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Niñas y refugiadas: una carrera con el doble de obstáculos

Niñas refugiadas
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29 Mayo 2018

La desigualdad de género sumada a tener que huir de su país las sitúa en una posición especialmente vulnerable. Las niñas refugiadas tienen la mitad de probabilidades de cursar secundaria, lo cual impacta negativamente en su salud, sus ingresos y su posibilidad de prosperar.

Un sistema que se perpetúa: cuantas menos niñas consigan educación, menos maestras habrá para luchar contra una brecha de género que aumenta a medida que se hacen mayores.

8 datos estremecedores sobre niñas refugiadas

  1. El porcentaje de niñas que caen en redes de trata, la mayoría de explotación sexual, se duplicó entre 2004 y 2014.
  2. Un año más en la escuela supone un aumento del 20% en las ganancias de una mujer.
  3. Las niñas refugiadas tienen la mitad de probabilidades que los niños de cursar secundaria.
  4. Un dato doblemente alarmante en el contexto de los refugiados, de quienes sólo el 23% están matriculados en secundaria frente al 84% de media mundial.
  5. Si todas las niñas refugiadas pudieran recibir educación, se reduciría la mortalidad infantil por diarrea, malaria y neumonía.
  6. Si todas las niñas terminaran la escuela primaria, el matrimonio infantil se reduciría en un 14% y las muertes por diarrea, tercera causa más frecuente de mortalidad infantil, se reducirían un 8%.
  7. Si todas finalizaran secundaria, el matrimonio infantil descendería un 64% y las muertes por diarrea un 30%.
  8. Las madres con educación tienen más posibilidades de enviar a sus hijos e hijas a la escuela, y más posibilidades de darles apoyo para que alcancen la educación secundaria y terciaria.
Niñas ucranianas desplazadas

¿Por qué las niñas refugiadas no van al colegio?

  • El coste de la matrícula, uniforme, libros y otros materiales escolares, así como del transporte son los mayores obstáculos.
  • Además, las niñas refugiadas tienen desventajas añadidas por el llamado coste de oportunidad. Tareas como ir a por agua o leña, cuidar de sus hermanos y de la casa suelen recaer sobre ellas, mientras casar a una hija librará a su familia de un “gasto”.
  • Según se hacen mayores, la brecha va en aumento. La educación secundaria es más costosa y, si una familia tiene que elegir, suele optar por mandar a los niños ante la sensación de que tienen más potencial de ingresos futuros.
  • Allí donde el matrimonio infantil y el embarazo adolescente son normales, se convierten en un factor sociocultural en contra.
  • Muchas escuelas carecen de agua limpia y aseos privados, lo que provoca que las adolescentes en África subsahariana pierdan cuatro días de clase cada cuatro semanas a causa de la menstruación.

Dos luchadoras por la educación de niñas refugiadas

Maestras comprometidas y luchadoras como Aqeela Asifi, ganadora del premio Nansen, transforma con sus clases las vidas de cientos de niñas refugiadas afganas.

Tras años de dedicación, ha podido ampliar su escuela en Kot Chandna, Pakistán. “Mis alumnas me piden siempre lo mismo: poder seguir estudiando más allá del octavo curso. Ahora podemos hacer ese sueño realidad”, dice ilusionada.

Otras como la poeta y activista Emitithat Mahmoud, aseguran que la educación cambió sus vidas y por esta vida buscarán cambiar las de miles de niñas refugiadas:

“A los refugiados se les dice constantemente que deben guardar silencio. Sí, cuesta ser oído con el rugido de los aviones de guerra o el ruido de una explosión más. Pero también cuesta ser oído con ese estribillo incesante según el cual los refugiados tienen menos derecho a existir (o ninguno) y las niñas refugiadas valen menos que nadie.

Tengo voz. Como antigua refugiada, poeta, graduada por la Universidad de Yale y ahora defensora de esta causa, se me ha concedido una plataforma para enfrentarme al silencio. La educación cambió toda mi vida y por eso es mi deber usar mi educación para ayudar a otros a llegar hasta el lugar en el que hoy me encuentro. Muchas personas que han pasado por lo que yo pasé y por cosas peores no tienen este privilegio.

Cuando se les dice a las niñas refugiadas que ellas no necesitan o no quieren una educación, quien lo dice son personas que no quieren que manifiesten su opinión, no quieren que enriquezcan sus vidas y crezcan como seres humanos fuertes y prósperos.

De nosotros depende usar nuestras voces, si tenemos una, y yo lo voy a hacer para pedir que todas las niñas refugiadas tengan acceso a las aulas y tengan una voz propia, vivan donde vivan. Es su derecho como seres humanos.”

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