Historias de vida

Historias reales con final feliz

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29/03/2017

El famoso dicho de que la realidad supera la ficción no está necesariamente ligado a la tragedia. Estas tres historias reales con final feliz protagonizadas por refugiados son un buen ejemplo de ello.

Historias reales: Omar, el niño que dejó de crecer

Este pequeño de 10 años, dejó de crecer cuando tenía tan sólo 5. Antes de la guerra en Siria, sus padres le llevaban al hospital a recibir tratamiento, pero la asistencia médica tras el conflicto dejó de llegar. La falta de la hormona del crecimiento que necesita hizo que Omar dejase de crecer y, a sus 8 años, tuviera la apariencia de un niño de 5.

Afortunadamente, ni él ni sus padres perdieron la esperanza y ACNUR hizo todo lo posible para que consiguieran ser reasentados en Europa. Gracias a esto, Omar y su familia viajaron a Finlandia donde estudian su caso para que el pequeño pueda volver a crecer con normalidad convirtiéndose en una de estas muchas historias con final feliz.

Historias reales: Magdas, una noche en un hotel único

Lo que para muchos refugiados se ha convertido en una oportunidad de comenzar una nueva vida, para los viajeros es una experiencia moderna y multicultural en Viena. Para nosotros, es una de esas historias reales que dejan una sonrisa en el rostro.

Refugiados trabajan en el Hotel Magdas

“Mantén la mente abierta, encuentra algo único”, es el eslogan de este hotel que, desde 2015, da trabajo a 20 refugiados de 16 países. Aunque tienen claro que debe ser auto financiable, no pierde de vista su objetivo de ayudar a quienes lo necesitan. 88 habitaciones y un trato diferente han conseguido hacerse un nombre.

La mayoría de sus empleados son antiguos refugiados que han conseguido asilo en Austria. Monsarowa, quien huyó de la guerra en Chechenia en 2004, ha estado aquí desde el principio. “Trabajo cinco días a la semana. Tengo un apartamento. Uno de mis hijos está trabajando y el otro va a la escuela. La vida está funcionando para mí”, asegura.

Cada habitación tiene un toque diferente: con un presupuesto limitado, reutilizaron muebles antiguos para crear una atmósfera artística. El desayuno incluye frutas exóticas, huevos revueltos, couscous, pan árabe y humus.

“Cuando empezaron, nos llamaron para ayudar y cargué camas y roperos. Fue muy emocionante. Tal vez un día tendré la oportunidad de ser chef o administrador”, dice Prince, quien llegó a Europa por el Mediterráneo.

Refugiado sirio estudia en la Universidad

Historias reales: Jankidar, refugiado y universitario

Desde secundaria, Jankidar tuvo claro que quería estudiar ciencias políticas. Aun así, llegar a la universidad no ha sido un camino sencillo para el refugiado sirio de 31 años.

Al poco de matricularse en la Universidad de Alepo, tuvo que dejar sus estudios para mantener a su familia. Cuando comenzó la guerra en Siria, Jankidar huyó a Líbano donde intentó matricularse. Compaginaba cuatro trabajos para poder pagar los estudios: mantenimiento de ascensores, conserje, pintor y extra en películas y shows de televisión. Cuando se enteró de las becas DAFI de ACNUR, aplicó y consiguió una para el Máster en Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Líbano.

Sólo un 1% de los refugiados tiene acceso a educación superior, por ello Jankidar está muy orgulloso de haberlo conseguido. Más de 2.240 refugiados ya han logrado estudiar en universidades y colegios gracias ACNUR. Ayuda a que otros muchos puedan tener una historia con final feliz.

Con cada euro, podemos enviar tres comidas a un campo de refugiados.
 
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