir cómo eran sus vidas antes de que estallara la guerra en su país.

«En este lugar, podemos intentar olvidar que somos refugiados», declara Tarik, de 42 años, antiguo propietario de un restaurante en Damasco que tuvo que huir con su mujer y sus dos hijos. «Podemos hacer como si estuviéramos de vacaciones», explica.  

La iniciativa de reabrir el complejo para alojar a refugiados fue del alcalde local, Nabil-Iosif Morad, un sirio que llegó hace 25 años a Grecia. Originario de la ciudad de Homs, es el primer griego nacionalizado de origen sirio en alcanzar un cargo de representación política en el país. Tras ser aprobado por unanimidad por el Ayuntamiento local, el Ministerio de Defensa griego se hizo cargo de la rehabilitación del complejo, donde fueron realojados los refugiados en marzo de 2016.

«Me alegra verlos viviendo así tras haber huido de las bombas y la guerra», declara Nabil-Iosif y añade: «Pero para dejar de ver esas imágenes que vimos en Idomeni y en otros lugares de Europa, primero tenemos que acabar con la guerra en Siria».

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