Irak: El dolor de una familia separada en la huida Irak: El dolor de una familia separada en la huida

Irak: El dolor de una familia separada en la huida

15 de mayo, 2015

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“Nunca había visto combates como estos”, dice Nithal, de 24 años. Ella, al igual que muchos civiles de la provincia de Anbar, estaba acostumbrada al sonido de las armas y los combates. Pero nunca los había sentido tan cerca como el pasado mes de abril, cuando los enfrentamientos llegaron a su propia calle y tres personas fueron abatidas por disparos delante de ella. “Mis hijos lo vieron también. Todos estaban llorando pero intenté taparles los ojos con mis manos”, contó Nithal a ACNUR.

Nithal e Imad residían en Ramadi, una ciudad que ahora vive atemorizada por la amenaza del Estado Islámico, que ha ido avanzando poco a poco posiciones en la provincia de Anbar hasta llegar aquí, a la capital.

El matrimonio huyó al día siguiente pero sólo pudo llevarse a tres de sus cuatro hijos. La noche anterior los combates dejaron cortada la única carretera que unía Ramadi con la ciudad donde estaba su hija Zaynib, de ocho años, que se encontraba visitando a sus abuelos allí en ese momento.

Una nueva vida en el campo de Arbat

Hace unas semanas Imad y su familia llegaron al asentamiento para desplazados internos de Arbat. Las instalaciones, diseñadas inicialmente para lo que iba a ser un centro de tránsito para unas 700 familias iraquíes, ahora acogen a unas 3.000 familias (o 18.000 personas). Hay escasez de agua, la electricidad es intermitente y los sistemas de saneamiento no son adecuados. El asentamiento tiene menos de 500 letrinas y 600 duchas.

 “Fue una decisión muy difícil dejar nuestra casa”, dice Imad.“Fue difícil decidir venir aquí porque sabía cómo sería”. A su llegada, Imad y su familia recibieron mantas, esteras y un calefactor eléctrico. Otra familia les prestó un refugio improvisado hecho con ramas y mantas de franela gruesa. 

Una familia incompleta

Imad y Nithal dicen que están pensando constantemente en Zaynib, que sigue en Anbar. “Ahora no tiene forma de abandonar ese lugar”, dice Imad, refiriéndose a la ciudad donde su hija está viviendo y cuyos accesos están cortados a causa de los combates.

Los padres aseguran que están deseando reunirse con Zaynib. Su padre la llama cada día, pero la niña sólo solloza, no es capaz de hablar. “En cuanto oye mi voz se echa a llorar”, dice Imad, que sabe lo peligroso que es tratar de ir a por ella.

Los tres hermanos pequeños de Zaynib también la echan de menos, al igual que a sus abuelos. Imad trata de calmarles diciéndoles frases como “no te preocupes, tu hermana estará pronto aquí, quizás vayamos a casa mañana”. Pero él mismo admite después, a solas, que sólo les dice estas cosas “para que se sientan mejor”.

Miles de desplazados en Irak

Imad y Nithal saben que su familia puede tardar en reencontrarse. Como ellos, miles de personas han tenido que huir de sus casas por la violencia. El gobierno iraquí afirma que en la provincia de Anbar se han desplazado del distrito de Ramadi en el último mes unas 114.000 personas. Se han dispersado por 15 de las 18 provincias de Irak y muchas han encontrado refugio en las afueras de Bagdad. 

ACNUR está ofreciendo asistencia a muchas familias en los campos para desplazados que hay en la zona de Sulemaniya, a donde están llegando muchos anbaríes. “Nos estamos coordinando con las autoridades para ofrecer más espacio para las familias recién llegadas que desean venir al campo” asegura Anne Dolan, jefa de la oficina de ACNUR en Sulemaniya. 

ACNUR está listo para ayudar a coordinar la asistencia si aumentan las necesidades, algo que podría suceder si todas estas familias no regresan pronto a casa.

Si estas familias no regresan pronto a casa, van a seguir necesitando ayuda para salir adelante.

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