El plástico tiene unas propiedades muy versátiles a la hora de ser tratado que lo convierten en uno de los materiales destinados a hacernos la vida más fácil. Si miras a tu alrededor, es muy posible que estés rodeado de objetos hechos de plástico. Una botella de agua, la bolsa que te han dado en el supermercado o un paquete de galletas son solo algunos ejemplos.
Sin embargo, el plástico también es uno de los materiales más nocivos para el medio ambiente. Se estima que alrededor de ocho millones de toneladas de plástico acaban en el océano cada año, perjudicando a todos los organismos que viven en él. Las consecuencias de no reciclar son cada vez más notables. ¿Qué podemos hacer nosotros para reciclar plástico y reducir su consumo?
En el mundo se consumen alrededor de 1 millón de botellas de plástico cada minuto, según cifras del movimiento global Break Free From Plastic. No todas ellas son totalmente reciclables. Como opción alternativa puedes comprar agua en botellas retornables o utilizar filtros para beber agua del grifo.
El uso de las pajitas de plástico es algo prescindible en la mayoría de los casos, pero lo cierto es que España es el país europeo que más consume. Usamos 13 millones de pajitas cada día, según Greenpeace: las utilizamos unos minutos pero tardan hasta 500 años en degradarse, causando daños muy graves en los ecosistemas.
Una bolsa de plástico tiene un uso medio de 12 minutos, explica Greenpeace. Sin embargo, tarda más de cinco décadas en degradarse. Una alternativa ecológica y sostenible es utilizar bolsas de tela, mochilas, carritos o capazos. Estas opciones duran entre 3 y 20 años y no perjudican al medio ambiente.
Siempre que sea posible, intenta comprar productos con empaquetado de cartón o vidrio para evitar el exceso de envoltorio. Como opción para ser responsable con el medio ambiente puedes comprar productos a granel: te permite elegir la cantidad que necesitas y es más barato.
Son una buena alternativa a los cubiertos, vasos y platos de plástico desechable. Si no tienes otra opción que comprar este tipo de productos por motivos prácticos, intenta que no sean de un solo uso. El 50% del plástico del mercado es de usar y tirar.
Solo en Reino Unido se utilizan al año más 500 millones de vasos de café de un solo. De ellos, solo 1 de cada 400 es reciclado. Llevar tu propio vaso cuando vayas a por café no solo beneficia al medio ambiente, sino que puede hacer que ahorres dinero: algunos establecimientos ofrecen un descuento si llevas tu propia taza.
Al contrario que las pinzas de plástico, las pinzas de madera provienen de un recurso renovable y realizan la misma función, sin contaminar.
En su lugar puedes utilizar papel de aluminio, que sí se puede reciclar. Más ecológico incluso es el uso de bolsas para envolver la comida, que están hechas de algodón y son respetuosas con el medio ambiente.
Pueden parecer inofensivas, pero las cápsulas monodosis de café llevan un empaquetado que es difícil de procesar en las plantas recicladoras. La opción alternativa es utilizar la cafetera tradicional.
Aunque son de más de un uso, la opción más ecológica para transportar tu comida es utilizar tuppers de cristal o de acero inoxidable.
Tateh Lehbib es un refugiado saharaui que sabe mucho sobre reciclar plástico. Estudió Energías Renovables gracias a una beca de ACNUR y, al terminar sus estudios, decidió regresar a los campos de refugiados saharauis con una idea en mente.
Inspirado por su deseo de ayudar al pueblo saharaui y sus estudios, Tateh desarrolló un proyecto que hizo que se ganara el apodo de “loco del desierto”: construyó un refugio hecho de botellas de plástico rellenas de arena que fuera resistente a las tormentas del desierto y al calor.