Ucrania cumple cuatro años de guerra enfrentándose a un invierno excepcionalmente duro marcado por una nueva ola de ataques rusos dirigidos contra infraestructuras energéticas críticas. La última ofensiva, que siguió a un breve alto el fuego anunciado por Estados Unidos el 29 de enero, afectó a múltiples regiones del país, incluyendo Kiev, Sumy, Járkov, Dnipropetrovsk, Odesa y Vínnytsia. Además de los daños materiales, los primeros informes confirmaron al menos dos víctimas mortales y doce heridos, entre ellos dos niños.
En la capital, los impactos provocaron incendios y cortes de calefacción que dejaron a 1.170 edificios residenciales sin suministro en pleno invierno, cuando las temperaturas han descendido hasta los -17 °C. Este frío extremo no solo agrava las dificultades diarias de la población, sino que pone en riesgo a millones de personas, especialmente a quienes viven en áreas cercanas a la línea del frente y dependen totalmente de la red energética para sobrevivir al invierno.
Desde que comenzó el año, estos no han sido los únicos ataques. La población ha sufrido varios más, como el del 9 de enero, cuando cientos de drones y misiles de distintos tipos tuvieron como principal objetivo a Kiev. Estos ataques causaron varios muertos y numerosos heridos, entre ellos personal de emergencia. Además, durante la última semana de enero, los ataques aéreos a gran escala provocaron más de 40 víctimas civiles.
A nivel nacional, se reportaron más de 80 víctimas civiles en los últimos días de enero. Tras los ataques rusos, el 80 % de Ucrania se enfrenta a cortes de electricidad de emergencia.
La situación humanitaria continúa siendo crítica. Se estima que casi 5,9 millones de ucranianos permanecen desplazados fuera del país y otros 3,7 millones siguen desplazados internamente. Para muchas de estas personas, el acceso a calefacción, refugio seguro y recursos básicos se ha convertido en un desafío constante.
Dado que los cortes de electricidad continúan en Ucrania como consecuencia de los ataques rusos contra infraestructuras energéticas críticas, ACNUR distribuye generadores y centrales eléctricas portátiles a comunidades, autoridades e instalaciones vitales para garantizar que las funciones esenciales puedan continuar durante los apagones.
En concreto, ACNUR entregó un total de 8 generadores a las comunidades de Kamianske y Pavlohrad, en la región de Dnipropetrovsk, cuya infraestructura energética suele ser blanco de ataques rusos. Este apoyo permitirá a las empresas municipales responder con prontitud a las emergencias durante el invierno y mantener el suministro ininterrumpido de calefacción a hospitales, escuelas, maternidades y refugios antiaéreos.
Esto forma parte de la respuesta invernal de ACNUR, que sigue siendo una prioridad absoluta para ayudar a las personas desplazadas y afectadas por la guerra en Ucrania, incluidas las comunidades en primera línea, a superar los duros meses de invierno.

La respuesta invernal de ACNUR también incluye asistencia financiera puntual para que las familias más vulnerables puedan afrontar los elevados gastos energéticos durante los meses de frío, así como la distribución de calentadores, materiales de aislamiento y kits de invierno. Además, se están realizando reparaciones urgentes en viviendas y edificios colectivos afectados por los bombardeos, con el fin de garantizar que sigan siendo habitables.
ACNUR y sus socios también están apoyando a las comunidades afectadas con materiales de refugio de emergencia para cubrir las viviendas dañadas, asesoramiento en situaciones de crisis, apoyo psicosocial y de salud mental, asistencia legal y la distribución de artículos esenciales para el invierno (incluidas mantas), así como la solicitud de asistencia financiera para los hogares más afectados.
Hasta finales de noviembre de 2025, aproximadamente 176.000 personas ya habían recibido apoyo financiero para cubrir necesidades críticas durante la estación invernal. La organización calcula que necesitará 115 millones de dólares para llegar a cubrir las necesidades de los hogares más afectados.
En un escenario marcado por la inseguridad, los cortes de energía y el frío extremo, la resiliencia de la población ucraniana sigue siendo puesta a prueba. Sin embargo, el apoyo humanitario continúa llegando y desempeña un papel esencial para garantizar que millones de personas puedan mantenerse a salvo, calientes y con acceso a servicios básicos durante los meses más difíciles del año.