Un alto el fuego provisional de dos semanas entre Estados Unidos, Israel e Irán entró en vigor a última hora del lunes 7 de abril, tras una mediación diplomática liderada por Pakistán. António Guterres, el Secretario General de Naciones Unidas acogió con satisfacción el acuerdo e instó a todas las partes a respetar estrictamente sus términos. No obstante, apenas horas después de su entrada en vigor, la tregua ya muestra signos de fragilidad.
Diversos medios de comunicación informaron de nuevos ataques en algunos países del Golfo, ocurridos tras bombardeos registrados en instalaciones petroleras en Irán. En este contexto de creciente tensión, Irán cerró en la noche del 8 de abril el estrecho de Ormuz, pese a haberlo reabierto de forma parcial durante la jornada, una medida con potenciales repercusiones directas sobre el suministro energético mundial.
Paralelamente en Líbano, en tan solo 10 minutos, Israel atacó 100 objetivos sin previo aviso, incluidos barrios donde las personas desplazadas habían encontrado refugio. Las autoridades libanesas cifran en al menos 254 las personas fallecidas y más de 1.165 las heridas como consecuencia de estos ataques, a los que se sumaron nuevos bombardeos durante la tarde del mismo día.

La situación humanitaria en Oriente Medio y el suroeste de Asia se ha deteriorado drásticamente en las últimas semanas. En Irán, las autoridades informan de hasta 3,2 millones de personas desplazadas internamente de forma temporal desde el inicio de la escalada militar. En Líbano, el desplazamiento ha superado el 1,5 millones de personas, con más de 138.500 personas refugiadas en 678 refugios colectivos designados por el gobierno, la mayoría de los cuales operan al límite de su capacidad o incluso por encima. Se prevé que estas cifras continúen aumentando tras los ataques más recientes.
Desde el inicio de la crisis, cerca de 206.500 ciudadanos sirios y 36.800 libaneses han cruzado hacia Siria, y más de 56.900 personas han manifestado su intención de regresar de forma permanente. Asimismo, 53.100 afganos han retornado a Afganistán desde Irán desde el pasado 28 de febrero, lo que añade presión adicional a un sistema humanitario ya gravemente tensionado.
Por último, los movimientos migratorios desde Irán hacia Turquía se mantienen por debajo de los niveles previos al conflicto y, en la mayoría de los casos, las estancias no superan la semana. Las salidas hacia Armenia, Azerbaiyán, Irak, Pakistán y Turkmenistán continúan siendo mínimas, según las autoridades regionales.
ACNUR está brindando apoyo a la población refugiada afectada, las personas desplazadas y las comunidades de acogida en toda la región, en un contexto de recursos limitados
En Irán, ACNUR ha prestado asistencia más de 52.100 refugiados afganos mediante líneas de ayuda, asesoramiento, registro, apoyo jurídico, asistencia monetaria y atención psicosocial. Solo entre el 1 de marzo y el 5 de abril, la línea de ayuda del ACNUR recibió 29.400 llamadas de refugiados afganos en Irán que reportaron sus necesidades más urgentes: asistencia financiera para cubrir necesidades básicas, alojamiento seguro y protección física contra ataques, y acceso a la atención médica.
En Líbano, la respuesta se centra en personas refugiadas y desplazadas sin alojamiento adecuado y en la reducción de riesgos derivados del hacinamiento. Más de 75.900 personas han mejorado sus condiciones de vida en 452 campamentos, mientras que la asistencia económica de emergencia apoya a 27.000 familias refugiadas vulnerables para cubrir necesidades básicas y evitar nuevos desplazamientos o retornos prematuros.
Se necesita urgentemente un cese definitivo de las hostilidades para proteger a la población civil y permitir un retorno voluntario, seguro y digno.