Mujeres deportistas y refugiadas: cuando el deporte se convierte en refugio, voz y futuro Mujeres deportistas y refugiadas: cuando el deporte se convierte en refugio, voz y futuro
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Mujeres deportistas y refugiadas: cuando el deporte se convierte en refugio, voz y futuro

8 de marzo, 2026

Tiempo de lectura: 4 minutos

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En el Día Internacional de la Mujer, es más necesario que nunca recordar que millones de mujeres en el mundo viven realidades marcadas por la huida, la violencia o la discriminación. Pero también es un día para visibilizar su fuerza, su resiliencia y el poder transformador que tienen cuando encuentran oportunidades. En ese camino, el deporte se puede convertir en una herramienta esencial: un espacio para reconstruirse, integrarse y brillar.

Las historias de Adi Iglesias, Cindy Ngamba y Zakia Khudadadi lo demuestran con una claridad inspiradora. Tres mujeres que, pese a la adversidad extrema, han encontrado en el deporte no solo un refugio, sino una manera de reclamar su identidad, alzar la voz y transformar su futuro.

Adi Iglesias

Adiaratou “Adi” Iglesias nació en Mali, donde el albinismo supone una causa de persecución. Siendo una niña, tuvo que huir para salvar su vida. En Galicia encontró protección y también un hogar junto a Lina, su madre adoptiva, quien la impulsó a descubrir su talento y dedicarse al atletismo.

Hoy es medallista paralímpica, ganadora de un oro en los 100 metros y una plata en los 400 metros, y ha competido en el Mundial de Dubái, el Europeo de Polonia 2021 y los Juegos Paralímpicos de Tokio y París. Pero más allá de los logros, Adi es una mujer cercana, valiente e inspiradora, que ha encontrado en el deporte un camino para avanzar, soñar y rodearse de personas que hoy forman parte imprescindible de su vida. El atletismo no es solo una disciplina para ella: es una herramienta de libertad, un refugio que le ha dado fuerza para seguir adelante y demostrar que ninguna frontera puede frenar un sueño.

Cindy Ngamba

La historia de Cindy Ngamba está marcada por una huida temprana: dejó Camerún a los 11 años y llegó a Reino Unido como refugiada. Sin hablar inglés y sufriendo acoso escolar, encontró en la educación física y luego en el boxeo un espacio donde sentirse acompañada. Empezó entrenando con chicos ante la ausencia de otras niñas, y con el tiempo se convirtió en una deportista excepcional, llegando a ser tres veces campeona nacional inglesa.

Su salto a la historia mundial llegó en los Juegos Olímpicos de París 2024, donde se convirtió en la primera atleta refugiada en ganar una medalla olímpica. Compitiendo en la categoría de hasta 75 kilos, ganó sus primeros combates y se aseguró un lugar en el podio, logrando finalmente el bronce. Además, su victoria tuvo un significado íntimo y emocional al celebrarse en París, donde viven su madre, su tía y varios de sus hermanos.

Cindy no solo ha desafiado barreras deportivas; también ha enfrentado riesgos vitales por su orientación sexual, ilegal y castigada en Camerún. Su historia demuestra que el deporte puede convertirse en un salvavidas, en un espacio donde sanar, crecer y transformar lo que un día fue dolor en pura fuerza.

Cindy Ngamba en los Juegos Olímpicos de París 2024. Foto: © CPI/John Huet.

Zakia Khudadadi

Zakia Khudadadi tuvo que abandonar su país natal, Afganistán, en 2021 tras el regreso de los talibanes. Instalada en París, continuó entrenando taekwondo, su pasión desde pequeña, y en 2023 ganó el Campeonato Para europeo en la categoría de 47 kg.

En los Juegos Paralímpicos de París 2024 hizo historia al obtener el bronce en para taekwondo, convirtiéndose en la primera integrante del Equipo Paralímpico de Atletas Refugiados en lograr una medalla.

Zakia es hoy un símbolo de resistencia y una voz para miles de mujeres afganas que viven bajo severas restricciones. Su trayectoria demuestra que, incluso cuando el mundo se derrumba, el deporte puede sostener, empoderar y devolver la esperanza.

Zakia Khudadadi en los Juegos Paralímpicos de París 2024. Foto: © CPI/Alenxandre Battibugli.

El deporte como motor de inclusión y libertad

Las experiencias de Adi, Cindy y Zakia demuestran que el deporte tiene un poder transformador único. Les ha permitido reconstruir sus vidas en un nuevo país, crear redes de apoyo, superar traumas profundos, reclamar su identidad y convertirse en referentes internacionales. El deporte ha sido para ellas un motor de inclusión, un espacio donde sentirse parte de una comunidad, un refugio donde encontrar seguridad y una plataforma desde la que reivindicar sus derechos y mostrar al mundo su capacidad, talento y determinación.

En el Día Internacional de la Mujer, sus historias nos recuerdan que la lucha por la igualdad también pasa por garantizar que las mujeres refugiadas tengan oportunidades reales para desarrollarse y brillar. Que el deporte, más que una competición, puede ser un hogar. Y que detrás de cada una de estas deportistas hay una batalla silenciosa, una historia de supervivencia y una voluntad inquebrantable de escribir un futuro distinto.

Adi, Cindy y Zakia nos enseñan que, incluso cuando el mundo te obliga a huir, el deporte puede devolverte un camino, una voz y un lugar desde el cual volver a empezar.

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