Emergencias

Filipinas: en busca de Salvación

Supervivientes del tifón Haiyán en Filipinas
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06/02/2014

En la mañana del 8 de noviembre, Elma de 41 años, decidió quedarse en su casa en la remota isla de Salvación junto a sus padres y su hija de 13 años, Rosarie. Su marido y sus otros tres hijos fueron evacuados a un centro comunitario cercano.

Cuando las olas que levantó el tifón chocaron con su casa, Elma llevaba a sus ya ancianos padres en brazos a través de las aguas embravecidas. Sus padres le rogaron que les dejara, que salvara a su hija antes de que otro golpe de mar se la llevara.

“No podía titubear en lo que parecía la apocalipsis. Tenía que velar por Rosarie que no sabe nadar” dice Elma, recordando el momento en el que tuvo que tuvo que volver nadando a por su hija, luchando con el agua y los escombros. Elma resultó herida. “No tenía tiempo para llorar, mi mayor preocupación era encontrar a mi marido y a mis tres hijos”.

Los encontró refugiados en una iglesia cercana. Todos estaban a salvo, excepto sus padres, que tras dos meses aun permanecían desaparecidos.

Los sobrevivientes de Salvación volvieron para encontrarse en un escenario de destrucción total, sin agua ni comida. La ayuda humanitaria tardó en llegar debido a la remota ubicación de las islas y porque la mayoría de los caminos estaban bloqueados por escombros.

Con la ayuda de las autoridades locales como Antonio Dizón, alcalde de la isla, ACNUR distribuyó 300 tiendas de campaña, 300 mantas y 100 lonas plásticas entre 300 familias que se habían quedado sin hogar. Pero el trabajo aún no ha acabado.

“Ahora que las tiendas están montadas estamos repartiendo 380 lamparas solares. Areas remotas como esta necesitan luz hasta que se pueda reparar el cableado eléctrico” dice Arjun Jain que lidera el equipo de expertos de ACNUR en Tacloban.

A día de hoy, ACNUR ha proporcionado ayuda humanitaria a 432.000 personas en las zonas afectadas por el tifón. En Salvación, los sobrevivientes han comenzado a reconstruir sus hogares, algunos han vuelto a pescar, lo que significa que la normalidad vuelve a sus vidas.

Además de dar respuesta a las necesidades más inmediatas de la población afectada, ACNUR también ha colaborado con el gobierno para proporcionar documentación gratuita a las víctimas. Para Elma y su familia que cuentan con muy pocos recursos, esto significa que no tendrán que pagar las tasas que habitualmente conlleva el obtener documentos.

Elma se considera una afortunada, porque tanto su marido como todos sus hijos han sobrevivido. “Hemos aceptado que mis padres ya no están, pero mis hijos y mi marido me dan fuerza – son mi razón para vivir. Es duro, pero la vida continúa”.

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