La invasión a gran escala de Ucrania que comenzó hace cuatro años no solo ha sembrado violencia, miedo y desplazamiento, sino que también ha detenido la vida cotidiana de millones de personas. Como en todo conflicto, son los niños quienes soportan las consecuencias más duras: su educación, su estabilidad emocional y su futuro han quedado suspendidos. Hoy, más de 4 millones de menores en Ucrania ven interrumpido su aprendizaje.
El sistema educativo ha sufrido un golpe devastador en Ucrania. En todo el país, 3.600 escuelas han sido atacadas y 400 han quedado totalmente destruidas, dejando a 600.000 niños sin acceso a la enseñanza presencial. A esto se suma un impacto silencioso pero profundo: el 44 % de los estudiantes presenta dificultades de salud mental y problemas de socialización.
La región de Járkov, una de las más castigadas por los bombardeos, concentra buena parte de esta devastación, ya que, la mitad de sus escuelas han sido dañadas o reducidas a escombros por los ataques rusos. Sin embargo, incluso bajo tierra, la educación se abre camino. Con el apoyo de ACNUR, unos 2.500 estudiantes han encontrado en las aulas subterráneas un inesperado oasis de normalidad, un lugar donde aprender sigue siendo posible pese a la guerra que les rodea.

Esta imagen pertenece a un gimnasio de Zaporiyia reconvertido en un refugio antibombas. ACNUR, en colaboración con su ONG socia Proliska, ha contribuido a acondicionar un refugio dentro de este gimnasio. Gracias a esta intervención, se han mejorado las condiciones de seguridad y bienestar para los escolares y otras personas que buscan resguardo de los constantes ataques aéreos, especialmente durante los meses de invierno.
En Ucrania, además de proporcionar artículos básicos como mantas, lámparas solares y kits de higiene, ACNUR apoya la habilitación de instalaciones esenciales, entre ellas refugios antibombas públicos. Estos espacios, establecidos por las autoridades como “puntos de invulnerabilidad”, ofrecen asistencia durante situaciones críticas, por ejemplo, durante cortes de electricidad, y también funcionan como centros de tránsito. Gracias a este apoyo, se garantiza que las personas desplazadas y las familias afectadas por la guerra puedan contar con condiciones más seguras, dignas y adaptadas a sus necesidades.

Él es Hlib, un niño ucraniano que ha pasado más de tres años sin poder asistir a clases presenciales. En esta imagen aparece ilusionado por volver a ver a sus compañeros en la escuela Lyceum Railway de Járkov, la segunda ciudad más grande de Ucrania, que ACNUR, junto con la Fundación Luterana Mundial (FLM), ha adaptado para que los escolares puedan estudiar en aulas subterráneas.
“Logré ir a la escuela menos de un año, y después ni siquiera pude ver a mis compañeros. Por eso estoy feliz ahora, porque podré ver a mis amigos. Y ahora podré levantar la mano al responderle a una maestra y que ella me vea”.
Hlib, estudiante ucraniano.
La escuela Lyceum Railway, construida en 1880, fue una de las primeras instituciones de formación profesional dedicadas a capacitar a trabajadores cualificados para el transporte ferroviario. En colaboración con la FLM, se llevaron a cabo obras para transformar un antiguo búnker nuclear en cuatro aulas totalmente equipadas. Esto permitió que los estudiantes, que durante mucho tiempo asistieron exclusivamente a clases online y de forma aislada, se reunieran con sus compañeros y pudieran retomar la enseñanza presencial en un entorno seguro.
ACNUR se ha asociado con la FLM para reconstruir y renovar un total de seis escuelas subterráneas en la región de Járkov, una de las zonas más afectadas por la guerra y las hostilidades. El objetivo es que los niños puedan volver a la educación presencial en un entorno seguro, protegido de los constantes ataques aéreos.
Anteriormente, ACNUR ya había apoyado a las autoridades municipales de Járkov en la creación de las conocidas “escuelas metro”, un conjunto de aulas subterráneas habilitadas dentro del propio sistema de metro de la ciudad.
Se espera que unos 300 niños asistan a clases en la escuela ferroviaria Lyceum Railway. En total, alrededor de 2.500 escolares se beneficiarán del proyecto conjunto ACNUR–FLM para la rehabilitación de las seis escuelas subterráneas en la región.