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La Universidad Carlos III de Madrid organiza la carrera solidaria “Intercampus”, donde un total de 3.200 corredores podrán participar dedicando su esfuerzo y solidaridad, este año, a favor de...
La Fundación Alimerka, en el marco de la alianza estratégica de tres años recién firmada con el Comité español de ACNUR, ha decidido en 2017 dar...
Volver a Empezar es el primer podcast del Comité Español de ACNUR, conducido y presentado por Molo Cebrián, creador de Entiende Tu Mente o Saliendo Del Círculo.
En esta nueva temporada de Volver a Empezar hablamos con mujeres que se han visto desplazadas por la fuerza, pero que no se dejan definir por estas circunstancias. Son mujeres incansables, que día a día superan la adversidad y la desigualdad y que además luchan por aquello en lo que creen: una vida digna para todas, para poder vivir en paz. Casi 60 millones de mujeres y niñas están desplazadas en todo el mundo, a ellas les dedicamos la novena temporada del Podcast del Comité español de ACNUR.
En la Temporada 8 de "Volver a empezar", el podcast del Comité español de ACNUR, nos preguntamos: ¿Puede el deporte convertirse en refugio? Para responder a esta pregunta hemos hablado con varias personas refugiadas que han tenido que huir de sus hogares, dejar su país y comenzar de cero en España. Personas a las que el deporte les ha salvado la vida. ¿Y cómo es posible esto? En muchas ocasiones lo es gracias a organizaciones, fundaciones y asociaciones que apuestan por el deporte como herramienta integradora de las personas refugiadas. Y es que el deporte integra, empodera, une, ayuda y puede convertirse en hogar, especialmente cuando el tuyo ha quedado muy lejos.
¿Te imaginas tener que abandonar tu país y empezar de cero para poder salvar tu vida? El protagonista de esta temporada tuvo que hacerlo: le llamaremos Juan. Por motivos de protección, prefiere no decir su nombre, ni de dónde viene, pero sí puede contarnos cómo ha logrado comenzar una nueva vida en un pequeño pueblo de la llamada España rural, ayudando a combatir el despoblamiento. Allí, donde muchos otros no quieren ir, Juan está construyendo un hogar seguro junto a su familia. Acompáñanos a conocer su historia en la séptima temporada del podcast del Comité español de ACNUR.
El cambio climático ha llegado para quedarse y marcar nuestro presente y nuestro futuro. Pero, ¿qué es exactamente? ¿Qué consecuencias tiene y cómo podemos luchar ante su avance? ¿Cómo afecta a las personas más vulnerables del planeta? En la temporada 6 de "Volver a empezar" resolvemos estas preguntas sobre el cambio climático hablando con expertos en el tema. Te esperamos.
Como no podía ser de otra manera, dedicamos la Temporada 5 de Volver a empezar a Ucrania. Queremos conocer de cerca cómo se vive en un país en guerra, cómo es huir de este conflicto y comenzar de cero en un lugar nuevo. Pero también vamos a mostrar qué labor está realizando Acnur en esta situación y cómo podemos ayudar cada uno de nosotros. Te esperamos.
Esta es la historia de una persona que gracias al boxeo tuvo una segunda oportunidad. No solo ella, sino también toda su familia.
Ella es Sadaf. Mujer, boxeadora, refugiada, valiente y luchadora. Nació en Afganistán, uno de los peores países del mundo para nacer mujer. Si quieres conocer su historia, ¡dale al play! y si te emociona tanto como a nosotros, comparte este podcast.
La tercera temporada de Volver a Empezar tiene nombre propio: Sergio Chekaloff. Una persona que ha pasado 74 años buscando el reconocimiento de una nacionalidad.
Su historia es la de millones de personas en todo el mundo que carecen de derechos políticos, jurídicos y sociales por el hecho de no ser considerados ciudadanos. Son apátridas.
En esta segunda temporada de Volver a Empezar conoceremos a Sergio, Gleici y Cristian. Ellos se vieron obligadas a abandonar sus países y que al llegar a España se toparon con una situación excepcional por la pandemia de COVID-19. A pesar de sus dificultades personales, y aún a riesgo de contagiarse, volvieron a armarse de valor para ayudar a quienes más lo necesitaban.
Befriending es la primera temporada de Volver a Empezar. En ella conoceremos la historia de tres mujeres valientes. Dos de ellas lo dejaron todo atrás en sus países para volver a empezar. Una vez en España, forjaron una amistad que les ha ayudado a salir adelante en el día a día.
En la región del Sahel, lo más urgente en estos momentos es proporcionar agua, saneamiento y alimentos a la población refugiada. Sin embargo en estos momentos ACNUR no puede garantizar el suministro mínimo de agua y sistemas de saneamiento adecuados en varios de los asentamientos de refugiados debido a la falta de fondos. La situación es aún más preocupante si se toma en cuenta que queda muy poco tiempo para la llegada de las lluvias, lo que deja a ACNUR y a sus contrapartes con muy poco tiempo para entregar materiales de ayuda humanitaria, tales como tiendas de campaña, lonas plásticas y alimentos, antes de que los asentamientos se vuelvan inaccesibles. La situación de más de 300.000 personas refugiadas y desplazadas es muy precaria. Muchas llegan a los países vecinos en muy malas condiciones, sufriendo malnutrición aguda. Informes desde el terreno reflejan que algunas mujeres refugiadas han sido víctimas de violaciones y otras formas de violencia. Las comunidades que están acogiendo a los refugiados, están ubicadas en zonas muy remotas y carentes de recursos, con poblaciones locales afectadas por la sequía y también en necesidad de asistencia humanitaria, sobre todo en forma de agua y alimentos. A día de hoy, ACNUR solo ha recibido 20.4 millones de dólares para hacer frente a la emergencia en el Sahel; esto representa el 13% de los fondos que se necesitan para esta intervención, y que ascienden a 153.7 millones de dólares, fondos que son necesarios para proporcionar ayuda humanitaria de emergencia a 440.000 refugiados y desplazados malienses durante los próximos 6 meses: a) Mali: unas 200.000 personas desplazadas recibirán refugios, agua y alimentos. b) Níger: 60.000 refugiados malienses recibirán asistencia humanitaria. c) Mauritania: ACNUR estima que proporcionará ayuda a unas 80.000 personas. d) Burkina Faso: Unas 10.000 personas recibirán ayuda humanitaria. Una donación de 260 € (350 dólares) puede cubrir las necesidades básicas y urgentes de una persona refugiada maliense hasta final de año; 2.600€ las de 5 personas, una familia de refugiados, y 10.400€ las necesidades de 40 personas, 8 familias. Puedes ver las cifras más recientes de los desplazamientos y de la emergencia en el Sahel y las actividades humanitarias en la zona visitando el portal: http://data.unhcr.org
Una joven extrae barras de pan de un horno mientras su hijo juega en el suelo. Rose*, de 17 años, tiene ahora un trabajo estable y una vida pacífica, pero tras todo ello se oculta el dolor y los abusos que sufrió durante casi dos años como prisionera del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por su sigla en inglés), un cruel grupo rebelde de Uganda. El padre de su hijo de 15 meses es un soldado del LRA cuyo comandante le entregó a Rose como regalo poco después de que fuera arrebatada de su hogar en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) hace tres años. Con 14 años, Rose y otra niña de su edad trabajaban en los campos cercanos a la pequeña ciudad de Bangadi cuando fueron secuestradas por miembros del LRA que operaban en la zona. Pasó un año y ocho meses con los rebeldes hasta que fue rescatada por las fuerzas armadas de Uganda a finales de 2010. En la actualidad, Rose está intentando recuperar su vida en la ciudad de Dungu, donde trabaja en una panadería, gestionada por el grupo religioso Dynamic Women for Peace, Mujeres Dinámicas por la Paz, que recibe apoyo de una organización socia de ACNUR. Sin embargo, las actividades del LRA continúan desplazando a los habitantes de la región; más de 4 mil personas han huido de su hogar para escapar de los ataques desde finales del año pasado y más de 300.000 se han visto forzadas al desarraigo desde 2008 en la provincia de Orientale, en el noroeste de RDC. Rose estuvo conversando con ACNUR y compartió con nosotros su historia: Había muchas otras chicas con nosotras en el campamento. Éramos las esposas de los rebeldes aunque también nos obligaban a trabajar como porteadoras. Los rebeldes se trasladaban cada día y teníamos que cargar con sus cosas. Llevábamos protección para las pantorrillas debido a la maleza, pero aún así seguía haciéndonos daño. Cada noche teníamos que practicar sexo con nuestros maridos. Si nos negábamos a trabajar o intentábamos protestar, nos pegaban. Mataron a una persona que intentó escapar. Un día, en 2010, los soldados se marcharon para atacar la villa de Tapili y capturar a gente. Fue entonces cuando los militares ugandeses llegaron y me rescataron a mí y a otras chicas. En ese momento todavía no sabía que estaba embarazada. Me llevaron de vuelta a Bangadi, donde viví con mi tío ya que mi padre había muerto cuando era niña y mi madre se había ido a Dungu. La chica que fue secuestrada conmigo nunca volvió. Me dijeron que el LRA se la llevó a Uganda. Después de que me liberaran, pensé en volver a vivir en el campamento con el LRA porque estaba traumatizada. Me asustaba de todo el mundo. A veces, volvía durante unas horas o un día y la gente me venía a buscar. Comencé a recibir ayuda para recuperarme del trauma y olvidar mi sufrimiento. Gente de la COOPI (ONG italiana de cooperación internacional) me visitaba regularmente y me daban ropa. Cuando descubrí que estaba embarazada, quise abortar porque pensé que daría a luz a una mala persona. Pero me dejé aconsejar (por la iglesia y por aquellos que estaban a su lado) y decidí no abortar. Un día llegó la Cruz Roja y me llevó a Dungu para reunirme con mi madre, pero ella me rechazó. No podía aceptar lo que me había pasado durante mi cautividad. Primero pasé un tiempo con una familia de acogida y ahora vivo con mi tío, pero él no cuida de mí. A veces pasan dos días seguidos y no tengo nada que llevarme a la boca. El embarazo fue muy complicado y no tenía ni fuerzas ni leche para dar de mamar al bebé. Al principio no me gustaba, pero luego me di cuenta de que era un bebé bueno y comencé a amarlo… Mi hijo se puso muy enfermo después de nacer y yo no podía hacer nada para que mejorase. Dependía de la generosidad de las enfermeras del hospital para poder cuidar de él. Un día, estaba vendiendo carbón en Dungu cuando se acercó una monja y se puso a hablar conmigo. Se llamaba Sor Angelique y me tomó bajo su protección y me llevó al centro de apoyo para la reinserción y desarrollo (gestionado por las Mujeres Dinámicas por la Paz). Aprendí a hacer pan y ahora hago pan tres o cuatro veces por semana y lo vendo por las calles de Dungu. Puedo llegar a ganar de 8.000 a 9.000 francos congoleños a la semana (unos 8 ó 9 dólares USA), pero es un trabajo duro. Tengo que caminar mucho por toda la ciudad. Cuando tengo problemas, voy a ver a la monja y ella me ayuda. Si no tengo harina, ella me ayuda a conseguir alguna. Mi sueño es ganar dinero suficiente para comprarme una máquina de coser. Me gustaría tener un trabajo más estable y un futuro mejor. He aprendido a coser en el centro y me gustaría aprovechar esa habilidad para conseguir ser independiente”. * Los nombres han sido cambiados por razones de seguridad. Por Céline Schmitt en Dungu, República Democrática del Congo
En la polvorienta ciudad de Dungu es habitual ver a la hermana Angelique en su bicicleta de camino a su encuentro con las mujeres, que realmente la ven como una bendición. Esto es así porque las ha estado ayudando a recuperarse del trauma del secuestro y los abusos por parte del temido LRA (Ejército de Resistencia del Señor), un brutal grupo rebelde ugandés que ha estado aterrorizando durante años a la gente/población en este rincón del noroeste de la República Democrática del Congo. “Desde 2008 he estado cuidando de las niñas que salían de los bosques tras haber permanecido secuestradas por el LRA” cuenta al ACNUR esta monja católica de 45 años mientras ayuda a tres jóvenes a hacer pan en el centro que dirige en Dungu para ayudar a las víctimas a reintegrarse y reconstruir sus vidas. Su organización, que cuenta con el apoyo de ACNUR, también trabaja para ayudarles a recuperar su fe en el futuro. La asociación, llamada Mujeres Dinámicas por la Paz, imparte clases de alfabetización básica en lingala, así como un gran número de programas de formación profesional y actividades para generar ingresos, destinados a ayudar a las mujeres víctimas del LRA. Estas actividades incluyen la costura, la cocina, la panadería, la fabricación de jabón y la agricultura. El Centro de Intervención Psicológica, socio local de ACNUR, ha aportado equipos y herramientas. Pero no todo el mundo puede llegar hasta Dungu y por eso es necesaria la bicicleta de la hermana Angelique. La usa para llegar hasta las mujeres que viven en los asentamientos para personas desplazadas internas que han surgido cerca de Dungu. Desde enero, más de 4.000 personas se han trasladado a estos asentamientos después de los ataques del LRA. Rose* vive en uno de ellos, llamado Bangapili, donde ha recibido clases de idiomas ofrecidas por la iglesia afiliada a la organización de la hermana Angelique. Rose, que tiene ahora 40 años, fue retenida brevemente por el LRA después de un ataque mortal en la ciudad de Duru, hace cinco años. “Mataron a tres personas en mi casa: a mi hijo mayor, que tenía 21 años, a mi hermana pequeña y a mi tío” afirma. “Entonces me llevaron con ellos a los bosques. Pero como estaba embarazada, el comandante dijo que no les era útil y me liberaron después de dos días”. No ha visto a su marido desde entonces. Después de ser liberada, Rose encontró al resto de sus hijos, que habían logrado sobrevivir escondiéndose en un campo, y huyó con ellos recorriendo 45 kilómetros hasta llegar a Dungu. Cuenta que el lingala no es su lengua materna, así que las clases han sido muy útiles para poder integrarse. “Siempre tuve problemas con las mujeres aquí en el mercado porque no me podía comunicar con ellas. Pero ahora me siento mucho mejor. Me gusta aprender a leer y escribir. Me gusta aprender otras cosas” añade Rose, que cultiva los terrenos de los lugareños para ganar dinero, pero que tiene previsto hacer un curso de formación profesional para mejorar sus perspectivas de empleo. La hermana Angelique dice que la formación que ofrece su organización ha beneficiado no sólo a víctimas del LRA, sino también a mujeres solteras o viudas con familias numerosas. Dice que una vez que las mujeres finalizan los cursos de formación, la asociación les proporciona un pequeño crédito para que puedan comprar materias primas y poner en marcha un pequeño negocio. Ellas pagan el préstamo una vez empiezan a obtener beneficios. “Tenemos que ayudarles a ganar lo bastante cada día como para que puedan alimentar tanto a sus hijos como a ellas mismas, en lugar de que tengan que conseguir dinero por cualquier lado o rogar a sus vecinos para que les den trabajos durísimos en los campos” destaca la hermana Angelique. La joven Madeleine*, de 22 años, no es una víctima del LRA pero trata de sacar adelante ella sola a sus dos hijos y al hijo de su hermana, quien murió hace un año. Ella se apuntó al curso de panadería impartido por Mujeres Dinámicas por la Paz en Dungu y ahora gana el equivalente a unos 20 dólares a la semana para mantener a su pequeña familia. “He comprado estos zapatos, pagnes [una prenda tradicional femenina] y ropa para mis hijos” dice mientras muestra orgullosa los coloridos pagnes. “Estoy contenta, pero si tuviera suficiente dinero me gustaría estudiar medicina y ser enfermera” añade la joven, cuya educación se vio interrumpida cuando abandonó la escuela a los 16 años tras quedarse embarazada. La hermana Angelique se siente orgullosa de las mujeres que vienen a su centro y feliz al ver que ha sido capaz “de ayudarles a ser autónomas”. Está feliz al saber que “el servicio de catering que ofrecemos con comidas hechas por las mujeres es famoso en la ciudad. Tenemos una gran demanda para cocinar para eventos y seminarios”. Angelique afirma que las mujeres experimentan un gran cambio durante el tiempo que pasan en su organización. “Algunas tenían miedo de salir a la calle, pero hoy, gracias a las actividades, se muestran más abiertas” dice, añadiendo con una sonrisa: “Hablan con vitalidad y sin miedo”. Pero se necesita mucha dedicación y esfuerzo, admite la hermana Angelique. “Carecemos de los medios para obtener todo lo que se necesita para ayudar a estas mujeres. A menudo, lleva mucho tiempo que las mujeres entiendan la formación” explica. “A veces, antes de ir a dormir, me pregunto por qué sigo y entonces pienso que alguien tiene que ayudar a estas mujeres y que yo tengo que hacer un sacrificio…Cuando me cuentan sus historias me obligo a no dejar que se me salten las lágrimas”. * Nombres cambiados por motivos de protección Por Céline Schmitt en Dungu, República Democrática del Congo