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Vacuna de la varicela para el control y la prevención de la enfermedad

Un niño refugiado es revisado por un médico

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Si bien se suele considerar una enfermedad leve, en algunos casos puede tener cuadros graves. En bebés menores de 12 meses, adolescentes y adultos, personas con sus sistemas inmunitarios débiles o mujeres embarazadas, la varicela está considerada una enfermedad de alto riesgo. Por eso que la vacuna de la varicela es la mejor manera de prevenir el contagio de este virus y de controlar su expansión, sobre todo en regiones en las que reside población con escasos recursos.

Desde un inicial sarpullido con picazón, la varicela también puede generar, en casos leves, fiebre, falta de apetito, dolor de cabeza y cansancio. Y, en casos más graves, neumonía, infecciones en la piel, inflamación en vasos sanguíneos, complicaciones en huesos y articulaciones y encefalitis o meningitis.

Por eso que la vacunación es fundamental y en dos dosis aplicadas entre los primeros 12 meses de vida hasta los 12 años de edad. Generalmente, la vacuna de la varicela se aplica entre los 12 y 15 meses de edad en una primera dosis. Y una segunda dosis de los 4 a los 6 años.

La prevención en los niños y niñas resulta imprescindible, sobre todo cuando hablamos de la población refugiada. Hay determinados contextos que favorecen  la proliferación del virus de la varicela, como por ejemplo aquellos asentamientos donde el acceso al agua es limitado, lo que expone de manera peligrosa a las niñas y niños refugiados al contagio, aumentando su vulnerabilidad.

La aplicación de la vacuna de la varicela (entre muchas otras) tanto a niños como adultos refugiados figura entre las principales prioridades de ACNUR. Y en España, esta vacuna integra la lista de las obligatorias para toda la población.

Una vacuna con historia

La cepa Oka/Merck fue la que permitió fabricar la vacuna contra el virus de la varicela zóster. Y fue obtenida directamente de un niño afectado con varicela natural y empezó a probarse en cultivos de células de pulmón embrionario humano, después en células embrionarias de conejillo de indias y, por último, en células diploides humanas.

Uno de los primeros países en probar la vacuna de la varicela a gran escala fue Japón. En 1995, Estados Unidos autorizó oficialmente este producto y su aplicación durante todos estos años en ese país ha conseguido disminuir los contagios de manera drástica: de los 4 millones que había por año antes de la aprobación de la vacuna se registraron 400.000 en 2005.

En España, la vacuna de la varicela ha repercutido en una mortalidad muy baja si se la compara con otras enfermedades como la tos ferina o el sarampión. De esta manera, las muertes por varicela son de 0,1 muertes por cada 100.000 casos, mientras que las del sarampión se ubicaban en 1,7. A nivel global, la varicela genera anualmente unas 4,2 millones de hospitalizaciones y 4.200 muertes.

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